El mazo del iconoclasta

 

“Dad rienda suelta a las pasiones inmorales”

Mijaíl Bakunin

 

Aunque el fatalismo impenitente que se ha instalado en nuestras mentes nos impida verlo, somos, en realidad, una numerosa pléyade de “desafectos al sistema”. Ideologizados o intelectualmente “vírgenes”, ductos o instintivos, necesitarios de autonomía o carentes de pan, pocos son los crédulos o satisfechos, que se atreven a afirmar que el mundo está constituido tal y como debería.

Para quienes pongan en duda tal aserto solo tienen que sacar a colación, en una conversación cualquiera y con cualquiera de sus semejantes, el tema -que a fuerza de ser recurrente se ha pretendido convertir en demagógico- del hambre o la guerra, y serán solo una minoría los que acepten con agrado tales cosas.

No hace falta mirar las tripas de esta “máquina mal engrasada” para saber que sus engranajes están ajados y casi completamente obstruidos, con unas válvulas silbantes que señalan una rápida y alarmante subida de la temperatura… todos los indicios de que el “artefacto social” está al borde del colapso.

Pero, ¿Quién le dará el último empujoncito?

Quizás algunos aprecien esta valoración como exagerada y excesivamente optimista, no obstante, mientras se dirime esta cuestión, la máquina sigue funcionando, a trancas y barrancas, forzando al máximo su capacidad, mostrándole a los ojos menos exigentes una carcasa flamante y reluciente, aunque chorreando sangre ajena como si fuera aceite… sin embargo, no podemos obviar que lo más curioso del caso es que haya sido en semejantes condiciones, precisamente en ese estado de declive y agonía, como ha conseguido mantenerse activa durante las más hondas simas de tiempo, a través de milenios e, incluso, hasta nuestros días, ¿peca ahora mi análisis de “triunfalismo”?

El sistema está “muriendo” desde que nació, existiendo a marchas forzadas, lleva marcado a fuego el signo de la desaparición. Y si aún no se ha logrado no es por los peregrinos motivos que se nos suele aducir.

Dejando de lado las intrincadas “fórmulas materialistas”, las mismas que determinan que un hombre debe renunciar a coger una manzana de un árbol si antes no se ha equipado con la correspondiente escalera, aún a pesar de que pudiera acceder a ella con un simple palo; las mismas que posponen la Revolución, aunque sea tan vital como la lluvia en el desierto, a los lugares que hayan sido “obsequiados” con los galardones capitalistas, y a unos tiempos más “propicios”. Hay otras muchas “incongruencias” que hasta la cabeza del corazón más ardiente está dispuesta a dar por sentado.

Se nos dice con voz quejosa: “Es que nuestro número es ínfimo, comparados con otros periodos históricos somos menos que una minoría”. Dígansele tales pequeñeces a Fanelli cuando se encontró en España con un grupo que llegaba con dificultades a la veintena, díganselo a Anselmo Lorenzo y a Morago, y al que a la postre sería el movimiento obrero más fecundo y vigoroso de la estúpidamente llamada “Europa occidental”. ¿Quién se atreverá a replicar tales cosas a los oídos de los “apóstoles” errantes que, a lomos de jumentos, iban difundiendo “la Idea” por sierras, cortijos y aldeas, sin más calor que el de las hogueras, sin más medios que la vehemencia y cuatro palabras grabadas a fuego en el alma?

Llegan entonces otros llantos: “Es que hoy estamos menos instruidos, y “revolucionariamente” menos preparados, que nunca”. Retumbarían aún, en los montes y cerros, las risas de aquellos campesinos de Jerez, en 1892, o la de los peones de la Patagonia, en 1921, si alguien hallara el valor de espetarles tales cosas. Qué le digan a un cantero o a un jornalero, orgullosamente analfabetos, la falta que les hacían las teorías y los libros, para sacudir de sus espinazos el yugo del patrón y del cacique.

Gastan entonces el último cartucho: “Es que hoy la gente es mucho más “comodona”, la vida hoy es más fácil, y las “mejoras sociales” mitigan las causas por las que rebelarse”. He ahí el argumento de la renuncia; reunid los arrestos para alargar vuestra voz hasta el mal llamado “Tercer Mundo”, decidles que su hambre es fingida, que su sed es una ilusión y que su mortalidad es una “quimera” de sus mentes. Convencedles de que el “maná” les caerá de sus cielos ennegrecidos -previa intoxicación de las chimeneas capitalistas- y de que sus tierras -explotadas por la globalización- serán fértiles, y de que sus ríos insalubres -gracias al “savoir-faire” industrialista- rebosarán de peces. Levantad la voz hasta África y habladles a sus habitantes de esas “mejoras sociales” que deshincharán los estómagos de sus hijos, de cómo los avances capitalistas han acabado con las muertes por inanición, también con el raquitismo o con las enfermedades más cruentas; decidles eso y posiblemente os escupan a la cara. ¿Pero por qué marchar tan lejos? ¡Abrid de una vez la ventana!, os conmino a ello, y si no sois insensibles, o rematadamente imbéciles, veréis desfilar antes vuestros ojos verdaderas legiones de “hambrientos y desamparados”, mesnadas de nómadas sin domicilio, de personas embargadas y desalojadas por impago, de obreros asfixiados ante el ocaso mensual, observareis, con vuestros propios ojos, ejércitos de adultos y niños, nacidos aquí y allá, que abordan las basuras con el digno e imperante fin de alimentarse… son “ejércitos del hambre”, a los que les sobran motivos para convertirse en “ejércitos del odio”.

La situación no ha cambiado nada con respecto al decimonónico inicio de las luchas sociales “explícitas”, el número no ha variado, la “ilustración” sigue sin ser imprescindible, y la miseria no ha dado un solo paso hacia atrás… los motivos para Rebelarse siguen siendo los mismos, lo único que ha cambiado es la disposición para ello; tan solo se ha modificado nuestra Voluntad.

