Partido anarquista y plataformismo

El anarquismo es un movimiento -es decir, una multiplicidad de tendencias- cuyo fin general es fundar una sociedad sin explotados ni oprimidos, aboliendo toda forma de gobierno y de propiedad de los medios de producción, eliminando las clases sociales y sus privilegios, las desigualdades raciales, sexuales, económicas, políticas y sociales. Este esbozo descriptivo comprende a la mayoría de las tendencias que se denominan anarquistas: individualistas, organizacionistas, comunistas, colectivistas, plataformistas, anarcosindicalistas, etc. No obstante este carácter movimientista inherente al anarquismo, algunas tendencias tienen una visión no tan inclusiva, sino que apuntan a la conformación de una organización anarquista de tipo partidaria: un partido anarquista.

Estas propuestas toman generalmente como punto de partida a la Plataforma Organizativa que allá por los años ’20 pergeñaran en el exilio Makhno, Archinov y otros destacados militantes anarquistas rusos, que habían logrado salir de la Rusia bolchevique. Este documento proponía la reorganización del anarquismo en Rusia incorporando –sin reconocerlo- elementos de neto corte leninista, con la intención de superar los errores que habían llevado a la derrota anarquista frente a la preponderancia bolchevique durante la Revolución Rusa. Dentro de esta línea plataformista se destacan el Workers Solidarity Movement de Irlanda y la NEFAC norteamericana, siendo algunos de sus referentes más conocidos en América Latina la Alianza de los Comunistas Libertarios de México, la Organización Comunista Libertaria de Chile, la Federación Anarquista Gaucha brasileña y la OSL argentina. Pero también han habido en los ‘60 y ‘70 otras tendencias que sin reconocerse abiertamente plataformistas, han esbozado un sendero paralelo influenciados por la revolución cubana. El principal referente de esta línea ha sido la Federación Anarquista Uruguaya, organización paradigmática y fuente de inspiración de organizaciones anarco-marxistas y anarquistas de estilo partidario, como fue el caso en Argentina de Resistencia Libertaria, así como de varias organizaciones plataformistas.

En la mayoría de estas tendencias y organizaciones existen ciertos presupuestos compartidos, patrones comunes y elementos afines, que permiten englobarlas como una única corriente. Su elemento más destacado es la concepción de que la revolución anarquista debe ser propulsada por organizaciones de tipo partidario. Esta concepción ha sido justificada desde diversos ángulos y con argumentaciones diferentes, no siempre congruentes entre sí. De todos modos, los puntos en común prevalecen por sobre las diferencias, que parecen más bien matices de un mismo color.

Provisoriamente digamos que, entendemos por partido político a un grupo de personas conformando una organización política adscripta a una ideología y con un programa de acción, cuya finalidad es la toma del poder político, es una organización independiente del Estado y tiene como pretensión ser representante de la voluntad general y los intereses de la mayoría. El partido político se nos presenta como un vehículo de transformación social, como un medio  para alcanzar un fin (el gobierno). La concepción del partido anarquista se ajusta a los parámetros generales de los partidos políticos en lo teórico, salvo en lo que respecta a la toma del poder político; el medio de transformación social es la organización partidaria, que establecería la dirección revolucionaria. Frente a esta concepción representativa, directiva, externa y mediadora del plataformismo y el anarco-partidismo, se erige la mayor parte del movimiento anarquista en todas sus otras vertientes. A continuación, examinaremos algunos de los presupuestos básicos y argumentos que estas tendencias utilizan para justificar la necesidad organizarse bajo la forma de partido.

[…]

En el comienzo, La Plataforma.

Se puede afirmar que prácticamente todas las variantes de anarco-leninismo, anarco-bolchevismo y anarco-partidismo tienen su origen en la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios que publicaran en 1926 los anarquistas ucranianos y rusos exiliados en París, y que se agrupaban alrededor del periódico bimestral Dielo Truda (La Causa de los Trabajadores). Los dos integrantes más notorios del grupo eran Piotr Archinov y Néstor Makhno, el célebre comandante guerrillero ucraniano.

Si bien el documento fue firmado por el colectivo editorial de Dielo Truda, fue redactado prácticamente en su totalidad por Piotr Archinov, lo cual se desprende de cotejar la redacción del texto de La Plataforma con otros de sus artículos. Igualmente el programa redactado por Archinov reflejaba sinceramente la posición de todo el colectivo  editorial de Dielo Truda, que acostumbraba a firmar también como Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero. En realidad la publicación del panfleto fue la presentación oficial de una serie de artículos y discusiones previas donde se analizaban las causas de la derrota del movimiento anarquista ruso por los bolcheviques y se criticaba con rudeza la propuesta de conformar organizaciones mixtas y de síntesis, es decir, que agruparan en su interior las tres corrientes principales del pensamiento anarquista, y que había sido patrocinada por Volin, Sebastián Faure y otros anarquistas de renombre. Esta situación llevó a una agria disputa entre Volin, Fleshin y otros anarquistas rusos con Archinov, Makhno y el grupo Dielo Truda, que no estaría exenta de difamaciones e injurias entre sus protagonistas. Las críticas hacia la Plataforma fueron contundentes e involucraron a las figuras más prominentes del anarquismo internacional, baste mencionar a Errico Malatesta, Luigi Fabbri, Camilo Berneri, Sebastián Faure, Max Nettlau, Alexander Berkman y Emma Goldman. Veamos entonces qué era lo que proponía la Plataforma Organizativa que provocó una reacción tan encendida.

Las propuestas de La Plataforma Organizacional

El documento que publicó Dielo Truda comenzaba afirmando que la debilidad del movimiento anarquista internacional se debía a

“un número de causas, de las cuales la más importante, la principal, es la ausencia de principios y prácticas organizativas en el movimiento anarquista. En todos los países, el anarquismo está representado por una serie de organizaciones locales que advocan teorías y prácticas contradictorias, sin tener perspectivas de futuro, ni una constancia en el trabajo militante, y habitualmente desapareciendo , dejando difícilmente la más mínima huella tras de sí. Tomado como un todo, tal estado del anarquismo revolucionario sólo puede ser descrito como «desorganización crónica». Como la fiebre amarilla, esta enfermedad de desorganización se introdujo en el organismo del movimiento anarquista y le ha sacudido por docenas de años. (…)

Fue durante la Revolución Rusa de 1917 que la necesidad de una organización general fue sentida más hondamente y más urgentemente. Fue durante esta revolución que el movimiento libertario mostró el más alto grado de seccionalismo y confusión.”

Sostenían que este estado caótico se debía a una falsa interpretación del principio de individualidad, confundiéndolo con el egoísmo, la indiferencia política y la ausencia de responsabilidad. Todas estas afirmaciones si bien tenían su parte de verdad, eran generalizaciones que los autores de La Plataforma exageraban rabiosamente con el fin de reforzar su posición. Por otro lado, para hacer esta clase de generalizaciones se basaban en su propia experiencia del fracaso organizativo del movimiento anarquista ruso. No podría en verdad calificarse como un estado de “desorganización crónica” a la situación del movimiento anarquista en los países con fuerte tradición anarcosindicalista, siendo el caso más notable el de el movimiento español.

No solo los anarquistas individualistas eran blanco de las críticas del grupo Dielo Truda. También rechazaban el modelo organizativo propuesto por Volin y Faure, conocido como organizaciones de síntesis, que habían funcionado durante un tiempo en la revolución rusa como la Confederación Nabat y que también existían en países como Francia. Incluso los anarcosindicalistas fueron el blanco de sus críticas.

“Rechazamos como inepta, práctica y teóricamente, la idea de crear una organización con la receta de la “síntesis”, esto es, con reunir los representantes de diferentes tendencias del anarquismo. Tal organización, habiendo incorporado elementos heterogéneos teórica y prácticamente, sólo sería un ensamblaje mecánico de individualidades cada cual teniendo una diferente concepción de todas las cuestiones respecto al movimiento anarquista, un ensamblaje el cual llevaría inevitablemente a la desintegración en el encuentro con la realidad. El método anarcosindicalista no resuelve el problema de la organización anarquista, ya que no le da prioridad a este problema, interesándose solamente en penetrar y ganar fuerzas en el proletariado industrial.”

Proponían en cambio una unión general de anarquistas en base a posiciones precisas en lo táctico, teórico, organizativo y férreamente disciplinada  bajo el principio de responsabilidad colectiva, en base un programa definido y homogéneo. El objetivo del documento era establecer una plataforma mínima sobre la cual deliberar para dar forma a dicha organización. Los principales puntos que Archinov, Makhno y sus camaradas proponían como ineludibles eran:

1. La noción de lucha de clases como principal de la ideología anarquista. Es en esta afirmación donde la influencia de Archinov –quien había militado en las filas bolcheviques hasta 1906- se manifestaba en todo su peso. Además, se evidenciaban las influencias marxistas que convivían con su pensamiento anarquista, en una suerte de anarco-bolchevismo no declarado.

“En el dominio social toda la historia humana representa una cadena ininterrumpida de luchas de las masas laboriosas por sus derechos, libertad y por una mejor vida. En la historia de la sociedad humana esta lucha de clases ha sido siempre el factor primario que determinó la forma y estructura de estas sociedades. El régimen social y político de todos los Estados es por sobre todo el producto de la lucha de clases. La estructura fundamental de toda sociedad nos muestra el estado que alcanzó y en que se encuentra en la lucha de clases. El más mínimo cambio en el curso de la lucha de clases, en la posición relativa de las fuerzas en la lucha de clases, produce modificaciones continuas en el tejido y estructura social. Tal es el alcance y significado universal, general de la lucha de clases en la vida de las sociedades de clases.”

