Algunas consideraciones viejas y nuevas sobre anarquistas, revolucionarios y otros.

Decididamente no soy no-violento. Puedo comprender a alguien que odie la violencia hasta el punto de querer hacerla desaparecer de su vida; alguien que nunca mataría, que nunca usaría la fuerza para ser escuchado; que, por su personalidad y tendencia, prefiere no recurrir a ella. Pero, puedo entender todo esto, si se trata de una elección personal. Cuando la no-violencia se presenta como un método de lucha, un camino a seguir, cuando la ética individual se transforma en moral y en proyecto colectivo, me parece absurda, entonces solo sirve para justificar la inactividad y se convierte en un obstáculo para quienes se rebelan, un valor absoluto para imponer a los débiles que permitirá a los fuertes olvidarse de ellos desde su comodidad. Al borde del abismo, con la tierra cada vez más bajo el fuego enemigo, la invitación a usar solo métodos educados puede solo mostrar esto. Haz lo que quieras pero no me sermonees.

Todo esto teniendo en cuenta que tampoco soy un fanático de la violencia. No me gustan quienes alardean de sus hazañas en ése contexto, no justifico su apología como fin en sí misma, desprecio a quienes la consideran la única solución posible. La considero una necesidad en la lucha contra el poder, nada más.

Como Malatesta, tampoco creo en “ocasos plácidos”. No creo que el cemento armado con que el poder ha cubierto nuestra existencia se deshaga ante el florecimiento de la planta de la libertad cariñosamente germinada gracias a la difusión de nuestras ideas. Precisamente porque no soy no-violento me niego a soportar la condena moral de actos de violencia. La hipocresía me pone enfermo. Pero precisamente porque no soy un fanático de la violencia, tampoco puedo soportar la exaltación acrítica de estos actos. La estupidez de esta actitud me saca de mis casillas.

Recientemente ha habido un resurgimiento de ataques llevados a cabo por compañeros desconocidos, primero contra la comisaría de Génova, luego contra el sistema carcelario español. Teniendo en cuenta la reacción histérica de los medios de comunicación, la respuesta de la policía era previsible. Pero ¿Cuál es la reacción de los compañeros? Aparte de los idiotas habituales acostumbrados a señalar, la reacción más común es el silencio. Un silencio necesario, para evitar hacer distinciones entre quienes están a favor y quienes están en contra de dichas acciones, lo cual sería útil para las investigaciones policiales. Pero durante demasiado tiempo este silencio no se ha limitado a reinar en los días posteriores a los ataques, se impone mucho mas allá. Ya no es silencio ante un enemigo que querría saber, también es silencio ante compañeros que querrían estar de acuerdo. Se ha pasado de la presencia de una forma de solidaridad mínima a la ausencia de toda discusión crítica. Pero ¿Por qué debería una acción, la que sea, no ser sometida a reflexión crítica? ¿Por qué un debate hipotético sobre estas cuestiones debería verse como un obstáculo, algo dirigido a impedir otras acciones? ¿Por qué no sería mas bien un apoyo, una manera de clarificar el sentido de lo que se hace, para fortalecer y mejorar la acción?

Para mí, tomando como punto de partida los acontecimientos recientes he decidido escribir y hacer circular este texto. Su forma anónima no es por temor a asumir la responsabilidad de mis palabras, es solo una forma de no diferenciarme de los otros compañeros a los ojos de la represión.

Reivindicación Sí, Reivindicación No

Hasta donde yo sé, al no ser un experto en el tema podría equivocarme, para encontrar el primer documento reivindicando un ataque por una organización revolucionaria debemos retroceder hasta 1878 en Rusia. Fue el panfleto “Smet ‘za smert” (Muerte por muerte) hecho circular por el grupo Narodnaja Volja (Voluntad del Pueblo) después del asesinato del general Mezenkov jefe de la policía secreta rusa. Trece días después del asesinato el texto reivindicativo llegó a un diario de Petersburgo y los días siguientes fue reproducido en otras ciudades y enviado a funcionarios públicos. En aquel momento la acción causó un gran impacto y, por supuesto, no faltaron críticas de aquellos que pensaban que dichos medios no podían sustituir a la propagación de ideas y la rebelión de las masas, que eran más importantes.