Para quienes hayan llegado hasta aquí, compartiendo tal razonamiento, el dilema se exhibe diáfano: “si eso es así, ¿qué hacer?”.

Parecen que todas las medidas están ya agotadas, toda la propaganda hecha, todas las “asociaciones” formadas, todos los métodos puestos en práctica… pues si es realmente así, quizás lo que haya que cambiar es el carácter de los mismos.

La gente habla de renunciar a los métodos “específicamente violentos”, arguyen tanto la mala aceptación popular como toda una suerte de, respetabilísimos, motivos morales; pues perfecto. Nada hay que objetar al respecto, ya sea por motivos “pragmáticos” o “éticos”, se considera que la “violencia” no es el camino a seguir; compartimos, absolutamente, este planteamiento en cuanto a vidas humanas se refiere, pues no hay Revolución que se haya cimentado sobre la fuerza y la sangre, que no haya tenido necesidad de recurrir posteriormente a ambas para poder perpetuarse sobre el propio pueblo que lucho para erigirla. Nosotros como Bakunin, “no queremos destruir hombres sino instituciones”.

Es verdad que sobre este asunto algunas actitudes se nos antojan decididamente hipócritas, las mismas que apoyan cualquier acción violenta mientras esta esté respaldada por las “masas armadas”, y que, sin embargo, condenarían inexorablemente a cualquiera que realizara semejantes actos en solitario o con un escogido número de colaboradores… es como si la verdad fuera más “verdad” cuando es ratificada por el número, como si el asesinato dejara de serlo en cuanto el “pueblo” diera su consentimiento. Son estas las opiniones de quienes condenarían al Durruti ilegalista, expropiador y “propagandista por los hechos” de los años 20, si no hubiera sido eclipsado por la mítica del luchador miliciano de los años 30.

Pero estas “dobleces faciales” no consiguen desalentarnos de nuestros propósitos, nuestra meta no es inmolar la voluntad, ni la dignidad ni la vida de nadie, la única voluntad que queremos deponer, la única dignidad que queremos escarnecer y la única vida que queremos aniquilar es la del Estado y el Capital, solo de ellos aceptaremos un acto de genuflexión. Obviamente esto pasa por derrotar a los sujetos que utilizan tan “formidables herramientas”, no siendo estos Molochs unos “entes” dotados de vida propia, es contra quienes dirigen sus riendas contra los que cargamos las escopetas, pero no es la destrucción sistemática de estos mequetrefes y pusilánimes lo que buscamos, lo que pretendemos es reducir a cenizas los instrumentos que les han permitido auparse sobre el resto.

Las fórmulas para crear un ambiente propicio para que el descontento popular pueda estallar en una Revolución a “gran escala”, son variadas, y ante la anterior pregunta, ese sempiterno “¿qué hacer”?, solo hallamos una respuesta válida: “Haced todo lo que esté en vuestra mano, mientras no entre en los cursos de la legalidad”.

Algunos optan por adscribirse al sindicalismo; muy bien, pero que no os toque la larga e infecciosa mano de la legalidad, que esta sea una condición que quiera adjudicaros el Estado, y no una que reclaméis vosotros. No legalicéis vuestras manifestaciones, que no concurran vuestras huelgas por las vías legales, dejad de circunscribir vuestros actos al “marco de la ley”, retomad el sabotaje que antaño os hizo grandes, olvidad a vuestras huestes de abogados, y encaraos, frente a frente, con el enemigo mortal que supone toda Autoridad… de lo contrario esa arma letal, que un día infundió terror a la burguesía, hoy yacerá muerta, tal y como muchos prevén.

Quizás vuestras pulsiones os escoren hacia la “propaganda escrita”; muy bien, pero que cada una de vuestras palabras sea merecedora del más profundo odio gubernamental, que cada uno de vuestros panfletos provoquen la más recalcitrante iracundia en los estómagos “bien alimentados”, que cada una de vuestras letras sea un delito, que cada una de vuestras frases sea un crimen, escribid cada grafía esperando recibir por ella la más dura de las condenas judiciales, que cada gota de tinta que emane de vuestra pluma sea digna de acabar en prisión.

Para aquellos que estén sedientos de actos es para los que ofrecemos nuestra propia alternativa, si alguien vuelve a interrogaros sobre “¿qué hacer?” ya no os quedareis mudos de respuestas… es hora de dar el penúltimo Mazazo del Iconoclasta.

Como sujetos dotados de sensibilidad os repugna la violencia física contra las personas; muy bien, ¿pero qué os impide lanzar toda esa violencia contra la “materia inerte”?, los iconoclastas originales levantaban sus mazos contra todas las imágenes que eran merecedoras de culto entre la población; hoy la cosa no ha cambiado en demasía, también se trata de canalizar nuestra furia contra todos los nuevos fetiches de esta civilización. Armemos nuestro odio y carguémoslo contra todos los símbolos existentes hasta convertirlos en meras ruinas, ¿los métodos? Desde los más sencillos a los más complejos, ¿qué importa el “cómo” mientras no se ponga en peligro la existencia de nadie? Tan solo hemos de elegir el objetivo, y destruir, de una vez para siempre, todas las efigies y deidades que sean dignas de idolatría y admiración en esta corrompida sociedad actual. Acabemos con los objetos que exigen su pleitesía y así no tendrán a quién regalarle sus reverencias, obediencia y sumisión, acabemos con el receptáculo de sus alabanzas y pondremos fin a su superchería y humilde constricción, y si los reconstruyen, volvamos a volatilizarlos, hasta que no les quede nada ni nadie a los que venerar.

Es la vieja máxima proudhoniana: “Demoliendo, edificaremos”.

Destruyamos de manera compulsiva, liberados al fin de la moral burguesa y sus idearios; eso si, sin arriesgarnos, sin comprometernos, pues es mucho más cómodo ir la cárcel por escribir estas andanadas que por llevarlas a la práctica, pero que nada nos limite, que no tengamos ni un solo reparo en destruir todos y cada uno de los iconos que se han convertido en el ornamento del sistema, destruyamos sin paliativos; y que solo nuestros sentimientos sean capaces de derretir la cera que mantiene unidas nuestras alas.