Esta postura no se diferencia de la famosa afirmación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels acerca de que la Historia de la humanidad es la Historia de la lucha de clases entre explotadores y oprimidos. Si bien esta es una verdad indiscutible, no es menos cierto que esa no es toda la verdad, sino que más bien es una versión extremadamente estrecha, determinista y reduccionista de la Historia. Esta actitud favorable a un clasismo restringido mayormente a la clase obrera urbana e industrializada, revelaba una cierta estrechez de miras, restando importancia a la situación campesina en un país con población mayoritariamente rural. No obstante, en La Plataforma las alusiones a la clase trabajadora suelen ser confusas y cambiantes, porque a veces parece referirse a la clase obrera específicamente, mientras que en otros casos lo hace en un sentido más amplio, que incluiría a los campesinos y asalariados en general,  o como referencia genérica a las masas laboriosas.

2. La idea de las masas como portadoras de una capacidad creativa y anárquica natural. El anarquismo sería una actitud inherente a las masas, que los pensadores anarquistas, es decir, Bakunin, Kropotkin y otros, “habiéndola descubierto en las masas, simplemente ayudaron con la fuerza de su pensamiento y su conocimiento a especificarla y divulgarla”. El documento declara expresamente diferenciarse de los bolcheviques quienes “consideran que las masas poseen sólo instintos revolucionarios destructivos, siendo incapaces de la actividad creativa y constructiva- razón principal por la cual estas actividades deben ser concentradas en manos de los hombres que conforman el Estado y el Comité Central del Partido”. Esta tesis de los editores de Dielo Truda será incongruente con otras proposiciones que sustentarán en el mismo documento, y que no los diferencian de la reprochada visión de los bolcheviques.

3. El Comunismo Libertario como la idea troncal del movimiento. El grupo liderado por Archinov consideraba al individualismo anarquista como refractario a la organización, la disciplina y el compromiso, por lo cual sus adherentes ni siquiera eran tenidos en cuenta para la conformación de una Unión General de Anarquistas, mientras que el anarco-sindicalismo era considerado como un medio para llegar a un fin (el comunismo anarquista). Por eso creían –y no sin razones de peso- que era imposible llegar a una síntesis como la que proponía Volin, por ser arbitraria esta división del anarquismo en tres ramas (Dielo Truda Nº 10, marzo de 1926). Esta actitud de los plataformistas sería criticada por los propios anarco-comunistas como Luigi Fabbri, por pretender excluir del movimiento anarquista a todas las otras tendencias que no concordaban con la suya. Otro problema que generaba la adhesión excluyente al comunismo libertario era que fracasaba en su intento de unificar al movimiento, precisamente por no incluir a las otras tendencias, y entonces perdía su principal razón de existir. Recordemos que el documento sostenía que “las fuerzas de todos los militantes anarquistas deben estar orientadas hacia la creación de esta organización”, es decir, la Unión General de Anarquistas.

4. Conformar una Unión General de Anarquistas, fundada en la unidad ideológica, la unidad táctica y la responsabilidad colectiva; e implementar un programa de acción a cumplir. Esta era una de las cuestiones que generó mayores rechazos e impugnaciones. Estos tres puntos tan conflictivos eran definidos escuetamente por los plataformistas, y debieron ser ampliados en posteriores documentos. Los principios fundamentales de la organización de la Unión General de Anarquistas eran:

“1- Unidad Teórica: La teoría representa la fuerza que dirige las actividades de las personas y de las organizaciones a lo largo de un sendero definido hacia un determinado fin. Naturalmente, debe ser común a todas las personas y organizaciones adherentes a la Unión General, tanto en lo general como en sus detalles, deben estar en perfecto acuerdo con los principios teóricos profesados por la Unión.

2- Unidad Táctica o Método de Acción Colectivo: Del mismo modo, los métodos tácticos empleados por miembros separados y por las organizaciones en la Unión deben ser unitarios, esto es, estar en riguroso acuerdo tanto entre sí y con las teorías y tácticas generales de la Unión. Una línea táctica común en el movimiento es de decisiva importancia para la existencia de la organización y para el movimiento todo: remueve los desastrosos efectos de muchas tácticas en oposición unas con otras, concentra todas las fuerzas del movimiento, les da una dirección común llevando al objetivo fijado.

3- Responsabilidad Colectiva: La práctica de actuar bajo la única responsabilidad individual debe ser decisivamente condenada y rechazada en las filas del movimiento anarquista. Las áreas de la vida revolucionaria, social y política, son, por sobre todo, profundamente colectivas por naturaleza. La actividad social revolucionaria en estas áreas no puede estar basada en la responsabilidad personal de los militantes individuales. El órgano ejecutivo del movimiento anarquista general, la Unión Anarquista, tomando una línea firme en contra de la táctica del individualismo irresponsable, introduce en sus filas el principio de la responsabilidad colectiva: La Unión entera será responsable de la actividad política y revolucionaria de cada uno de sus miembros; del mismo modo, cada miembro será responsable de la actividad política y revolucionaria de la Unión como un todo.”

Un cuarto punto sostenía la necesidad del Federalismo, la independencia de los individuos y la descentralización, pero a continuación argumentaba que “con frecuencia el principio federativo se ha deformado en las filas anarquistas: ha sido reiteradamente entendido como el derecho, por sobre todo, a manifestar el «ego» individual, sin la obligación a los deberes de los cuales requiere la organización. Esta falsa interpretación, desorganizó a nuestro movimiento en el pasado. Es tiempo de ponerle fin en forma irreversible y firme. Federación significa el libre acuerdo de los individuos y organizaciones para trabajar colectivamente hacia un objetivo común.” Esta exagerada salvedad que hacían los plataformistas los habilitaba para afirmar que el único federalismo bien entendido era suyo.

5. Instauración de un Comité Ejecutivo; guía ideológica, vanguardismo, dirigismo y toma de decisiones con preponderancia de las mayorías. Aunque en La Plataforma se declara expresamente que no se aspira al poder político ni al gobierno, sino que la principal aspiración del anarquismo debe ser ayudar a las masas a lograr su emancipación para la construcción del socialismo, en seguida se contradice con esta afirmación y con la noción expresada anteriormente acerca de la capacidad natural creativa las masas:

“Pese a que las masas se expresan profundamente en los movimientos sociales en términos de las tendencias y principios libertarios, estas tendencias y principios, permanecen dispersos, descoordinados, y consecuentemente, no llevan a la organización del poder conductor de las ideas libertarias, el cual es necesario para preservar la orientación anarquista y los objetivos de la Revolución Social. Esta fuerza conductora teórica, sólo puede ser expresada por una colectividad especialmente creada por las masas para éste propósito. Los elementos anarquistas organizados constituyen exactamente ésta colectividad.

(…)En todas estas cuestiones, y en muchas otras, las masas demandan una clara y precisa respuesta por parte de los anarquistas. Y desde el momento en que los anarquistas declaran una concepción de la revolución y de la estructura de la sociedad, están obligados a dar a éstas cuestiones una clara respuesta, para relacionar la solución de estos problemas con la concepción general del comunismo libertario, y para abocar todas sus fuerzas para la realización de éste.

Sólo en este sentido la Unión General de Anarquistas y el movimiento anarquista completo aseguran su función como fuerza conductora teórica de la Revolución Social (subrayado nuestro).”

Son estas pretensiones de convertirse en una organización “creada por las masas” que actúe como guía teórica de las masas dispersas y desorganizadas, las cuales “demandan” una “clara y precisa respuesta” de los anarquistas, las que aproximan los planteos plataformistas con los leninistas. Aquí vemos reaparecer la función de la organización partidaria en toda su dimensión, como conductora del instinto revolucionario de las masas y como única línea teórica admisible. Esta idea de conducción y guía que proponían los plataformistas, se manifiesta en el formato organizativo centralizado en un comité ejecutivo de clara vocación jerárquica, en flagrante contradicción con los principios federalistas.

“Cada organización adherida a la unión representa una célula vital del organismo común. Toda célula debe tener su secretario, ejecutando y guiando teóricamente el trabajo político y técnico de la organización.

Con vista a la coordinación de las actividades de todas las organizaciones adherentes a la Unión, será creado un órgano especial: el comité ejecutivo de la Unión. El comité tendrá a su cargo las siguientes funciones: la ejecución de las decisiones tomadas por la Unión que se les haya confiado; la orientación teórica y organizacional de las actividades de los grupos aislados de forma consistente con las posiciones teóricas y con la línea táctica general de la Unión; la mantención de los lazos de trabajo y organizativos entre las organizaciones en la Unión y las otras organizaciones. “

La Unión General de Anarquistas n se diferenciaba mucho de cualquier partido político, salvo la expresa negativa a formar un gobierno, pero sin renunciar a un rol dirigente sobre las masas, sobre los sindicatos y consejos de trabajadores, mediante un comité ejecutivo centralizado.

6. El rol del sindicalismo. Para los plataformistas el sindicalismo era el principal medio de lucha, pero al no tener una teoría revolucionaria propia, era indispensable inclinarlo en una dirección libertaria. El anarcosindicalismo se presentaba a ojos de los plataformistas como incompleto e incapaz de anarquizar al movimiento obrero. La táctica de La Plataforma para los sindicatos no se diferenciaba de la aplicada por los partidos leninistas.

“La tarea de los anarquistas en las filas del movimiento de trabajadores revolucionarios puede sólo ser cumplida en condiciones tales que su trabajo se vea íntimamente ligado y asociado con la actividad de la organización anarquista por fuera del sindicato. En otras palabras, debemos ingresar al movimiento sindical revolucionario como una fuerza organizada, responsable de cumplir su trabajo en el sindicato ante la organización general de los anarquistas, y orientada por ésta última.