Desde entonces esta escena se ha repetido cientos de veces. Los detalles, obviamente, cambian con el tiempo pero la esencia permanece. Se podría afirmar que la experiencia de los revolucionarios rusos se convirtió en una especie de arquetipo, un modelo original cuyas futuras manifestaciones no son mas que reproducciones o imitaciones. La única variación en este esquema ha sido la de los anarquistas que nunca han visto necesario reivindicar políticamente sus acciones de ataque contra el poder. El grupo ruso “Voluntad del Pueblo”, de hecho, aunque incluía “militantes” de ideas muy diversas, se situaba en cualquier caso como una vanguardia centralizada. En esta organización, como recordó una militante en sus memorias, se desarrolló un debate sobre si el programa a seguir debía ser el de “obligar al gobierno a permitir al pueblo expresar sus deseos de reconstruir la vida política y económica sin obstáculos… o si la organización debía primero tomar el poder en sus manos, para luego decretar una constitución desde arriba que fuera beneficiosa para el pueblo”. Con tales principios uno puede comprender su necesidad de reivindicación, de comunicar las razones de sus actos a las masas sobre las que pretenden elevarse y a los enemigos de los que pretenden ser oposición. Después de todo, ése grupo quiso aclarar al pueblo que casi todos sus miembros venían de las clases más acomodadas, y quiso negociar con el poder constituido en su nombre, hasta el punto de mandar una carta al heredero del zar para aconsejarle que política debía seguir. Pero cuando uno no quiere representar a nadie, ni se coloca como oposición de nadie ¿por qué remitir comunicados? Si uno piensa que la acción de ataque contra el poder debe, en cualquier caso, tener como horizonte la revolución social, y no ser una parodia de la misma en forma de lucha armada contra el Estado ¿Cuál puede ser el objetivo de una organización armada concreta?

Me parece que los anarquistas del pasado no se distinguían por reivindicar sus acciones. Los narquistas que se sacrificaban llevando a cabo acciones individuales como Bresci y Caserio no lo hicieron por razones obvias. Tampoco lo hicieron aquellos que pretendían llevar adelante una actividad más continua como Ravachol o Henry, ni tampoco esos que se unían a ellos y a otros en la acción armada: Di Giovanni no lo hizo, ni tampoco Durruti o Ascaso. Y la razón parece obvia. Preferían que las razones para sus acciones viniesen de la base, que fuese el movimiento mismo quien las expresase, antes que aprovechar la ventaja del alboroto surgido para difundirlas desde arriba, como el mensaje oficial de quienes han desarrollado una revuelta hacia quienes no lo han hecho. El significado de una acción, si no aparece claro por el contexto social podría encontrarse en panfletos, periódicos, revistas y en el seno de los debates teóricos desarrollados por el movimiento en su conjunto, no en el comunicado de una sola organización. Daré un ejemplo: si el movimiento es capaz de expresar su crítica teórica de la prisión, cuando alguien pasa a una crítica práctica no hay necesidad de escribir un comunicado explicando las razones por las que se ha llevado a cabo. Las razones de la acción son claras y comprensibles. Cuando alguien quiere reivindicar su acción es solo porque quiere introducirse en el show. El ataque contra la comisaría de Génova, por ejemplo, fue tan significativo (por la elección del objetivo y el momento) como para hacer superfluas todas las palabras. ¿Por qué se difundió un comunicado que solo decía banalidades? Es verdad que la Angy Brigade constituye una especie de excepción, incluso siendo un asunto de anarquistas reivindicando acciones. No por causalidad, esta experiencia parece constituir un modelo para muchos compañeros que atacan al poder hoy. Pero, a no ser que uno quiera lanzarse a actitudes de imitación, el ejemplo no me parece repetible. Por un lado es imposible no tener en cuenta que la Angry Brigade debería insertarse en el contexto histórico en que maduró, los `70. Una época en la que muchos grupos estalinistas difundían terribles ladrillos ideológicos para publicitar su propio proyecto político y tenían tendencia apropiarse del ataque armado, no me parece raro que algunos anarquistas quisiesen marcar las distancias para no arriesgarse a trabajar involuntariamente para otros. Desde la elección del nombre a los objetivos, al estilo de los comunicados, todo tendía a diferenciarse de la confusión reinante. Pero una vez superada en conjunto la ideología estalinista, ¿por qué señalarse en el sentido anarquista? ¿Cuál es el sentido de seguir con esta auto-representación? Puede que en sitios como España [1], donde todas las acciones, incluidas las anónimas son atribuidas a E.T.A. , pero ciertamente no aquí en Italia. De hecho, durante años acciones de ataque no produjeron reivindicaciones, excepto alguna vez algo muy breve y simple, y que rechazaba el uso de siglas. Las razones son evidentes; una acción solo puede pertenecer a todos si nadie se la atribuye. Tan pronto como es reivindicada y se le da una identidad, se crea una especie de separación entre quienes la llevaron a cabo y los demás. Mas aún, no debería ser necesario recordar el riesgo inherente a toda reivindicación. Es peligroso enviarla, y sobre todo es peligroso escribirla porque cuanto más escriba uno más indicaciones da a la policía (y no se trata de un peligro hipotético, ya hay un caso al menos que golpeó a compañeros anarquistas). Un ataque anónimo no permite emerger a nadie y no facilita la labor represiva de la policía. Si las razones para el anonimato se han expresado mas de una vez, las razones en contra del mismo no.