Será entonces cuando podremos reproducir lo que nos auspiciaba Bakunin, pues: “Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo”.

 

El Hombre Guillotina

 

El anarquista individualista en la revolución social

1

El individualismo anarquista tal como lo entendemos -y lo digo porque un puñado sustancial de amigos piensan esto como yo- es hostil a toda escuela y a todo partido, a toda moral eclesiástica y dogmática, así como cada imbecilidad más o menos académica. ¡Toda forma de disciplina, gobierno y pedantería es repulsiva para la nobleza sincera de nuestra vagabunda y rebelde inquietud!

El individualismo es, para nosotros, fuerza creativa, juventud inmortal, belleza exaltante, guerra redentora y fructífera. Es la maravillosa apoteosis de la carne y la trágica epopeya del espíritu. Nuestra lógica es la de no tener ninguna. ¡Nuestro ideal es la negación categórica de todos los otros ideales para el mayor y supremo triunfo de la vida actual, real, instintiva, temeraria y alegre! Para nosotros, la perfección no es un sueño, un ideal, un enigma, un misterio, una esfinge, sino una realidad vigorosa y poderosa, luminosa y palpitante. Todos los seres humanos son perfectos en sí mismos. Todo lo que les falta es el heroico coraje de su perfección. Desde el momento en que los seres humanos creyeron por primera vez que la vida era un deber, un llamado, una misión, ha significado vergüenza por su poder de ser, y al seguir fantasmas, se han negado a sí mismos y se han distanciado de lo real. Cuando Cristo dijo a los seres humanos: «¡sean ustedes mismos, la perfección está en ustedes!» lanzó una excelente frase que es la síntesis suprema de la vida.

Es inútil que los fanáticos, los teólogos y los filósofos hagan todo lo posible con sofismas engañosos y dialécticos para dar una interpretación falsa de las palabras de Cristo. Pero cuando Cristo habla de esta manera a los seres humanos, rechaza todo su llamado a la renuncia, a una misión y a la fe, y todo el resto de su doctrina se derrumba miserablemente en el barro, derribado por él mismo. Y aquí, y solo aquí, está la gran tragedia de Cristo. Dejen que los seres humanos abran sus ojos brumosos en el sol cegador de esta verdad, y se encontrarán cara a cara con su redención verdadera y risueña.

Esta es la parte ética del individualismo, ni románticamente mística ni idealisticamente monástica, ni moral ni inmoral, sino amoral, salvaje, furiosa y guerrera, que mantiene sus raíces luminosas voluptuosamente arraigadas en el perianto fosforescente de la naturaleza pagana, y su follaje verde descansando en la boca morada de la vida virgen.

2

A toda forma de sociedad humana que intente imponer renuncias y penas artificiales sobre nuestro yo anárquico y rebelde, sediento de expansión libre y exultante, responderemos con un aullido de dinamita rugiente y sacrílega.

A todos esos demagogos de la política y de la filosofía que llevan en sus bolsillos un hermoso sistema creado al hipotecar un rincón del futuro, respondemos con Bakunin: ¡Torpes y débiles! Todos los deberes que les gustaría imponernos los pisotearemos furiosamente bajo nuestros pies sacrílegos. Cada fantasma sombrío que colocarían ante nuestros ojos, ávidos de luz, los destrozaremos furiosos con nuestras manos atrevidas y profanas. Cristo se avergonzó de su propia doctrina y la rompió primero. Friedrich Nietzsche temía a su superhombre y lo hizo morir en medio de sus agonizantes animales, implorando piedad al hombre superior. Pero no tenemos miedo ni nos avergonzamos del ser humano liberado.

Exaltamos a Prometeo, el ladrón sacrílego que robó la chispa eterna del cielo de Jove para animar al hombre de barro, y glorificamos a Hércules, el héroe poderoso y liberador.

3

La naturaleza pagana ha colocado un Prometeo en la mente de cada ser humano mortal, y un Hércules en el cerebro de cada pensador. Pero la moral, esa repugnante hechicera de los filósofos, los pueblos y la humanidad, ha glorificado y santificado al buitre exaltándolo como justicia divina, y la justicia divina, que Comte humanizó, ha condenado al Héroe.

El labrador y el pensador han temblado antes de que fantasma y coraje se hayan derrotado bajo el enorme peso del miedo. Pero el individualismo anarquista es una antorcha brillante y fatal que arroja luz a la oscuridad en el reino del miedo y pone en fuga los fantasmas de la justicia divina que Comte humanizó.

El individualismo es la canción libre y sin restricciones que vuelve a conectar al individuo al pandinamismo eterno y universal, que no es ni moral ni inmoral, pero eso es todo: ¡Naturaleza y Vida! ¿Qué es la vida? Profundidades y cimas, instinto y razón, luz y oscuridad, barro y belleza, alegría y tristeza. Negación del pasado, dominación del presente, nostalgia y anhelo del futuro. La vida es todo esto. Y todo esto también es individualismo.

¿Quién busca escapar de la vida? ¿Quién se atreve a negarla?

4

La Revolución Social es el despertar repentino de Prometeo después de una caída en un desmayo causado por el buitre asqueroso que le destroza el corazón. Es un intento de autoliberación. Pero las cadenas con las que el siniestro dios Jove lo hizo encadenar en el Cáucaso por el repugnante sirviente Vulcano no puede romperse excepto por el héroe rebelde Titánico, hijo del mismo Jove (1).

Los niños rebeldes de esta humanidad pútrida que ha encadenado a los seres humanos en el lodo dogmático de las supersticiones sociales nunca perderán el golpe de nuestro tremenda hacha sobre los oxidados eslabones de esta odiosa cadena.