Sin restringirnos a la creación de sindicatos anarquistas, debemos buscar ejercer nuestra influencia teórica en todos los sindicatos, en todas sus formas (los IWW, las TU rusas). Sólo podemos alcanzar éste fin trabajando en grupos anarquistas rigurosamente organizados; pero nunca en pequeños grupos empíricos, sin ligazón organizativa ni acuerdo teórico entre ellos (subrayado nuestro).”

Esta propuesta no se diferencia del dirigismo que aplicaron los bolcheviques sobre los soviets, convirtiéndolos en apéndices del Partido Comunista. En otras palabras, los trabajadores no son quienes deciden libremente en condición de tales, sino que la línea es inducida, infiltrada o impuesta desde una organización exterior al gremio o al consejo obrero.

7. La cuestión de la Defensa de la Revolución. Basados en su experiencia durante la revolución rusa y su participación en la guerra revolucionaria en Ucrania, el grupo de Makhno y Archinov proponía la creación de un ejército para la defensa de la revolución contra la inevitable reacción de la burguesía.

“Como en todas las guerras, la guerra civil no puede ser emprendida por los trabajadores con éxito a menos que apliquen los dos principios fundamentales de toda acción militar: unidad en el plan de operaciones y unidad del mando común. El momento más crítico de la Revolución vendrá cuando la burguesía marche en contra de la revolución como fuerza organizada. Este momento crítico obliga a los trabajadores a adoptar éstos principios de la estrategia militar.

De tal modo, en vista de las necesidades impuestas por la estrategia militar, además de la estrategia de la contrarrevolución, las fuerzas armadas de la revolución deben estar inevitablemente basadas en un ejército general revolucionario con un mando común y con un plan de operaciones.”

En teoría, este ejército estaría sometido a la jurisdicción de las organizaciones productivas de obreros y campesinos, lo que no deja de sonar como un formalismo inaplicable. Según advertían los firmantes del documento, la creación de un ejército debería ser tomada no como una cuestión de principio sino más bien de tipo estratégica, a la que los trabajadores se verían “fatalmente forzados” a recurrir en defensa de revolución.

Hasta aquí hemos repasado sucintamente los argumentos básicos que proponía la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios. Las respuestas no se hicieron esperar, no solo dentro del círculo de los exiliados rusos sino también entre camaradas de otros países.

Las reacciones contra la Plataforma.

El documento de Dielo Truda provocó una catarata de respuestas críticas, algunas destempladas y otras mesuradas. Entre los anarquistas rusos exiliados el alboroto tomó ribetes escandalosos cuando comenzaron las acusaciones cruzadas entre antiguos camaradas de lucha.

Desde el grupo de Volin se explicitó que la Plataforma era tributaria de la ideología bolchevique y se hacía referencia al pasado de Archinov, que antes de integrarse al anarquismo en 1906 había militado en las filas bolcheviques; según ellos, nunca se había distanciado de las ideas de Lenin. Como contrapartida, Makhno sugirió que Volin se había pasado a los comunistas en 1919, en ocasión de ser tomado prisionero por el Ejército Rojo. Alexander Berkman salió en defensa de Volin acusando a Makhno de poseer un temperamento militarista y que estaba moralmente dominado por Archinov. De éste opinaba que “su carácter es enteramente bolchevique”; “tiene un carácter dominante, arbitrario y tiránico. Todo ello arroja alguna nueva luz también sobre la Plataforma Organizativa” (P. Avrich; Los anarquistas rusos: 247). La Plataforma era vista como una desviación anarco-bolchevique y que pregonaba un anarquismo de corte partidario.

La derrota, el penoso exilio y la certeza de un futuro ominoso carcomían por dentro al grupo de exiliados rusos: las rivalidades personales estallaban entre los viejos revolucionarios; la discordia había ocupado el espacio de la camaradería, dando un penoso golpe de telón al accionar del anarquismo ruso.

La crítica de Volin, Fleshin y otros exiliados rusos.

En abril de 1927 se publicó en ruso y en francés la Respuesta al documento de Dielo Truda, primera intervención en una larga serie de debates acerca del rol de la organización anarquista. La Respuesta se inauguraba con la siguiente frase: “No estamos de acuerdo con las afirmaciones de la Plataforma…” revelando el tenor crítico que tendría el documento de allí en más. Continuaba con un rechazo explícito de las motivaciones sobre las que el grupo Dielo Truda se basaba para fundamentar su propuesta: que la debilidad del movimiento anarquista se debía a la ausencia de principios organizativos. Sin rechazar la necesidad de organizarse, el grupo de Volin consideraba que la Plataforma “sobre enfatizaba la importancia del rol de la organización”, estableciendo una partido centralizado que insertaría una línea política y táctica para el movimiento anarquista.

Además de rechazar la idea de anarquismo de síntesis según estaba explicitada en la Plataforma, el grupo de Volin sostenía que proponer a la idea de lucha de clases como la única válida para el anarquismo, rechazando los principios humanistas e individualistas implicaba constreñir la idea, limitarla a un solo punto de vista.

“El anarquismo es más complejo, sintético y diverso, como lo es la vida misma. Su componente de clase consiste principalmente en la lucha por la liberación; su carácter humanitario constituye su aspecto ético y la base de la sociedad humana; su individualismo, el ser humano como finalidad”.

Con respecto al rol de las masas, la Respuesta sostenía que la tesis de la Plataforma podía resumirse en: las masas deben ser dirigidas. Por el contrario, sostenía Volin y compañía que los anarquistas no debían dirigir a las masas sino actuar desde las masas. La perspectiva plataformista no se diferenciaba de la de los partidos políticos en este punto de vista, porque compartía con ellos presupuestos similares: a) las masas deben ser dirigidas, b) la minoría conciente separada de las masas debe llevar la iniciativa, c) este colectivo debe organizarse en un partido que debe tomar la iniciativa en todas las áreas de la revolución.

“Los anarquistas y las organizaciones específicas (grupos, federaciones, confederaciones) solo pueden ofrecer asistencia ideológica, sin asumir el rol de líderes.” La más leve insinuación de caudillaje, superioridad o liderazgo sobre las masas, conduciría a una aceptación y sometimiento a una dirección separada de las bases.

Otro de los puntos de la Plataforma que rechazaba la Respuesta era la obligatoriedad de la aceptación de ciertas decisiones, cuyo rechazo conllevaba la aplicación de sanciones; esto significaría “el comienzo de la coerción, la violencia y los castigos”. Consecuentemente, el grupo de Volin rechazaba la idea de controlar “en  momentos específicos” la libertad de expresión y de prensa en defensa de la revolución, como proponían los plataformistas. ¿Quienes impondría estos límites, quienes determinarían los momentos específicos cuando llegase el caso, quiénes tendrían esa capacidad de decisión?: la autoridad y el poder se rehabilitarían, aunque se los calificase con otros nombres.

Con respecto a la defensa de la revolución, el grupo de Volin sostenía que en la propuesta de la Plataforma de un ejército dirigido por un comando centralizado se evidenciaba un error técnico y un error político. El error técnico consistía en  creer que un ejército de esas características es idóneo para la defensa de la revolución, por el simple hecho de su centralización. El despliegue de un plan general de acción ideado por un comando centralizado no está a exceptuado de llevar la revolución a la derrota. Un ejército centralizado podría ser tan nefasto e ineficaz como unidades descoordinadas aisladas y desperdigadas. El error político consistiría en que un comando centralizado desalentaría las iniciativas regionales e individuales; además, engendraría un aparato militar aplastante y una tendencia a considerar al centro de mando especializado como infalible. Como consecuencia, el ejército centralizado tendría muchas probabilidades de dejar de ser “revolucionario”, para convertirse en una herramienta de la reacción, tal cual había ocurrido con el Ejército Rojo. Si las masas pierden la iniciativa  de su accionar, nada puede reemplazarlas. Ningún ejército, aparato o Cheka –como es la concepción bolchevique- salvarán a la revolución de los complots de la burguesía, si el pueblo en armas autoorganizado fracasa.

Finalmente las críticas se enfocaron sobre las formas y el rol que debía asumir la organización anarquista. La Plataforma proponía acabar con las contradicciones teórico-prácticas, con la incoherencia ideológica y la dispersión organizativa que percibía en el movimiento anarquista abrazando la unidad teórica y la unidad táctica. Esta se lograría acordando aquello que se debía conservar y abandonar de la variedad de ideas anarquistas, reduciendo las “contradicciones teóricas”, para conformar una ideología homogénea y coherente. Así se lograría una organización única que excluiría a aquellos que no acordaran con su programa. Pero el plan plataformista de lograr la unidad ideológica y táctica de los anarquistas fracasaría precisamente porque lejos de lograr la unidad, más bien generaría relaciones hostiles con aquellas organizaciones anarquistas que estén en discrepancia. En lugar de producirse la unidad y el entendimiento, prevalecerían la discordia y el enfrentamiento. Y entonces fracasaría el propósito principal de la Plataforma, que consistía en conformar una organización que agrupara a todos los anarquistas sobre una misma base: continuarían existiendo no una sino varias organizaciones.

Una organización que se pretenda ser tomada seriamente debe prestar atención a definir su rol y sus objetivos con claridad. Según la Plataforma, el rol de la organización específica es el de dirigir a las masas. “Yuxtaponer el término dirigir con el adverbio ideológicamente no cambia sustancialmente la posición de los autores de la Plataforma, porque conciben a la organización como un partido disciplinado. Rechazamos cualquier pensamiento de que los anarquistas deban dirigir a las masas”.