De unos años acá las cosas han cambiado sin que se haya debatido el tema. Es difícil encontrar hoy una acción que no vaya acompañada por un bonito comunicado, seguido de eslóganes y firmas ¿por qué? Silencio… Y entonces, siguiendo con esto ¿no acaba uno en el vanguardismo? El riesgo es tan evidente que entre muchos autores de comunicados los hay que se proclaman en contra del vanguardismo, con la esperanza de que será suficiente decirlo para serlo. Pero “excusarse es acusarse”. Es el método mismo que es vanguardista y, algunas veces, también los contenidos explícitos declarados (como se demostró en el triste comunicado de A.R.A. -Acción Revolucionaria Anarquista- posterior al ataque al Palazzo Marino [2] ). Importa poco si los eslóganes incitan a la guerra social y no a la dictadura del proletariado. Importa poco si las siglas cambian continuamente. Eso solo demuestra que las “vanguardias” anarquistas son más elásticas que las estalinistas. Pero que, aun así, necesitan diferenciarse del resto del movimiento. No es suficiente tomar como punto de partida la Angry Brigade para resolver el problema. Sé muy bien que la Angry Brigade dijo: “No estamos en disposición de afirmar si alguien es o no de la Angry Brigade. Todo lo que decimos es: la Brigada está en todas partes. Sin comité central ni jerarquía para clasificar a sus miembros, solo podemos reconocer caras extrañas como amigas por sus acciones”. Y también sé que sus participantes no se consideraban una organización o un grupo “sino una expresión de rabia y descontento…”. Pero eso solo demuestra la buena fe de estos compañeros, su preocupación en no presentarse como vanguardia, pero no demuestra que consiguiesen su objetivo. Una firma que quiera ser un símbolo se rabia generalizada no tiene sentido. Para que todo el mundo se pueda reconocer en ella los actos y las palabras explicativas deben ser comprendidas y compartidas por todos. No se puede ofrecer una identidad colectiva y pretender que cada uno renuncie a su individualidad. Eso solo puede hacerse si las acciones realizadas y las palabras habladas se mantienen en un nivel tan bajo como para limitar las disensiones tanto como sea posible: acciones muy simples y ejemplares acompañadas por eslóganes maximalistas. Todo eso (suponiendo que mereciera la pena) puede funcionar solo por un período breve de tiempo, después intervienen otros factores que son la parte de todo proceso que hace imposible la continuación del experimento: hay quienes quieren usar herramientas mas poderosas, que quieren golpear objetivos mas selectivos, que quieren expresar conceptos mas precisos… Hasta el F.L.A. (Frente de Liberación Animal), que lucha por una motivación que es básicamente simple y unívoca como la liberación animal, vivió sus primeras deserciones cuando empezó a extenderse. Se formaron otros grupos de liberación animal cansados de la confusión del proyecto, los objetivos minimalistas las declaraciones de los portavoces. No es el único, pero es el peor aspecto, todos estos grupos se vieron forzados a darse un nuevo nombre para evitar ser incluidos automáticamente en el caldero principal. Por que, reivindicar, es un instrumento estrictamente político, con todo el daño que eso implica, mientras uno permanece en el anonimato puede hacer lo que quiera, sin incluir o explotar a otros. Peor, tan pronto como alguien aparece, fuerza al resto a mostrarse para no ser consideradas simples columnas militares. Este mecanismo de identificación/asimilación solo se puede evitar con el anonimato, la diversificación de los medios y la imaginación en la elección de objetivos. De otro modo, no importan las precauciones que se tomen, es inevitable que los medios de comunicación lo pongan en marcha (mas aun si uno les envía los comunicados directamente a ellos).