Sí, los individualistas anarquistas estamos a favor de la Revolución Social, pero a nuestro modo, ¡se entiende!

5

La revuelta del individuo contra la sociedad no está dada por la de las masas contra los gobiernos. Incluso cuando las masas se someten a los gobiernos, viviendo en la paz sagrada y vergonzosa de su renuncia, el individuo anarquista vive en contra de la sociedad porque está en una guerra interminable e irreconciliable con ella, pero cuando, en un momento histórico, llega junto con las masas en rebelión, levanta su bandera negra con ella y arroja su dinamita con ella.

El anarquista individualista está en la Revolución Social, no como un demagogo, sino como un elemento incitante, no como un apóstol, sino como una fuerza viviente, efectiva y destructiva… Todas las revoluciones pasadas fueron, al final, burguesas y conservadoras. Lo que destella en el horizonte rojo de nuestro tiempo magníficamente trágico tendrá como objetivo el feroz humanismo socialista. Nosotros, los individualistas anárquicos, entraremos en la revolución por nuestra exclusiva necesidad de prender fuego e incitar a los espíritus. Para asegurarnos de que, como dice Stirner, no se trata de una nueva revolución, sino de un crimen inmenso, orgulloso, imprudente, desvergonzado y sin conciencia que retumba con los truenos en el horizonte, y debajo del cual el cielo, hinchado de premonición, se vuelve oscuro y silencioso (2). Como Ibsen, reconozco que solo hay una revolución -que fue verdaderamente radical- … ¡Me refiero al antiguo Diluvio! Esa solamente fue seria. Pero incluso entonces, el diablo perdió lo que le correspondía: Noé asumió la dictadura. Hagamos esta revolución nuevamente, pero más a fondo. Requiere hombres reales y oradores. Entonces, si traes las aguas rugientes, te proporcionaré el barril de pólvora para volar el arca.

Ahora, dado que la dictadura será -¡ay!- inevitable en la sombría revolución global que envía su  resplandor desde el este sobre nuestra negra cobardía, la tarea final de los individualistas anárquicos será volar el arca final con bombas explosivas, y al dictador final con tiros de Browning. Con la nueva sociedad establecida, ¡volveremos a sus márgenes para vivir peligrosamente como nobles criminales y audaces pecadores! Porque el individualista anárquico todavía significa renovación eterna, en el campo del arte, el pensamiento y la acción.

El individualismo anarquista todavía significa revuelta eterna contra el dolor eterno, la búsqueda eterna de nuevas fuentes de vida, alegría y belleza. Y seguiremos estando así en la anarquía.

Renzo Novatore

Escrito bajo el seudónimo de Mario Ferrento. Il Libertario vol. VXII, # 738, 739. 6 y 13 de noviembre de 1919.


Notas:

  1. En la mitología griega, el Káukasos era uno de los pilares que sostienen al mundo. Se afirma también que Prometeo fue encadenado a estas montañas por Zeus. Jove es otra forma de llamar a Júpiter, principal dios de la mitología romana, equivalente a Zeus en la mitología griega. (N.T)
  2. Acá Novatore parafrasea nuevamente a Max Stirner: Es por el crimen donde el egoísta se ha afirmado siempre y a derribado con su mano sacrílega a los santos ídolos de sus pedestales. Romper con lo sagrado, o mejor aún, romper lo sagrado, puede hacerse general. ¿A caso la revolución no es un crimen, un crimen potente, orgulloso, sin respeto, sin vergüenza, sin consciencia? ¿no se ve que retumba, como un trueno en el horizonte y que el cielo, henchido de pensamientos, se oscurece y calla? – El Único y Su Propiedad, editorial Reconstruir (Utopía Libertaria) –

Extraído del folleto “AsociAc(c)ión Ilícita. Viejos textos sobre ilegalidad desde perspectivas individuales y anárquicas”.

INTIMIDAD CRIMINAL

 

Porque la noche pertenece a los amantes. Porque la noche nos pertenece.

Patti Smith

 

SOBRE LO MUERTO

Para vivir en esta cultura unx tiene que permanecer muertx, vacíx. El estar sin vida es el afecto y la aspiración de la membresía social dominante. Una relación social en que la vida se reduce al intercambio del capital. No hay escape, se encuentra en cada persona caminando por la calle esquivando la mirada de la otra, en los intercambios de servicios, en las naves del gran almacén y en las bancas de la iglesia. En el capital, en la heteronorma, en las leyes, en la moralidad. La lógica de la muerte es la totalidad.

El tabú de nuestros deseos se reitera una y otra vez. El poder y el control están escritos en nuestros cuerpos. ¿Qué es la pasión, el deseo, la aventura, el goce? Qué, sino solamente frases pegadizas para anunciantes. Nuestro amor, nuestros deseos y hasta nuestros propios cuerpos están inscritos en esta cultura. El capital está tatuado en nuestros cuerpos. No nos atrevemos a soñar. Honestamente, cómo podríamos querer otra cosa.

Son agentes y fuerzas del biopoder; las botas de quienes nos golpean, las cámaras de vigilancia en el panóptico con sus malditas luces azules, las sirenas y pistolas de la policía, las campañas a favor del matrimonio gay y por los derechos de los soldados homosexuales, los persistentes horrores de la monogamia, y los maniquíes de figuras tan perfectas, ad nauseam (rectos, de pie como en retenes) garantizando la imposibilidad de cualquier alternativa. La vida, reventada, no es nada más que la supervivencia pura, banal, fría, y paralizada. No hay un hecho más claro: el hetero-capitalismo, esta cultura, esta totalidad quiere acabar con nosotros.

TOMANDO Y COMPARTIENDO: OBTENIENDO LO NUESTRO

La maquinaria de control ha ilegalizado hasta nuestras propias existencias. Hemos aguantado la criminalización y crucifixión de nuestros cuerpos, nuestro sexo, nuestros géneros rebeldes. Nos han detenido en redadas, y quemado por ser brujxs. Hemos ocupado el lugar de los desviados, de las putas, de los pervertidos, y las repugnantes. Esta cultura nos ha vuelto criminales, y por supuesto, hemos dedicado nuestras vidas al crimen. Descubrimos los placeres de la vida criminal criminalizando nuestros placeres ¡Cuando nos ilegalizaron por ser quienes somos descubrimos que somos unos pinches bandidxs!