Los autores de la Respuesta señalaban además una contradicción flagrante. Si bien las concepciones de la Plataforma se asemejan a las de cualquier partido político, es decir, la presencia de un comité ejecutivo centralizado que asume la dirección ideológica y táctica, “al mismo tiempo afirma su fe en el principio federativo, lo cual está en absoluta contradicción con las ideas citadas previamente” ya que el federalismo significa autonomía en las bases, los grupos locales y regionales. Mientras se exalta la necesidad del centralismo, la disciplina partidaria, el rol directivo sobre las masas, la unidad teórica y táctica delineada por un comité y la necesidad de un ejército centralizado, se invoca al federalismo para conjurar el fantasma de la centralización. Como señalaron Volin y compañía, los autores de la Plataforma “están apenas a un paso del bolchevismo, un paso que no se atrevieron a dar”.

Otras réplicas a la Plataforma.

El debate sobre el rol y naturaleza de la organización anarquista que propuso la Plataforma involucró a militantes ácratas de renombre, quienes asumieron en su amplia mayoría una posición de reprobación sobre el documento de Dielo Truda. Paralelamente a la Respuesta firmada por Volin, Fleshin, Sobol y otros exiliados rusos, también editaron sus críticas en diversas revistas y periódicos Sebastián Faure y Jean Grave, mientras que  Max Nettlau  publicó El proyecto de constitución de un partido anarquista, el 30 de mayo de 1927.

Los anarquistas italianos debatieron a fondo la Plataforma y redactaron varios artículos, en la gran mayoría impugnando sus presupuestos, como fue el caso de L. Galleani con su artículo El Principio de la organización a la luz del anarquismo, de Malatesta con un escrito en Le Reveil de Ginebra en octubre de 1927 y e intervenciones del grupo Pensiero e Volontá, que integraban personalidades como Luiggi Fabbri, Ugo Fedeli y Camillo Berneri.

El artículo de Fabbri –originalmente publicado en italiano por Il Martello de New York en septiembre de 1927 y reproducido en Buenos Aires por La Protesta– se titulaba Acerca de un Proyecto de Organización Anarquista. Fabbri sostenía que La Plataforma era demasiado ideológica, poco práctica y realista, que además establecía puntos de vista axiomáticos sobre ciertas problemáticas sobre las que difícilmente se podría llegar a conseguir una unidad de criterios. Si bien la necesidad de una organización anarquista estaba completamente justificada, decía Fabbri, “no obstante, desde la introducción se advierte que el espíritu de la Plataforma, contiene efectivamente un exclusivismo excesivo, tendiente a dejar fuera del movimiento anarquista a todas las corrientes que no concuerdan con ella, no solo en cuestiones prácticas sino también ideológicas.” Excluir a otras variedades de pensamiento anarquista como el anarcosindicalismo a favor de “una unidad rigurosa de partido, una unidad ideológica y estratégica”,  sería un grave error, transformando una corriente interna en algo extraño y adverso.

También en referencia a la unidad y variedad dentro del movimiento anarquista, concluía Fabbri que la pretensión de constituir una Unión General de Anarquistas “que representase a la generalidad de los anarquistas, y excluyera de esa generalidad a aquellos que no pertenezcan a ella, en realidad siempre sería una organización particular y nunca general.” Esto equivaldría a confundir a una parte con el todo, a tomar a las razones particulares como la razón excluyente, no viendo ningún movimiento anarquista más allá de la propia organización.

Otro punto desafortunado de la Plataforma consistía en hacer de la lucha de clases la característica principal del anarquismo, “reduciendo a su mínima expresión su significación y objetivo humanitarios.” La lucha de clases es un hecho innegable pero que solo corresponde al método y a la acción revolucionaria del anarquismo, cuyo carácter fundamental consistente en afirmar la libertad social e individual negando toda autoridad impuesta y de todo gobierno. La socialización que proponen los anarquistas será “en beneficio de todos los hombres, de modo que unos dejen de ser los explotadores de otros”.

Tampoco coincide Fabbri con la idea de que las masas posean una capacidad innata anárquica creadora. La condición de clase de las masas no es la que las convierte en revolucionarias, sino que lo son en la medida de su accionar anárquico. De todos modos, aclara, sobre este punto pueden existir diferencias de opinión entre los anarquistas, y sería perfectamente inútil dogmatizarlo en cualquier sentido. Se puede acordar que los anarquistas participan de la lucha de las clases explotadas para acabar con el capitalismo. “sobre eso estamos todos de acuerdo, sin distinción: sobre el resto podemos discutir, pero no haremos de esto el argumento de una verdadera y propia división de partido”.

El punto de la Plataforma que Fabbri considera más desviacionista de la ideología anarquista es la pretensión dirigente de la organización anarquista específica sobre el movimiento obrero, la cual podría llevar a establecer una casta dirigente o -en el peor de los casos- una dictadura anarquista sobre el proletariado, una verdadera contradicción en los términos. Aunque los autores de la Plataforma pretendieran que la función dirigente se restringiría a una guía ideológica, esta situación evolucionaría en una conducción de hecho de una minoría anarquista -una especie de “estado mayor”- sobre las masas. “De otra manera no podría explicarse la diferencia que la Plataforma establece entre organizaciones de masas impregnadas de ideología anarquista y organización anarquista propiamente dicha. Una diferencia que en la práctica no podría ser precisada, ya que no se puede establecer el grado de anarquismo de la primera en comparación con la segunda, ni sancionar la legitimidad de la dirección o superioridad de la segunda sobre la primera.”

También Berneri publicaría un artículo crítico a la posición de Dielo Truda, en el periódico parisino Lotta Umana, en diciembre del mismo año. Su posición queda expresa desde el comienzo: “No estoy en absoluto de acuerdo con la Plataforma”. Al igual que para Fabbri, las masas no son portadoras de una capacidad revolucionaria innata, “en la acción popular insurreccional veo más «efectos» anarquistas que «instintos» anárquicos; no creo que la función de los anarquistas en la revolución deba limitarse a «suprimir los obstáculos» que se oponen a la manifestación de las voluntades de las masas; veo graves peligros y no pocas dificultades en los egoísmos municipales y corporativos.”

A  lo que apunta Berneri es a las complejidades de la vida social y a los particularismos regionales o culturales de naturaleza conservadora que se encuentran en todas las sociedades humanas, y cuyo comportamiento la Plataforma simplifica excesivamente universalizando un supuesto proceder de las masas.

“Si el movimiento anarquista no adquiere el coraje de considerarse aislado espiritualmente, no aprenderá a actuar como iniciador y propulsor. Si no alcanza la inteligencia política que nace de un racional y sereno pesimismo (que de hecho es el sentido de la realidad) y de un atento y claro examen de los problemas, no sabrá multiplicar sus fuerzas encontrando consensos y cooperaciones en las masas.

Es necesario salir del romanticismo. Ver a las masas, diría, en perspectiva. No existe el pueblo homogéneo, sino gentes diversas, categorías. No existe la voluntad revolucionaria de las masas, sino momentos revolucionarios, en los cuales las masas son enormes palancas.

Estar con el pueblo es fácil si se trata de gritar: !Viva! !Abajo! !Adelante! !Viva la Revolución!, o si se trata simplemente de luchar. Pero llega el momento en el que todos preguntan: ?Qué hacemos? Es necesario dar una respuesta. No para hacer de jefe, sino para que la gente no los cree.

«Táctica única» quiere decir uniforme y continua. La Plataforma ha llegado a la «táctica única» por la simplificación del problema de la acción anarquista en el seno de la revolución.”

La posición de Berneri está tan lejos de los tintes demagógicos que se evidencian en la idealización de las masas de la Plataforma, como del leninismo larvado que le atribuye en un ponzoñoso artículo el neo-plataformista José Antonio Gutiérrez, idea que en realidad es una proyección de su propio pensamiento. Tampoco es verosímil su versión sobre la supuesta pésima calidad de la traducción de la Plataforma, volcada por Volin del ruso al francés que dispusieron los camaradas italianos, para desautorizar la interpretación de Berneri, ya que Volin era un idóneo traductor. Además, es ridícula su imputación de “hacer una traducción tan tendenciosa como fuera posible”, además de insultar la inteligencia de quienes pretende defender o justificar.

Hasta en Buenos Aires se sintieron las sacudidas del debate que lanzó Dielo Truda. En el suplemento quincenal de La Protesta se publicó de forma episódica el texto de la Plataforma (cuya autoría se atribuye directamente a Archinov). Mediante notas al pie sobre la narración, el grupo editor manifestaba sus desacuerdos sobre las tesis plataformistas. En el Suplemento número 257 del 15 de febrero de 1927, se relativiza la supuesta situación caótica del movimiento anarquista internacional por no corresponder con la realidad de los hechos, se alerta sobre la exageración del “peligro individualista” del documento, se desmiente el fetichismo organizativo que se le atribuye a Bakunin, se desmiente la afirmación de que el movimiento anarquista haya bregado siempre por una unidad táctica sino más bien todo lo contrario y se previene contra la “pretensión un tanto desmesurada” de la unidad táctica.

 “¿Es que una “dirección” única, una línea general única sería más eficiente que la libre y espontánea conjugación de los esfuerzos diversos de los anarquistas? Creemos que no, y lejos de ello, nuestra opinión es que lo único que debe preocuparnos es el fomento de una mayor actividad, dejando a los individuos mismos plena autonomía.”

En la edición 260 se continuó con la publicación del texto de la Plataforma. Con respecto a la afirmación de que no existe una humanidad única sino que está dividida en dos sectores sociales, el proletariado y la burguesía, enfrascados en una lucha de clases desde el inicio de la historia humana, el grupo editor manifestó su posición.