Repito, con esto no pienso que uno pueda dudar de la buena fe de estos compañeros, aun así, creo que son víctimas de un error: creer que un método se puede convertir en anarquista en función de quien lo use. No es así. Una organización específica, con sus siglas y comunicados, es vanguardista mas allá de las personas que la formen. ¿Qué sentido tiene enviar un comunicado a la policía? ¿Qué sentido tiene explicar aquello que no necesita ser explicado? Aparte de la mitología revolucionaria, eso solo significa algo para una vanguardia que se ve como distinta y mejor respecto al movimiento en su conjunto.

¿Qué Objetivos?

La lógica vanguardista es rígida, una vez que uno la adopta, se aplica en todo. Es suficiente pensar en la elección de objetivos, el camino cada vez mas estrecho ha llevado en estos años de tumbar anónimamente torres de alta tensión a la carta-bomba (con carta incluida) enviada a la televisión. En el primer caso se quiere sabotear a un enemigo, golpeando el funcionamiento de su sistema, inutilizando una estructura periférica del mismo. Se trata de una acción práctica de ataque, puede que un poco incómoda de llevar a cabo, pero que no pone a nadie en peligro. En el segundo caso uno solo quiere que se hable de él, hacer publicidad de la propia marca, y eso cuando llegan directamente a las puertas de la R.A.I. (televisión pública italiana)… Solo es una acción simbólica, fácil de llevar a cabo, y si el riesgo de ser herido cae sobre algún cartero desafortunado o un empleado de televisión… a quién le importa. Parece que no solo los jesuitas piensan que el fin justifica los medios, también algunos anarquistas. Y sobre las cartas-bomba…

No he sido justo. Dije que quienes las envían solo quieren que se hable de ellos. Olvidé añadir que, dejado a un lado la auto-satisfacción, quieren que se hable de algo mas. Por ejemplo las condiciones carcelarias que viven algunos anarquistas y rebeldes en España. Los revolucionarios socialistas rusos de 1878 tenían el mismo interés. En uno de sus famosos documentos escribieron: “Si la prensa no defiende a los presos, nosotros lo haremos”. Hoy existen los grupos de las 5Cs [3]Anarquistas , no socialistas revolucionarios. Anarquistas como May Picqueray quien en 1921 envió un paquete bomba al embajador americano en París para protestar por el silencio que pesaba sobre la encarcelación de Sacco y Vanzetti. La acción fue exitosa porque el abuso cometido por el gobierno americano finalmente se hizo público, impulsándose así una lucha que tuvo dificultades para despegar.