Muchos culpan a lxs queers por la decadencia de esta sociedad (eso nos llena de orgullo). Otros piensan que deseamos destrozar la civilización y su tejido moral, tienen toda la razón. ¡A menudo nos llaman depravadxs, decadentes y asquerosxs, pero ni siquiera hemos empezado!

Seamos explícitos: Somos criminales queer-anarquistas, y este mundo no es suficiente para nosotrxs y nunca lo será. Queremos aniquilar la moralidad burguesa y dejar este mundo en ruinas. Venimos para destruir lo que nos destruye.

Debemos hablar de la revuelta. Estamos averiguando las raíces de nuestra criminalidad queer y trazando el deceso de la orden social. ¡Ahhh! que sabrosos alimentos. Lesbianas piratas navegando como tormentas por la mar, amotinadxs queer quemando coches policiales, orgías en la decadencia del industrialismo, ladronxs luciendo triángulos rosas, redes de apoyo mutuo entre putxs, ladrones, y pandillas de maricas que madrean agresores. Nos han asegurado que cada día podría ser el último, así que hemos decidido vivir como si cada uno fuera el final. Entonces, comprendimos que los días de esta existencia están contados.

Desarrollamos una manera de jugar con la revuelta. Experimentamos con la autonomía, el poder, y la fuerza. No hemos comprado nada de lo que llevamos puesto, y rara vez pagamos por nuestra comida. Robamos en el trabajo y taloneamos para seguir viviendo. Compartimos consejos de estafas mientras chismeamos y nos acariciamos sensualmente. Saqueamos las tiendas hasta cansarnos, pero nos gusta compartir el botín. Por la noche echamos desmadre en la calle y llegamos saltando a la casa. Siempre estamos desarrollando estructuras informales de apoyo, y siempre apoyaremos a nuestrxs amigxs. En orgías, en disturbios, y en atracos, intentamos articular la colectividad de estas rupturas, a la vez que las profundizamos.

SOBRE LA INTIMIDAD CRIMINAL. CREANDO UN MUNDO POR VENIR.

La sensaciones eléctricas y extáticas que causa el crimen son innegables. Hemos sentido el dulce torrente de adrenalina al escapar de un guardia de seguridad, o cuando cogemos en el autobús. La única oportunidad de vivir aparece al golpear las estructuras del capital. De hecho, el crimen nos motiva a levantarnos de la cama cada mañana.

Nosotras, la gente queer y lxs insurgentes hemos desarrollado lo que se llamaría una intimidad criminal. Estamos explorando la solidaridad material y afectiva fomentada entre rebeldes y bandidxs. Con cada ley que quebramos juntxs, descubrimos ilegalmente la belleza entre nosotros mismos. Al revelar nuestros deseos a nuestrxs compañerxs criminales, llegamos a conocernos el uno al otro de una manera tan íntima que jamás podría ofrecernos la legalidad. Nuestros deseos producen el conflicto con el capital. Quizá el conflicto sea un escape al debilitamiento de nuestras vidas. El discurso de nuestra pandilla es el conflicto.

La potencia que manifiestan nuestros delitos no se encuentra en el daño causado a nuestros enemigos, ni en el mejoramiento de nuestras condiciones materiales (aunque, claro que nos agradan ambos). Nuestro fuerza se encuentra en las relaciones y la resolución que ejercemos. Las posibilidades de nuestras afinidades amplían el goce y el ataque, cuando nos quitamos las máscaras y compartimos nuestros proyectiles. En estas posibilidades aprendemos cómo podríamos hacer escombros este mundo.

Debemos ser cuerpos sin órganos. Cada persona está llena de potencialidades; nuestros deseos, el afecto, la fuerza, y las costumbres tienen posibilidades infinitas. Debemos de experimentar cómo es que nuestros cuerpos interactúan con otros para encarnar y activar estas posibilidades. Juntos cometemos delitos para nuestro devenir criminal. Nuestra intención no es ofrecer lo ‘criminal’ y lo ‘queer’ como identidades o categorías. La criminalidad y lo queer son instrumentos para luchar contra la identidad y las categorías, son nuestras líneas de fuga. Estamos en conflicto con todo lo que intenta limitar cada uno de nuestros deseos. Podemos ser cualquiera y lo único que tenemos en común es el odio hacia todo lo existente. Nuestros deseos rebeldes nunca podrán ser asimiladas por el Estado.

Los conservadores invocan la imagen de una ‘guerra cultural’ entre la sociedad por un lado y lxs queers por el otro. Nosotrxs rechazamos este tipo de guerra. Nuestra guerra es una guerra social. Sí, el nexo de la dominación y el sistema de clases se encuentra por todos lados, pero nuestro entorno también está lleno de rupturas y puntos de conflicto contra esta sociedad. Nuestro hablar sucio y nuestros susurros nocturnos son una lengua propia y secreta. Este lenguaje de ladronxs y amantes es ajeno a la sociedad, sin embargo es el sonido más bello para lxs rebeldes. Nos revela nuestro potencial para construir mundos. Porque el conflicto es un espacio en donde nuestras posibilidades pueden florecer. Estamos construyendo un mundo nuevo, amotinado, orgiástico, y quebrantado mediante la organización de un universo secreto de abundancia compartida y posibilidad explosiva.

Queer Ultraviolence.

Bash Back!

 

 

Los Errantes visitan México

“Viendo [Ascaso y Durruti] que era imposible mantenerse por más tiempo en Cuba, decidieron salir para México. Con el fin de lograr con éxito su propósito, alquilaron una pequeña lancha para dar un paseo fuera del puerto, pero ya surcando la bahía exigieron de los lancheros que les llevaran a bordo de cualquiera de los barcos que aparejaban para hacerse a la mar.