“Este punto de vista puramente marxista, que tiene por substratum el determinismo económico, ha sido combatido siempre por nosotros (…) Es evidentemente arbitrario querer explicar la historia de esa manera, cuando la realidad no nos ha demostrado nunca esa división de clases. Al contrario, actualmente vemos que grandes masas obreras tienen o suponen tener más intereses con la burguesía que con el resto del proletariado. En el pasado, la separación de burgueses y proletarios ha existido en un grado mucho menor y hasta podría decirse que la parte revolucionaria de la humanidad se expresó más en la burguesía que en las filas de los asalariados. Recién después de la conquista del poder político por la burguesía, en 1789, comenzó el proceso de la distanciación entre burgueses y obreros. Hoy mismo ese proceso, deseable en grado extremo, ciertamente, no se ha terminado, no ha dividido a la humanidad en burgueses y proletarios. Y esa es la gran tragedia de las fuerzas de la revolución.”

También afirmaba el grupo La Protesta observaba que el desarrollo lógico de los pensamientos contenidos en la Plataforma conducirían a una nueva dominación de clase. En el número siguiente, también se expresaban ciertas reticencias hacia la Plataforma, expresadas en la interrogación de si sus autores se proponían en verdad la transformación social o más bien la aniquilación de aquellos que no pertenecieran a la clase proletaria.

Una de las contestaciones más brillantes al grupo Dielo Truda fue la de la militante rusa Maria Isidine (Maria Korn/ Maria Goldsmith). Previamente en 1926 había enviado por carta un cuestionario al grupo editorial –del que también formaba parte- con algunas de las inquietudes y dudas que generaba la lectura de la Plataforma, cuyas respuestas fueron incluidas como Suplemento aclaratorio. Ya en ese cuestionario Maria Isidine se manifestaban los puntos más controvertidos del documento de Archinov: la primacía de las mayorías sobre las minorías; la naturaleza del vínculo federativo entre los integrantes, el cual podía ser moral o coercitivo organizativo; la intervención en el movimiento obrero de carácter entrista y dirigista; la naturaleza del Comité Ejecutivo; las restricciones a la libertad de expresión, la defensa de la revolución y otras cuestiones relativas a la reconstrucción social.

Entre marzo y abril de 1928 se publicó una concienzuda contestación a la Plataforma en el periódico francés Plus Loin, números 36 y 37. Allí planteaba la controversia que generaba la palabra partido en las entrañas del movimiento. Todo dependía del significado que se otorgase ya que

“se puede aplicar simplemente a una comunidad de personas con ideas semejantes, de acuerdo entre sí sobre los objetivos a alcanzar y los medios a ser empleados, incluso sin estar delimitados por lazos formales o aunque no se conozcan entre sí. (…) En su deseo vivo de estrechar los lazos entre los militantes, los autores de la Plataforma proponen poner en marcha un modelo nuevo de partido anarquista a lo largo de las líneas contraídas por otros partidos, con toma de decisiones vinculantes por mayoría de votos, un comité central de dirección, etc.”

Para la autora el principio de preeminencia de las mayorías ocasionaría en vez de un fortalecimiento de la las organizaciones, su debilitamiento por luchas intestinas, desviando energías para intentar prevalecer en votaciones de congresos y comités, haciendo la convivencia incómoda para los integrantes de la minoría, incubando el germen de la escisión y el revanchismo.

También consideraba que el error fundamental de la Plataforma consistía en concentrarse en la estructura de la unión de grupos y la conformación de un centro directivo, a fin de salvar al movimiento anarquista, en lugar de enfocarse sobre los grupos en sí. “No es a la federación sino a los grupos que la integran a quienes debemos exigirles tales líneas de acción: el centro de gravedad del movimiento reside allí, y la federación será aquello que sean los grupos que la integran.” El principio de la responsabilidad moral debía primar sobre la responsabilidad colectiva de la organización, o disciplina partidaria, porque sus bases eran voluntarias, libres y por lo tanto, más fuertes. Para María Isidine, la responsabilidad colectiva solo tendría sentido como principio cuando dentro de un grupo se actuase por consenso y acuerdo de todos sus miembros sin excepción, nunca por obediencia orgánica al precepto sancionado por la mayoría.

El fin de la Plataforma

El interés por la Plataforma fue disminuyendo progresivamente a causa de las fuertes críticas que suscitó, y porque casi no logró ninguna adhesión significativa fuera del círculo de exiliados rusos. Los padecimientos del exilio, las enemistades personales, la miseria que debían soportar junto a sus familias desintegraron al movimiento anarquista ruso en el exilio. Mientras algunos como Volin o Makhno permanecieron en Francia resistiendo hambre y achaques, otros como Gorelik y Maximov optaron por emigrar de Francia, tomando como destino tierras americanas luego de peregrinar por Europa. Finalmente, un pequeño grupo decidió retornar a Rusia, entre los que se encontraba Archinov, a quien aguardaba un desenlace orwelliano.

Aún más que la decepción que le causó el rechazo de la Plataforma por el conjunto del movimiento anarquista internacional, a Archinov le desesperaba la depresión nostálgica fruto del exilio en que había caído su amada compañera. Habiendo sido expulsado de Francia, estableció contacto con el líder comunista Ordzhonidze -un ex compañero de detención- que le prometió ayudarlo a volver si se retractaba de todas sus críticas al bolchevismo y rompía definitivamente con el anarquismo. Hasta el propio Volin le pidió que no retornase a Rusia, porque nunca le perdonarían su pasado anarquista. El publicó en París dos panfletos contra el anarquismo: El Anarquismo y la dictadura del proletariado (1931) y El anarquismo en nuestros tiempos (1933); posteriormente publicó en el periódico comunista Izvestia el 30 de junio de 1935 El Fiasco del Anarquismo. Una vez en Rusia, trabajó como corrector de pruebas en Moscú por un tiempo, hasta que en 1937 fue encarcelado bajo la acusación de anarquista y fusilado poco después.

Camillo Berneri y Max Nettlau lo criticaron ferozmente mientras que Alexander Berkman lo trató de traidor y cobarde. Makhno rompió públicamente con Archinov y le tachó de vanaglorioso y con ínfulas de poder, y prácticamente rompió con la posición de la Plataforma cuando expresó que Archinov  “comenzó a verse a sí mismo como líder del anarquismo, para lo cual buscó y encontró los fundamentos teóricos. Era un paso fácil de dar, un paso hacia el bolchevismo.”

La traición de Archinov y su orientación filo-bolchevique, arrastró consigo a la Plataforma Organizativa en su desprestigio. Pero luego de algunas décadas de olvido resurgiría a partir de la década del cincuenta en Francia e Italia, y en los sesenta y setenta en las islas británicas, cuando el movimiento anarquista internacional estaba en franco retroceso.

 […]

El neo-plataformismo desde 1968

A pesar de su fracaso germinal el plataformismo – o quizás más correctamente expresado, el neo-plataformismo– consiguió ganar terreno después del verano libertario de 1968. No es casual que en un contexto de esplendor de la izquierda revolucionaria –cuya expresión característica serán las organizaciones guerrilleras- remisa al papel conciliador de los Partidos Comunistas bajo la órbita soviética, la Plataforma fuera recuperada con el fin de renovar al anarquismo. Pero esta actualización en realidad procuraba poner al anarquismo a tono con las propuestas izquierdistas de moda, en vez de responder a un proceso de maduración ideológica y un análisis de la evolución del capitalismo y el Estado. El plataformismo iba a caer como anillo al dedo a quienes consideraban al anarquismo “atrasado” y alejado de las masas en una torre de cristal. El plataformismo se mimetizaba perfectamente con la izquierda  compartiendo sus consignas y proporcionaba muchas de las respuestas a las cuestiones que preocupaban a jóvenes militantes libertarios que se sentían avasallados por un mundo que giraba a la izquierda: el potencial revolucionario de una organización anarquista era entendida como directamente proporcional a la semejanza con los partidos de izquierda.

En Francia a partir de 1968, luego de los sucesos de mayo, el anarquismo se encuentra totalmente fragmentado como movimiento: la Federación Anarquista, el Mouvement Communiste Libertaire (creado por partidarios de Fontenis, la UGAC y otros grupos plataformistas), la Union fédérale des anarchistes, la Alliance ouvrière anarchiste, la Union des groupes anarchistes communistes, el grupo editor de Noir et Rouge, la CNT, la Union anarcho-syndicaliste, la Organización Revolucionaria Anarquista (ORA) y otros grupos diversos, entre autonomistas, situacionistas, consejistas e individualistas.

La ORA, el MCL y otros plataformistas se integran en una Organización Comunista Libertaria en un congreso en Marsella durante 1971. Luego de idas y vueltas, defecciones y adhesiones reconstituyen una segunda OCL en 1975, pero incorporando elementos autonomistas, y la ORA plataformista se recompone aparte, aunque algunos de sus cuadros se incorporan a la Unión de los Comunistas de Francia, maoísta-estalinista. En esta caótica macedonia de organizaciones libertarias –de la que solo ofrecemos una muestra- también surge la plataformista Union des travailleurs communistes libertaires (UTCL), a la que adhieren Fontenis y Guerin en 1979. Luego de un proceso de intenso debate devienen en Alternative Libertaire en 1991, que conserva bastante del espíritu de sus predecesoras.

Una pléyade de organizaciones pobló el espacio libertario francés de los últimos cuarenta años, siendo una buena parte de ellas de tendencia plataformista, pero incorporando idas de diverso origen, que abarcan desde el marxismo libertario de Guerin y el izquierdismo revolucionario hasta el consejismo y el autonomismo. Paradójicamente, desde 1953 ha sido la Federación Anarquista -que interpreta el pensamiento sintetista de Volin y Faure, opositores a la Plataforma desde su creación- la única organización que logró continuidad como colectivo, lo cual constituye un tácito fracaso del platafomismo, en su pretensión de conformar la Unión General de Anarquistas propuesta por Archinov. Las alardeadas nociones de disciplina partidaria, responsabilidad colectiva, unidad táctica y unidad teórica demostraron su ineficacia en la práctica concreta de los grupos plataformistas franceses.