Pero, después de tener en cuenta las similitudes entre pasado y presente, uno debe tener dificultades de visión si no ve grandes diferencias. Los socialistas rusos mataron al jefe de la policía secreta después de la muerte en prisión de uno de sus compañeros: muerte por muerte, tal cual. El anarquista francés, para hacer pública la infamia de la justicia americana, golpeó al representante máximo del gobierno americano en Francia. Hoy, los anarquistas de las 5Cs envían sus regalos nada menos que a los trabajadores de la R.A.I. o las secretarias de las agencias de viajes españolas. La diferencia debería saltar a la vista. Es evidente que los responsables del régimen penitenciario que se impone a los compañeros están lejos y, probablemente, demasiado protegidos para alcanzarles, sin embargo los intereses del Estado español están por todas partes y pueden ser golpeados. Pero ¿representan los trabajadores de una agencia de viajes estos intereses? Y, por que uno se empeñe en provocar un impacto en los medios ¿puede ignorar el hecho de que éstos solo amplifican la voz de los rebeldes si pueden tergiversar su sentido? Y ¿cómo no darse cuenta que dichas acciones hacen demasiado fácil esta operación de deformación? Enviando cartas incendiarias a diestro y siniestro no sin duda conseguirá que se hable en los medios de los compañeros presos en España, todo el mundo hablará de ellos. Pero ¿en qué términos? En los términos impuestos por los medios de comunicación, claro, que se lanzarán a reforzar la idea ya implantada en muchos de que, después de todo, si estos presos tienen defensores tan desalmados, a lo mejor merecen regímenes severos.

El problema es que aquellos que piensan que están por delante, más radicales que nadie, lo creen por una razón muy concreta. Consiste en el uso de determinadas herramientas: los que hablan solo parlotean, los que atacan con armas están actuando. Quienes apoyan la lucha armada están enamorados de sus herramientas, las aman hasta el punto de que cesan de verlas como tales y empiezan a verlas como un fin en si mismas, su razón de ser. No eligen el medio más adecuado para el fin que se desea conseguir, convierten el medio en un fin en si mismo. Si quiero matar una mosca en la pared uso un periódico enrollado, si quiero matar un ratón uso un palo, si quiero matar una persona uso un revólver, si quiero demoler un edificio uso dinamita. De acuerdo con lo que quiero hacer, elijo el medio que mejor se adapta de los que tengo a mi alcance. El “lucharmadista”, no. No piensa así. Quiere usar su instrumento favorito, el que le da mas satisfacción. El que le hace sentir más radical, el que le permite permanecer al calor en su popularidad mediática, y lo usa independientemente del objetivo que se ha dado: dispara sobre moscas, ametralla al ratón, dinamita al hombre y, si pudiese, usaría una bomba nuclear para demoler un edificio. Para el “lucharmadista”, la radicalidad es una cuestión de potencia de fuego: un arma del calibre 22 es menos radical que una del 38, que es menos radical que un kalashnikov, que es menos radical que los explosivos plásticos. Es por esto que, sediento de fama y torpe por su adoración técnica, envía cartas incendiarias a simples empleados para combatir el régimen F.I.E.S. Lo hace porque es lo único que sabe hacer; la técnica no acompaña a la inteligencia sino que la sustituye, y así uno no se para a pensar un momento si el medio se adapta al objetivo que se busca. En lo que atañe a escrúpulos, no tiene por la simple razón de que en su cabeza todo se divide en blanco y negro, sin gradaciones de color. En una parte esta el Estado, en la otra los anarquistas. No hay nadie en medio. Si uno no es anarquista pertenece al Estado, así que es un enemigo. Los explotados son responsables de las condiciones que soportan tanto como los explotadores de las que imponen: todos son enemigos, así que es su problema.

Extrañamente esa lógica típicamente militarista gana terreno entre ciertos anarquistas, entre los que hay incluso quienes apoyan al kamikaze palestino. Increíble si uno piensa que tales niveles de vileza están muy lejos incluso de los revolucionarios rusos al final del siglo XIX: vanguardistas autoritarios si, pero con una ética rigurosa dispuestos a matar a un explotador pero sin tocar un pelo a ningún explotado. Y si los autoritarios tenían ese cuidado ¡Pensemos en los anarquistas! Los ejemplos en este sentido son numerosos: hasta Schicchi, conocido también por su lenguaje feroz, fue capaz de volver donde había dejado la bomba para desactivarla cuando se dio cuenta que algún paseante podía resultar herido.