Temerosos, los lancheros les llevaron a uno de los barcos pesqueros, al que abordaron, obligando al patrón del mismo a levantar anclas, llevándose también a los dos patronos de la lancha.

Ya en altamar, pistola en mano, exigieron que el patrón del pesquero pusiera proa hacia costa mexicana.

Así navegaron hasta alcanzar la costa de Yucatán, en la que desembarcaron después de gratificar espléndidamente a los marineros cubanos.

La acción de desembarque no fue fácil. Dos o tres vigilantes del fisco mexicano se dieron cuenta de su llegada. Estos supusieron que eran contrabandistas, y como tales decidieron conducirlos al puerto de Progreso, para entregarlos a las autoridades. Camino andando, Durruti ofreció determinada cantidad a cambio de la libertad (…). La suma ofrecida interesó más a los agentes del fisco que la comprobación de si eran o no contrabandistas. Orientados por los propios agentes del fisco, nuestros amigos llegaron a Mérida, y de ahí a Progreso, en donde embarcaron rumbo a Veracruz” (140).

Llegados a Veracruz, en el puerto les aguardaba un anarquista mexicano llamado Miño -de lo que puede deducirse que Durruti o Ascaso habían escrito a México, previniendo que llegarían a Veracruz-. Miño les condujo a la capital mexicana y, una vez allí, a casa de Rafael Quintero, uno de los dirigentes de la CGT mexicana, quien había intervenido directamente en la revolución con Emiliano Zapata. Entonces, Rafael Quintero tenía una imprenta instalada en la plaza Miralle, 13, y en este local les dio cobijo provisional (141).

Pocos días después. Quintero les llevó al domicilio de la CGT , que por aquel entonces estaba instalada en la plaza de las Vizcaínas, 3. Aquella noche de su visita se discutía en una reunión sobre las dificultades económicas que atravesaba el órgano periodístico de la CGT. Sin mediar palabra, Los Errantes hicieron un donativo de cuarenta pesos para el periódico (142).

La citada reunión dejó deprimidos a los dos “Errantes”, no sólo por la pobreza de medios económicos, sino también por la falta de dinamismo que mostraba la organización anarcosindicalista local.

Se notaba que se vivía del crédito de la revolución mexicana, pero de la revolución no quedaba nada más que el recuerdo. Los mejores habían caído, y los sobrevivientes se habían adaptado a la nueva situación, haciendo valer algunos de ellos su pasado militante ante el nuevo “poder revolucionario”. Y el poder, por su parte, les gratificaba facilitándoles algunos cargos burocráticos. De tal forma que, por ejemplo, algunos ex-anarquistas habían llegado a ser gobernadores. Todo parecía ajustarse a las nuevas condiciones. Solamente los ex-compañeros de Flores Magón, muerto hacía tres años en una cárcel yanqui, mantenían realmente vivo el espíritu del anarquismo, acordándose del principio ideológico de “que la revolución no se puede conjugar con la ley, y que la verdadera revolución es Ilegal por excelencia”, como escribía en uno de sus póstumos escritos el mismo Flores Magón (143). Es evidente que los perseguidos de siempre eran estos continuadores de Magón… Sería, pues, entre éstos, entre los que Durruti y Ascaso encontrarían vivienda y colaboración.

La estancia en casa de Rafael Quintero se prolongó unas semanas en espera de la llegada de Alejandro Ascaso y Gregorio Jover, los cuales entraron a la ciudad de México a finales de marzo de 1925. Reunidos los cuatro, se decidió salir de la capital, y Quintero les propuso como lugar de residencia una pequeña granja situada en Ticomán. El propietario de la granja, Román Delgado, recibió a los cuatro españoles y los presentó al grupo anarquista de la localidad; Nicolás Bernal, el mentado Delgado, Herminia Cortés, y otros (144).

En abril de 1925 se produjo un asalto a las oficinas de una fábrica de hilados y tejidos llamada “La Carolina”. A partir de aquel momento, los testimonios que consultamos coinciden en afirmar una entrega de dinero para el sostenimiento de la publicación de la CGT y para la instalación de una Escuela Racionalista, del tipo de las que creó Francisco Ferrer i Guardia en España en 1901.

“Unas semanas pasaron sin dar fe de vida. Insospechadamente, aparecen con un automóvil “Buick” algo viejo y elegantemente vestidos. Durruti preguntó: “¿Ha salido el periódico?”. Al contestarle que sí, quiso leer los números publicados. “¿Siguen aún las dificultades económicas?” “¡Cómo quieres que no sigan!” La respuesta de Durruti fue hacer entrega de una fuerte cantidad de dinero. En esto, notó Durruti que se le miraba con recelo; para desvanecer las dudas que flotaban entre los compañeros mexicanos, mostró una carta de Sebastian Faure que llevaba en el bolsillo, acusándole recibo de una fuerte cantidad destinada a la biblioteca social” (145).

Y otro testigo escribe sobre la misma época; “Una sorpresa -así empezaba los renglones el compañero C. V., al explicarnos la vida azarosa de Durruti-, invitome a almorzar, no sin pedirme que vistiera mi mejor traje, porque íbamos a uno de los principales restaurantes porteños. Rehusé aceptar la invitación, teniendo, no un escrúpulo, pero sí una aversión a todo aquello que contrariaba mi vida y pensamiento de militante. Insistió, explicándome que era indispensable que le acompañase, que tenía que hablar conmigo; que no podía invitarme a un modesto restaurante, debido a que había llegado a Tampico en plan de hombre acaudalado. Acepté, al fin, intrigado, ¿por qué no he de decirlo?, tanto por la curiosidad, como por saborear platillos que no había probado desde hacía largo tiempo. Ya de sobremesa, Durruti me dijo:

“-¿Qué os parecería si pudiéramos tener miles y miles de pesos para establecer un centenar de escuelas como la que ha fundado el Sindicato Petrolero?