En Italia surge durante los años 70 la Organizzazione Rivoluzionario Anarchica que luego de fusionarse con otros grupos conformará la Federazione dei Comunisti Anarchici en 1986. A pesar de sus escasos militantes, persiste hasta la actualidad con secciones en Toscana, Lombardia, Friuli, Liguria, Puglia y Emilia.

En Irlanda el plataformismo se ha establecido como la tendencia anarquista de mayor influencia. El Workers Solidarity Movement fue fundado en 1984 por ex-miembros del trotskista Socialist Workers Party y anarquistas de Dublin y Cork. A pesar de ser un grupo reducido en tamaño han demostrado un gran despliegue militante y han tomado participación en campañas contra la aplicación de impuestos, campañas pro-aborto y en conflictos sindicales. Además han tenido participación activa en los movimientos anti-globalización, en campañas antibélicas contra la intervención norteamericana, así como una importante presencia en la Web. Ha sido duramente criticado por su participación en la campaña electoral del candidato Des Derwin en el sindicato SIPTU, por sus acercamientos al republicanismo irlandés y por dirigir su discurso exclusivamente a los sectores católicos de obreros y omitiendo al sector protestante. El WSM se ha convertido el paradigma organizativo del plataformismo internacional.

En España los plataformistas actuaron al interior de CNT en 1978, generando algunos escándalos de proporciones. Liderados por Mikel Orrantía, socavaron las prácticas tradicionales de CNT y lanzaron todo tipo de acusaciones contra muchos de sus militantes más notorios. Según refiere Juan Gómez Casas (Relanzamiento de la CNT,  ediciones CNT, 1984. Págs. 138-140), “Orrantía no desechaba el anarcosindicalismo ni a la CNT. Esta le interesa como campo de experimentación y como fuerza de maniobra. Anunciaba su deseo de permanecer en la CNT siempre que se permitiera libertad de tendencia dentro de la misma y la máxima libertad de expresión. Aquí había aún autonomía obrera y asambleísmo, claro que todavía se trataba de un nivel organizativo inferior. Pero por encima y exteriormente a la CNT aparecía la plataforma archinoviana, es decir, un nivel organizativo más perfecto y el grupo de los revolucionarios seguros, homogéneamente orientados a un fin, destinado a impulsar a las masas y a ordenar los repliegues tácticos en los momentos delicados. Dentro de este grupo, nos decía Orrantía, ya no cabía la libertad de expresión. Los discrepantes de la orientación general deberían entonces abandonar el grupo, porque no podía haber disenso. Se trataba en este caso de la vanguardia dirigente y monolítica.” Luego de abandonar CNT estos utilitarios personajes apoyaron electoralmente primero al PSOE y luego al brazo político de ETA, el partido vasco Herri Batasuna. Hoy en día el plataformismo sigue siendo una tendencia minúscula dentro del movimiento libertario español.

Existen grupos plataformistas en Grecia, Turquía, Brasil, Argentina, Uruguay, Portugal, Sudáfrica, Perú, México, etc. Su relevancia es mínima no solo dentro de sus países sin también como tendencia dentro de los movimientos anarquistas locales. En América del Norte la NEFAC agrupa a los plataformistas de EEUU y Canadá desde 1999.

En Chile la OCL es el principal grupo plataformista; sus posiciones y retórica no se diferencian del resto de la izquierda, además de designarse a sí mismos como un partido. Su principal referente organizativo es el WSM de Irlanda. Su principal antecedente es el Congreso de Unificación Anarco Comunista de noviembre de 1999, autores de un curioso documento que describe sin desparpajo su concepción sectaria de la organización revolucionaria. Establecen 3 categorías: simpatizante, premilitante (aspirantes) y militantes con participación plena. Estos últimos trabajarán en la estructura de la organización, tendrán que estar al día con sus cotizaciones y deberán participar regularmente de sus asambleas generales. Como muestra del espíritu vigilante de la organización, el documento declara que es deber del militante asistir “regularmente a los talleres de formación teórica, avisando al encargado de la Comisión de Educación sus inasistencias, con antelación, de modo que pueda repasar sus lecciones en otra ocasión.” Cada una de estas categorías tendrá los derechos y obligaciones correspondientes, todo debidamente estipulado en un escalafón del militante libertario. Para ser militante los aspirantes deberán estar de acuerdo en un todo con la política de la organización. Según estos estatutos, solo los militantes pueden participar activamente en la generación de políticas por parte de la organización u “ocupar espacios en los órganos de difusión de la Organización”. Es difícil imaginar una implementación más rigurosa de los principios de unidad teórica, unidad táctica y disciplina.

Una vez presentado y aceptado el nuevo militante a la asamblea, se le prodiga una ceremonia de recibimiento, como un rito de pasaje hacia su nuevo estado. Para evitar suspicacias, aquí está trascripción textual del evento:

 “La ceremonia consistirá en la lectura que hará el nuevo compañero, al inicio de la asamblea, de un acta de compromiso que selle su fidelidad ante sus nuevos compañeros y la causa revolucionaria, luego de lo cual se entonarán los himnos “Hijo del Pueblo” y “A las Barricadas”. Una vez efectuado esto, se procederá a hacerle entrega de su cartilla de militante y de su distintivo (pañuelo y/o brazalete) Para la ocasión, todos los compañeros deberán asistir con su distintivo puesto. Posteriormente, todos los compañeros procederán a hacer un saludo personalizado cordialmente al compañero. Está pensada para durar menos de diez minutos.”

Todo esta bufonada podría generar hilaridad si no fuera acompañada de un código de faltas y sanciones, establecidas de antemano que van desde la amonestación verbal a la expulsión (que considerando el funcionamiento de una organización por el estilo, el castigo equivaldría más bien a una recompensa). Para mitigar las sanciones los autores del documento declaran que “es necesario recalcar que no nos mueve el interés puramente punitivo, sino que debemos velar por el correcto funcionamiento, la seguridad y la cohesión interna de la organización. En ese sentido, la sanción tendrá por objetivo impedir un funcionamiento anómalo.” Es decir, una exaltación del control de los individuos, el conformismo y la anulación de la autonomía individual, eliminando toda discrepancia posible.

Los estatutos del CUAC no fueron precisamente trascendentes en la historia del movimiento anarquista chileno, mucho menos internacionalmente. Los hemos incluido en este resumen porque constituyen una buena muestra del autoritarismo al que tienden las organizaciones plataformistas. El CUAC fue una recreación en parodia de la experiencia de la OPB de Fontenis, no tan espectacular aunque no menos funesta.

 Anarquismo partidario y especifismo

Paralelamente a la tendencia neo-plataformista, se desarrolló en América del Sur una tendencia denominada especifismo, que defiende postulados parecidos al plataformismo, aunque desde una fundamentación diferente y desde una genealogía diferente. Postula que los anarquistas deben agruparse en organizaciones de carácter ideológico específicamente anarquista y desde allí trabajar en los movimientos sociales. También se hace hincapié en la unidad teórica, la unidad táctica y el desarrollo de políticas desde la organización específica hacia los movimientos sociales en los que participan sus militantes. A este accionar lo denominan inserción social y –según Felipe Correia, teórico de la Federación Anarquista de Río de Janeiro – “está ligado, solamente, a la idea de retorno organizado de los anarquistas a la lucha de clases y a los movimientos sociales.” Si bien sus impulsores diferencian su práctica de inserción social del “entrismo” de los partidos de izquierda, su praxis termina siendo similar.

El especifismo o “anarquismo organizado”-como prefieren denominarse con los plataformistas, también un índice de desconsideración hacia otras formas organizativas anarquistas- es crítico al sintetismo de Volin-Faure, y podría considerarse una especie de plataformismo sin Plataforma. No debe confundirse el especifismo –que constituye una tendencia ideológica- con las organizaciones específicas anarquistas, que pueden pertenecer a las más variadas tendencias (insurreccionalismo, individualismo, comunismo, primitivismo, colectivismo, etc.) El sintetismo promueve organizaciones de carácter abiertamente anarquista, es decir, agrupaciones específicas, lo cual es muy diferente al especifismo. Esta forma organizativa sintetista acompañó siempre a las organizaciones no específicas, o sea, al movimiento anarcosindicalista, siendo la trabazón CNT-FAI la más célebre. Las organizaciones específicas constituyen federaciones locales heterogéneas que priorizan la unidad estratégica –es decir, los fines anarquistas- y la diversidad táctica, y se nuclean en la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA). En cambio, las organizaciones de tendencia especifista se agrupan internacionalmente junto con las organizaciones plataformistas y el sindicalismo “alternativo” pseudo-anarquista en la SIL, la internacional paralela  reformista.

Hecha esta aclaración, el especifismo solo se diferencia del plataformismo por su origen histórico, alcanzando a las mismas conclusiones. Para evitar confusiones utilizaremos un término más adecuado a la práctica y la teoría del especifismo: anarquismo partidario. El paradigma organizativo de esta tendencia anarco partidaria es la Federación Anarquista Uruguaya, fundada en 1956.

La revolución cubana de 1959 significó un impacto inédito en el movimiento anarquista uruguayo, que luego de una profunda discusión interna en el seno de la F.A.U. –que era un acabado ejemplo de sintetismo donde convivían diversas tendencias libertarias- se llega finalmente a una escisión en 1963. La F.A.U. –como bien sostiene Daniel Barret – “inaugura un proceso de búsquedas de final abierto que la llevaría a una pérdida gradual de identidad anarquista en el sentido fuerte e intransigente del término” (El movimiento anarquista uruguayo en los tiempos de cólera). Según este autor, la definición anarquista irá siendo cada vez más relativizada, incorporando contribuciones del marxismo, hasta llegar a hablarse de “Fau sin puntos”, es decir, una denominación que respondía a un “pasado anarquista” pero no a una “sigla anarquista”. Las características de esta mutación anarco-marxista de la FAU podrían resumirse en: una redefinición de la concepción de poder como un motor de cambio social, centralización organizativa, disciplina interna y política de alianzas con la “izquierda revolucionaria”.