Pero la imagen del anarquista del pasado, perfecto caballero, es hoy demasiado benévola, no muy gratificante para algunos anarquistas de hoy. Hay anarquistas que solo pueden dar sentido a sus vidas si sienten que han sido golpeados por el desprecio público. Cuanto mas se condene algo, mal les atrae. Cuanto mas pintan los periódicos y jueces a los anarquistas como gente sin escrúpulos, mas se lanzan a asumir éste rol. Vacíos de cualquier perspectiva propia, dejan que el enemigo sea el que les indique quiénes son y qué tienen que hacer.

Otra consecuencia de lo que está pasando es la deformación total del concepto de “insurreccionalista”, que hoy se usa como sinónimo de “violento” o incluso solo del que va mas allá del dialogo con las instituciones. Anarquistas que ponen bombas son insurreccionalistas, anarquistas que rompen ventanas son insurreccionalistas, anarquistas que se enfrentan a la policía son insurreccionalistas, insurreccionalistas son los anarquistas que compiten con las manifestaciones de los partidos políticos y, así, sucesivamente. Ni una palabra sobre ideas. En cierto sentido se repite exactamente lo que ocurrió a principios de siglo con el adjetivo “individualista”. Una vez que se tenía la seguridad de que alguien apoyaba actos de violencia individual era un individualista, después este término se aplicó mas o menos para todo y, a menudo, fuera de lugar. En el frenesí de los acontecimientos ¿quién se paró a clarificar la confusión que se extendía? El recurso a la violencia individual no es una característica típica del individualismo, hasta el punto de que hubo también anarquistas individualistas pacifistas (como Tucker) o no-violentos (como Mackay). Y, una vez mas, ¿era Galleani un individualista? Si apoyaba acciones individuales… como Malatesta en determinadas circunstancias. Y también ha habido comunistas a favor de actos individuales. Desafortunadamente la equivocación arraigó tanto que hubo quienes se declararon individualistas a un no siéndolo (como Schicchi en el juicio de Pisa). Confusión, incomprensión… es mejor no agregarse a esa confusión. Que lo hagan los medios de comunicación es obvio y comprensible. Pero ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros?

La insurrección es un acontecimiento social. No es un reto, ni un duelo individual contra el Estado lanzado por aquellos que creen que la masa solo la componen borregos esperando ser esquilados. El recurso a la violencia es inevitable y necesario en un proyecto insurreccional, tanto como lo es antes del mismo (porque el aspecto social de la insurrección nunca puede ser utilizado para justificar la espera). Por lo tanto también lo es ahora. Pero esta violencia no puede separarse del resto del proyecto, no puede sustituirle. Es la violencia la que es un instrumento al servicio del proyecto, no el proyecto el que está al servicio de la violencia. Quien quiera que piense que la insurrección es imposible, habiendo perdido (o nunca habiendo tenido) fe en la posibilidad de que los explotados se rebelen, debería darse cuenta de la distancia que le separa del proyecto insurreccional. Si quiere insertarse en la historia por sus acciones, porque esta es una cuestión de auto-satisfacción, entonces déjenlo sentarse bajo los focos del los medios de comunicación, pero sin decir que tiene a todo el movimiento tras de si.

Es evidente que cada uno el libre de hacer lo que quiera. Quien se crea por encima de la crítica y crea que se le debería aplaudir, comprender y seguir sin preocuparse siquiera de explicar las razones que hay tras sus métodos, lo es mucho menos.

 

REVISTA ELEPHANT

 


 

1 N. de. trad. En realidad no ha sido siempre así, aunque el autor, seguramente italiano, no esté del todo al tanto.

2 El 25 de abril del 97 estalló un artefacto en el Palazzo Marino, sede del ayuntamiento de Milán.

3 Las siglas “5C” significan “Células contra el Capital, las Cárceles, sus Carceleros y sus Celdas”.