– Eso es un sueño, Miguel – respondí. (Miguel era el nombre que Durruti utilizó en México.)

– Pues no será un sueño; quizá yo pueda entregar a vuestra Confederación cien mil pesos.

Durruti sentía un verdadero cariño por los niños, por eso ofrecía su vida sacando dinero de los bancos para fomentar la cultura.

Despidiéndonos, díjome:

– Vamos, chico. Sé que sois hombres, que sois capaces de todo por vuestras ideas. Mirad, Los Errantes somos aquellos que trabajamos en silencio, que exponemos nuestras vidas con tal de servir a las ideas que profesamos. Vosotros sois de otra manera; peleáis contra el Estado en la legalidad; nosotros lo combatimos o lo desafiamos en la ilegalidad” (146)

Y otro testimonio más concreto aún, por lo que respecta al asalto de las oficinas de “La Carolina’’, lo tomamos de la revista “Ruta”, de Venezuela, numero 38:

“Viejos compañeros mexicanos recuerdan aún el paso de Durruti por la capital azteca, y ello por dos razones: la primera, porque Durruti fue uno de los más fervientes propulsores de la CGT mexicana, animada por aquel entonces por Jacinto Huitrón, Rafael Quintero y un puñado mas de libertarios mexicanos, y la segunda, porque supo imponerse como persona por su natural modestia y su acendrado amor al ideario”.

El articulista Víctor García cuenta con qué dificultades se encontraba la CGT para montar una escuela racionalista, y escribe:

“Durruti, que tenía la virtud de captar los problemas, muchas veces por intuición, comprendió el estado de ánimo de esos entusiastas compañeros y solicitó, en conversación reservada al Consejo de la CGT, que se le permitiera solucionar ese problema. A la pregunta de ¿qué se proponía?, respondió que lo diría en ulterior ocasión. Dos días más tarde Durruti entrega una suma considerable a esa Comisión Pro-Escuela, diciéndoles: “Esos pesos los tomé de la burguesía… No era lógico pensar que me los diera por simple demanda”. Al día siguiente, los rotativos de la capital mexicana señalaban con títulos a ocho columnas la noticia del atraco a la fábrica de “La Carolina”. Daban, en números exactos, la cantidad sustraída. Esa era, sin un centavo menos, la suma que Buenaventura Durruti había entregado el día anterior a los amigos de la Escuela Racionalista” (147).

Naturalmente, cuando se va a buscar dinero de la manera en que iban Los Errantes, no siempre era todo fácil. En el asunto de “La Carolina”, el cajero descolgó el teléfono para prevenir a la policía, hubo un forcejeo, se escapó un tiro, y este terminó con la vida del empleado. El caso apuntaba feo, pues ya se habían producido varios hechos de asalto -unos con suerte y otros sin ella- , por lo que se pensó que era mejor salir de México lo antes posible; y no por temor a las redadas de la policía, ya que éstas se orientaban hacía los barrios pobres, mientras Durruti y Ascaso habitaban un lujoso hotel, cubriéndose bajo el nombre de “Mendoza”, de profesión “propietario de minas en Perú”, y su acompañante. Y así, “un día, ligeros de equipaje, con pasaportes falsos y con muy pocos pesos en los bolsillos, abandonaron el hotel, dejando a “Mendoza” la obligación de liquidar la cuenta, alejándose de México para retornar a Cuba” (148).

 

Abel Paz

Fragmento del libro “Durruti en la Revolución española” Capítulo XI, “Guerrilleros en Sudamérica”.


Notas:

140. Estos detalles se encuentran en un artículo del periódico “El Amigo del Pueblo”, portavoz de la agrupación “Los Amigos de Durruti”, titulado “Durruti en tierras de América”, número 11, 20 de noviembre de 1937.

141. Testimonio de Atanasia Rojas, viuda del compañero Román Delgado. Atanasia vive aún en México y cuenta ochenta años.

142. Idem.

143. Flores Magón. Artículo reproducido por “Regeneración”, en su número de abril de 1970. “Regeneración” es el órgano de la Federación Anarquista Mexicana.

144. Hasta aquí seguimos el testimonio de Atanasia Rojas, pero a partir de este momento las cosas se complican a causa de los nombres falsos y las fechas. Durruti se hacia llamar “Carlos”, y a “el Toto” se le denomina con el apelativo de “el Chino” o con el nombre de “Antonio Rodríguez”. Por otra parte, aparece un peruano llamado Víctor Recoba, que llega circunstancialmente a México, pero a quien se le pierde la pista después. Este capítulo es de los más intrincados sobre las vidas de Durruti y de Ascaso. Nuestras investigaciones han ido lo mas lejos posible; pero, quizá, un día puedan aclararse todavía más si aparece un escrito de Gregorio Jover, en el que narra estas aventuras a petición de Santillán, quien declara que ese testimonio de Gregorio Jover quedó en Barcelona entre sus papeles cuando esta ciudad cayó en manos de “los nacionales” el 26 de enero de 1939.

145. “El Amigo del Pueblo”, número citado, y en “Ruta”, de Caracas, Venezuela, num. 38, artículo de Víctor García hablando sobre Durruti a su paso por México: Otro relato ilustrativo de esta permanencia en el país de Flores Magón, Emiliano Zapata y Francisco Villa, nos la brinda Jose Peirats: “Yo pude conocer a Ascaso más de cerca. De sus labios escuché una anécdota sobre su aventura en América. Ocurrió cuando con los pies en polvorosa abandonaron Cuba por Yucatán. Desembarcados en el país maya, corrió pronto el viento de su fama. Alguien preparó un mitin en un rancho ante un centenar de campesinos. Durruti se vio obligado a pronunciar un discurso incendiario con mención constante a la revolución. Pero el público permanecía impasible. Durruti hacía subir el tono obteniendo idéntico resultado. Ascaso le susurró: “Termina ya, esta visto que tienen sangre de horchata”. Durruti encontró por fin el difícil final y naturalmente, no hubo aplausos ni vivas. Pero uno de los oyentes salió de su mutismo y, acercándose al orador, le dijo cadenciosamente: “Manito, vamos ahorita mismo a hacer la revolución. Toditos estamos puestos…” En “Frente Libertario”, de la CNT -en el exilio-, París, noviembre de 1972, artículo titulado: “Hipoteca sobre el heroísmo”.