Según relata Pablo Anzalone, ex-integrante de la FAU (actual integrante del P.V.P., que integra el Frente Amplio, hoy en el poder), “la organización ya no se definía como ‘anarquista’, se pensaba en la necesidad de una ‘síntesis’ entre marxismo y anarquismo. Se manejaba el pensamiento de exponentes de la corriente estructuralista del marxismo, como Poulantzas y Althusser, y luego de Gramsci. La organización tenía una propuesta teórica consistente en incorporar los elementos del marxismo revolucionario, manteniendo los valores ideológicos libertarios que venían del anarquismo pero con una clara distancia del anarcosindicalismo. Hay Cartas de FAU (una de las publicaciones de la organización en aquel tiempo) que hablan de la importancia del partido y discuten cómo sería el mismo. Era una organización que claramente jerarquizaba la política” (publicado en Brecha, 17 de Noviembre de 2006).

No profundizaremos sobre la historia de la FAU, ya que escapa a nuestros objetivos, aunque señalaremos que tras su reconstitución luego del retorno de la democracia, la FAU retomó gran parte su ideario anarquista, aunque despojado de los “aportes” marxistas. No obstante, es el arquetipo del anarquismo partidario o tendencia especifista que hoy prosiguen organizaciones brasileñas como la Federación Anarquista Gaúcha, la FARJ, la Federación Anarquista Cabocla, junto a otras organizaciones uruguayas y argentinas.

Conclusiones: entre el extravío teórico y el fraude ideológico

Es imposible hacer un análisis objetivo de un pensamiento con el que se está en desacuerdo prácticamente en todo. Sin embargo, hasta ahora hemos tratado de mantenernos dentro de los carriles de la objetividad, reservándonos hasta este último título para dar rienda suelta a la parcialidad de nuestras conclusiones y evaluaciones.

En primer lugar, todas las tendencias plataformistas y anarco-partidarias especifistas declaman una renovación teórica que, cuando no brilla por su ausencia, tan sólo se reduce a la incorporación acrítica de elementos ideológicos del marxismo-leninismo. La pobreza teórica de la Plataforma de Archinov es tal que sus análisis de el contexto político, económico y social de la Rusia de 1921 ni siquiera eran satisfactorios para los estándares de la época. Ningún estudioso con un conocimiento mínimo de la historia rusa o ucraniana tomaría en serio los análisis de Archinov, más deficientes aún que los de los propios bolcheviques.

Esto no sería un problema siquiera a considerar, si los autores de la Plataforma no hubieran dado validez universal a sus teorías. Y precisamente su fundamentación es fruto de “la experiencia en la revolución rusa”, que suponen les ha abierto de par en par las puertas del esclarecimiento teórico-ideológico. La Plataforma de Archinov está basada en una generalización de la interpretación de un acontecimiento histórico particular e irrepetible –la participación anarquista durante la revolución rusa-, residiendo allí gran parte de su anemia y caducidad. Además de ser subjetiva, como toda experiencia, y no dar prerrogativas de ninguna especie a quienes la vivenciaron, los autores de la Plataforma (Archinov, Makhno, Mett) fueron tan partícipes de la “experiencia rusa” como sus detractores (Volin, Fleshin, Berkman). Y no debe pensarse que los neo-plataformistas en la actualidad no repiten semejante sandez; sino que más bien se encargan de pregonarla a los cuatro vientos.

La sobre valoración de la experiencia propia no es en lo único en que los seguidores de la Plataforma van contra el sentido común. Existe una marcada contradicción entre la necesidad de una teoría definida y única, como guía de la acción, y un marcado anti-intelectualismo que suele ser esgrimido para denostar a los críticos de su proyecto. Las críticas a la Plataforma suelen ser calificadas como divagues teóricos, catecismo de intelectuales, ausencia de contacto con la realidad, aunque provengan de militantes comprometidos y teóricos brillantes como Malatesta, Volin o Berneri. Como acierta Bob Black, “el plataformismo es un triunfo de la ideología sobre la experiencia” (en ¿Wooden Shoes or Platform Shoes?).

La pretensión de invulnerabilidad teórica de la Plataforma es por completo inconsistente con su supuesto carácter provisorio. Este carácter transitorio que le dieron sus autores, en verdad nunca fue superado, sino a lo sumo plagiado por sus seguidores. Aquí se evidencia la incapacidad para producir teoría, la ineptitud para pergeñar análisis novedosos, la repetición de clichés y frases vacías de contenido. Ni el plataformismo ni el especifismo partidario no han hecho un solo aporte teórico de valor en los últimos 80 años, aunque nunca dejaron de reclamar al resto de los “desorientados” anarquistas la necesidad de implementar la unidad teórica.

No menos secundario es el rol que juegan las otras dos divisas del neo-plataformismo: la unidad táctica y la aspiración a la unidad organizativa. Si la unidad táctica era criticable en sus primeras formulaciones de 1926, es completamente ridículo perseverarla en un mundo mucho más complejo. No hay ninguna garantía de que la unidad táctica y la unidad organizativa puedan llevar a la victoria de una causa cualquiera. Y a esta verdad de Perogrullo los neo plataformistas la han sustituido por la hipotética obviedad de que la unidad táctica, teórica y organizativa, son el único y principal camino para lograr alcanzar lograr un cambio revolucionario. Si así fuera, los partidos leninistas, trotskistas, maoístas, estalinistas, que responden fielmente al paradigma de la unidad táctica y al unitarismo partidario, tendrían grandes facilidades para lograr sus objetivos, cuando la realidad indica lo contrario. Por el contrario, la pluralidad táctica y la autonomía organizativa siempre han sido el marco propicio para el desarrollo del accionar anarquista, frente a la rigidez organizativa de los partidos políticos (y de los plataformistas).

La supuesta eficacia de los modelos plataformistas y especifistas frente al caos organizativo que le atribuyen al anarquismo nunca se tradujo en los hechos, en ningún contexto histórico ni región geográfica. Y cuando organizaciones de estas corrientes obtuvieron cierta preponderancia dentro del movimiento o en la sociedad, los resultados fueron el talón de Aquiles de sus apologistas. Cuanto mayor es el éxito de la organización plataformista o anarquista partidaria especifista, más lejos se ubican del anarquismo, pareciera ser la función inversamente proporcional que describe su accionar, a tono con “la obsesión aritmética que les caracteriza”, en palabras del compañero cubano Gustavo Rodríguez . Basta recordar las experiencias “exitosas” de la OPB francesa, la FAU uruguaya y Auca en Argentina, teñidas de centralismo organizativo, electoralismo, leninismo, populismo, afinidad izquierdista y colaboracionismo con gobiernos populares, en diversas proporciones y contenidos. Y sin desdeñar la adopción del obsoleto materialismo dialéctico –doctrina oficial del PCUS concebida por Plekhanov, que refunde lo más execrable del pensamiento marxista- como componente superior de su método analítico.

Toda la jerga plataformista/especifista es un índice de su pobreza teórico-analítica: inserción social (desde fuera), disciplina, lucha de clases, responsabilidad colectiva, programa de acción, unidad táctica y teórica, anarquismo organizado, son conceptos que se contraponen a un par antagónico que representa a las otras tendencias anarquistas: desconexión social, falta de compromiso, indisciplina, anarco-liberalismo burgués, irresponsabilidad individual, desorientación táctica, desorganización, ineficacia, dispersión teórica y sectarismo. Esta visión maniqueísta que nunca se ha correspondido con la realidad, es el único sostén de esta corriente de pensamiento, si es que se la puede calificar de tal. Las mismas consignas son repetidas desde la primera redacción de Archinov hasta hoy en día, como verdades inmutables y ubicuas. Toda crítica a sus puntos de vista es condenada como expresión de una actitud no revolucionaria.

El plataformismo se convierte así en aquello que endosa falazmente al resto de los anarquistas: una iglesia dogmática de pretendida validez universal. Como bien señala Daniel Barret, el plataformismo se presenta como “renovador”, pero se justifica sobre un marco doctrinario basado en un escenario histórico que ya no existe:

 “el grueso de los elementos detonantes de su reflexión no se sitúa a nivel de las demandas y exigencias reales de un cierto contexto social concreto y de su correspondiente historicidad sino que se articula básicamente con polémicas internas al movimiento anarquista; fundamentalmente como una impugnación o puesta en tela de juicio de su muy dudosa eficacia política en circunstancias históricas concretas. Ese tema, por supuesto, no es un invento de medianoche ni una circunstancia episódica y, como tal, debe prestársele la atención que se merece. En cambio, lo que no parece acertado es desligar las soluciones al dilema del contexto histórico en el cual éste se inscribe actualmente y, en su lugar, vincularlas a algunos principios abstractos extraídos de la evaluación crítica de una derrota revolucionaria ocurrida en Rusia y en 1921.”

Ninguna expresión plataformista o anarco-partidaria ha tenido una destacada influencia en los movimientos sociales con excepción de la FAU en el sindicalismo uruguayo. ¿Por qué esta contradicción entre la supuesta raíz social del plataformismo, su aparente contenido social, la tan cacareada inserción social y una realidad social que siempre se les muestra esquiva, evidenciada en su magra o nula participación en los movimientos sociales de cualquier tipo, particularmente  dentro del movimiento obrero? La respuesta es que en la práctica los plataformistas no se diferencian en absoluto del resto de los partidos políticos por sus formas de acción, presentación y representación. Compiten en el mismo terreno. La inserción social plataformista no puede ser otra cosa que entrismo cuando quienes actúan dentro de los movimientos sociales autónomos responden a programas concebidos externamente.