146. “El Amigo del Pueblo”, número citado.

147. “Ruta”, ejemplar ya citado.

148. “El Amigo del Pueblo”, ya citado.

 

Un casino en llamas

Los efectos combinados de la epidemia del Coronavirus y las repercusiones de la globalización –sobre la que actúa con creciente peso la carrera desenfrenada por apoderarse de la tierra y de los metales raros, necesarios para la construcción de satélites, la digitalización de la producción y de la sociedad, y la llamada transición energética–, abren escenarios impredecibles. Por un lado, asistimos a una aceleración sin precedentes hacia el control totalitario; por otro, la valorización del capital parece cada vez más frágil, poniendo en tela de juicio directamente al Estado. No sólo las condiciones materiales, la salud y la libertad están decayendo, sino que esto está ocurriendo a través de una experiencia de masas, y a escala internacional. El poder ondea la bandera de la necesidad, pero impera la contingencia.

Probemos sustituir «nocividad» por «epidemia»: «A pesar de todas sus evidentes ventajas como método de gobierno, la proscripción de la conciencia no escatima en la devastación de la sociedad, que en sí se corrompe irreversiblemente. Y cuando pretende actuar como garante de la supervivencia de la humanidad, sólo añade a su habitual irrealismo un simulacro de guerra contra la nocividad, el último truco tramposo en un casino en llamas». Lo que le da cierto aire de final de juego a todo esto, no son las pretendidas «crisis insuperables del capitalismo», sino los límites ecológicos del Planeta, los cuales cada vez son mas difíciles de enmascarar con los avances tecnológicos.

En este escenario, un proyecto revolucionario no puede prescindir del análisis cuidadoso de sus «puntos de aplicación». Y aquí volvemos a la cuestión del espacio público. Por una suerte de paradoja, el municipalismo libertario de Bookchin es una de las referencias del «confederalismo democrático» que experimentan las comunidades kurdas en el contexto de la guerra de guerrillas. Dejemos por un momento de lado cuánto hay de autopromoción del PKK en tal referencia. Nos interesa otra línea de razonamiento. Los ejemplos históricos en los que se fundamentó la propuesta Bookchiniana eran los clubes de la Revolución Francesa, la Comuna y la democracia directa de los Consejos. Hace más de veinte años, alguien señaló que era imposible sacar esos ejemplos de organización federalista de su contexto material y psicológico: el movimiento insurreccional. Sin esa ruptura –continuaba el razonamiento– no se construye ningún espacio real de diálogo en las ciudades del Estado. La idea de una secesión progresiva de la dominación mediante municipios libertarios federados entre sí progresivamente, no es sólo una ilusión que antepone los efectos a las causas, sino también el terreno abierto para cualquier tipo de cogestión institucional. El hecho que Bookchin haya aterrizado en la propuesta de las listas cívicas para presentarse a elecciones municipales, no es un accidente en el camino, ni un ejemplo flagrante de inconsistencia personal: es la conclusión lógica de quienes piensan que el «modelo insurreccional» es un fantasma del pasado, un legado del siglo XIX que impidió la formulación y la práctica de una política libertaria acorde a los tiempos. Ahora, no sólo ese fantasma ha vuelto a vagar por el mundo con creciente frecuencia, sino que bajo su «hechizo» las experiencias de democracia directa que realmente merecen ser criticadas, han tomado forma (las demás se critican a sí mismas por la dañina irrealidad en la que se retuercen). Y la crítica, como vimos antes respecto a los consejos obreros, no puede detenerse en la forma (unanimidad versus mayoría, delegados revocables versus portavoces permanentes, etc.), sino que debe descender al nivel del contenido: que no es tanto en el discurso sino en la práctica donde se transforma la vida, lo que se pone en común más allá de las palabras, la relación entre la autoorganización de la violencia y el diálogo real, los ámbitos sociales que se ven tocados y desbordados por la lucha. En resumen, el grado de irreversibilidad alcanzado por el movimiento.

No es casual que quienes piensan en términos de proyección de «ese dominio público, donde la libertad puede desplegar sus seducciones y convertirse en una realidad tangible», sean, sobre todo, quienes se mantienen más alejados de los choques sociales que permiten su formación. Esa es nuestra limitante, que ciertas fórmulas mágicas («destruir el trabajo», «dinamitar lo existente»…) ayudan a disimular. Ahora bien, si realmente deseamos soltar el vaso, es cuestión de ir más allá de esas fórmulas. Y luego, pensar en el anarquismo, no sólo como una metodología insurreccional –si nos limitamos a eso, no abandonamos el ámbito de la forma– sino como proyecto revolucionario. Como un conjunto articulado de contenidos en constante búsqueda de sus «puntos de aplicación». La práctica de los grupos de afinidad y la coordinación informal, nos indican cómo deben organizarse los compañeros; en el mejor de los casos, nos sugieren cómo intervenir en cierto contexto, a partir de determinados ángulos de ataque, que permiten abrir ciertas brechas; pero en sí mismas –precisamente porque un proyecto requiere de un método, pero no es simplemente un método– permiten que transpire muy poco de la vida por la cual están luchando; por ejemplo: las primeras medidas comunistas que intentan adoptar en un contexto insurreccional.

Massimo Passamani

 

Fragmento de “La palabra y la cosa: a propósito del proyecto revolucionario”; Los Días y las Noches: Rivista anarchica. Número 11. Julio 2020.

 

Traducción Corrispondenze Anarchiche.