“En ese contexto, la unidad táctica no puede ni podrá resolver jamás los variados y arrítmicos problemas que se plantean en la base de los movimientos sociales y deviene necesariamente, en lo que a la organización “específica” respecta, en una práctica regulada desde comités que pasan a constituirse en la administración cotidiana e institucionalizada de los acuerdos generales de trabajo político en el mismo momento en que sus militantes en el seno de esos movimientos tienen o deberían tener una vida de relaciones e intercambios abiertos y signada por una pluralidad, una diversidad y una singularidad intransferibles e innegociables que sólo pueden transcurrir libremente y expandirse en el vértigo caótico y sublime de las asambleas” (Daniel Barret).

¿Cómo conjugar la unidad táctica, la disciplina partidaria y la ejecución de un programa ideado por la organización político-revolucionaria, con los intereses de un colectivo social autónomo y con la autogestión? Si la unidad táctica y la disciplina colectiva no son aplicables fuera del marco de la organización ¿qué sentido tiene hablar entonces en estos términos?

Es aquí donde se evidencia el significado de la afirmación que el comunismo anárquico es una expresión teórica ideada por las masas. Siendo así, la organización anarquista plataformista –no los militantes anarquistas en particular- sería la legítima vanguardia de las masas, al igual que el partido bolchevique, diferenciándose de éstos por la aplicación de la democracia directa y por no propugnar la toma del poder. Pero en ambos casos actúan dentro de la clase trabajadora o el movimiento social como miembros de una organización y respondiendo a sus intereses. Esta ficción solo puede ser sostenida si hacemos aun lado la contradicción entre unas masas con supuestos instintos libertarios y la necesidad de una organización que actúe como dirigente, u orientadora en el mejor de los casos. Así, se erigen en el partido que expresa la voluntad de las masas, de la misma forma inconsulta en que los bolcheviques se refieren a la clase obrera.

Por supuesto, desde la óptica plataformista/especifista la inserción social estaría en la vereda opuesta del entrismo y el dirigismo hacia los movimientos sociales. Pero no se apartan de una concepción “política”, entendida como gestión mediadora y orientadora de las masas. En este aspecto, es donde el plataformismo evoluciona hacia una relación simbiótica con los partidos de la izquierda revolucionaria y con aparatos e instituciones del “poder popular”. Los apoyos críticos a políticas de izquierda y la tarea de construir un poder popular se constituyen en los ejes de aproximación con la izquierda autoritaria, a la que consideran como un aliado táctico.

A pesar de toda su retórica izquierdista, los plataformistas y especifistas han sido siempre poco serios con sus categorizaciones. Así, las masas son tomadas como sujeto revolucionario, mientras se habla de lucha de clases y materialismo dialéctico sin reparar en que una clase social es solo una parte de las masas. Los campesinos, los obreros, la clase media y los pequeño-burgueses según su punto de vista parecerían actuar siempre igual, defendiendo intereses comunes, en cualquier contexto histórico y geográfico. Y más sorprendente aún tratándose de anarquistas, el Estado como institución histórica casi no ha merecido ninguna consideración especial en sus análisis. En este sentido el plataformismo es más rudimentario aún que las expresiones más burdas del bolchevismo.

Hacia el interior de la organización plataformista, se supone que la democracia directa y el federalismo son los mecanismos horizontales por los cuales todos los miembros de la organización arriban al acuerdo político. Las decisiones de obtienen por mayoría, mientras la minoría acepta disciplinadamente la posición predominante o tiene la libertad de escindirse si considera que la posición mayoritaria lesiona sus derechos. El resultado es siempre la unidad táctica e ideológica en ambos casos, aunque se quebrante el principio de unidad organizativa. Es decir, si la minoría acata la voluntad mayoritaria, la unidad táctico-teórica se sostiene mediante la disciplina partidaria; si se escinde, existen dos organizaciones –una conformada por la mayoría y otra por la minoría- con unidad táctico-teórica. Es complicado imaginar cómo una posición minoritaria pueda ir ganando voluntades en una organización anarco-partidaria, si la minoría se ve obligada a obedecer o a escindirse.

Esta imposibilidad de debate interno se vería agravada en caso de instituir un Comité Ejecutivo -como proponía Archinov en el texto original de la Plataforma- que actúe como guía teórica de la organización. El comité guía a la organización, la organización guía a los movimientos sociales y sindicales, que a su vez guían a las masas. Así se construye el Poder Popular, bajo la orientación de la Organización Política Revolucionaria. Por suerte las masas no sienten esta urgencia de construir poder popular que le atribuyen los plataformistas. La exigencia de acordar programas de acción se debe más a una fobia plataformista a la espontaneidad y la incertidumbre, que a una verdadera necesidad de las masas.

[…]

Patrick Rossineri 

Extracto del libro Entre la plataforma y el partido: Las tendencias autoritarias y el anarquimo.

Violencia legítima y violencia ilegítima

Planteada en el seno de una polémica partidista, esta cuestión suscitará –no cabe la menor duda– las mismas discusiones que suscita el definir cuándo una acción es o no es terrorista. De ahí la frecuente tentación de pensar en la imposibilidad de llegar, para hablar de la violencia y del terrorismo, a una definición aceptada por todos. Sin embargo, cuando lo hacemos, todos partimos de conceptos que hemos elaborado o que hemos asumido previamente. […]

El verdadero problema es que, respecto a la violencia y al terrorismo, hay generalmente posiciones a priori, de tipo ético y político, que impiden el acuerdo, además de una especie de miedo fantasmagórico a definirnos, porque ello implica poner en causa nuestros propios comportamientos. Esto ocurre también con todas las palabras que nos implican personalmente: justicia, verdad, amor, etcétera. Sin embargo, yo creo que, con un poco de buena voluntad y –claro estᖠcon mucha honestidad intelectual, el acuerdo es posible. No es un problema que requiera muchos conocimientos o una gran especialización para pronunciarse; basta con situarnos sucesivamente en la posición del que ejerce la violencia o el terrorismo y en la del que soporta sus consecuencias. Si hacemos esto, enseguida veremos que la legitimidad o ilegitimidad de la violencia se nos aparece evidente, y que depende exclusivamente de lo que la motiva. Es decir: del objetivo perseguido con ella.

Todas las acciones humanas, inclusive las consideradas puramente fisiológicas, tienen un origen y una causa, pero también una motivación y un objetivo. Las “puramente” fisiológicas sacan su legitimidad de la causa, pues el objetivo está implícito en ella; puesto que, salvo en los casos de violencia patológica, el “objetivo” es exclusivamente responder a lo que provoca la reacción violenta. Cualquiera de nosotros sabe esto y juzga en consecuencia: no es lo mismo utilizar la violencia para comer, porque se tiene hambre, que utilizarla para hartarse sin tener ya hambre, únicamente para que no pueda comer otro que si la tiene. Aquí ya hay otra motivación que la de satisfacer una necesidad vital y legítima de todo ser humano. Hay una intencionalidad que nada tiene que ver con una necesidad vital personal, sino la de impedir que otro ser humano pueda satisfacerla. En un caso así es suficiente con verificar si tal es la intención para calificarla de ilegítima: ¡aquí y en China! A condición, claro está, de que se parta del principio de que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, tiene el derecho de existir y de realizar plenamente su humanidad. ¡Sí, el derecho de todo ser humano, de todos los seres humanos!

¿Acaso no es este principio el que fundamenta nuestra ética y la de la civilización en la que vivimos? Entonces, ¿por qué no considerarlo como referencia moral incuestionable para valorar y calificar de legítimas o de ilegítimas las acciones humanas, individuales o colectivas?

Cuando estas acciones trascienden lo biológico y se sitúan dentro de la esfera de la convivencia tienen, necesariamente, una dimensión ética, y por ello hay que juzgarlas por su intencionalidad –aunque la intención, el objetivo, no sea siempre evidente. De ahí la necesidad, antes de juzgar la acción, de descubrir su objetivo, de cernirlo y valorarlo a la luz de los principios éticos que todos reconocemos como derechos humanos. Un reconocimiento que, incuestionablemente, es universal aunque muchas veces sólo sea formal.

Me parece muy razonable el tomar en consideración la dimensión ética de la acción humana para diferenciar bien lo que es violencia terrorista de la que no lo es. No es lo mismo luchar por la libertad y la dignidad de todos los hombres, que negárselas para dominarlos y explotarlos. Y eso a pesar de que la historia nos muestra que muy frecuentemente las víctimas se transforman en verdugos, y que también muy a menudo el discurso de la rebelión disimula su verdadera intención. Los libertarios sabemos esto y que el Poder es, en toda circunstancia, la dominación del hombre por el hombre, incluso el “poder revolucionario”. Como sabemos también muy bien que, si el Poder no puede imponer su dominación por medios “pacíficos”, no tiene ningún escrúpulo en recurrir a la violencia y al terror para imponerla. Es por esto que rechazamos el Poder y lo combatimos en todas sus formas.

Mi experiencia: la resistencia libertaria al franquismo

Todos sabemos lo que fue el franquismo y cómo se mantuvo durante tantos años. Los libertarios luchamos, como pudimos, contra la dictadura. La resistencia libertaria al franquismo comenzó el mismo día que terminó la guerra y no paró hasta que el pueblo español recuperó las libertades llamadas democráticas. Los nombres de miles de libertarios represaliados, presos o fusilados, y los numerosos comités “confederales” anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo, CNT) o “específicos” (anarquistas de la Federación Anarquista Ibérica, FAI) desmantelados por las fuerzas represivas franquistas lo atestiguan. La lucha se inició y se prosiguió en la medida de nuestros medios, que no eran muchos, intentando oponer a la violencia represiva, incalculablemente superior en hombres y armamento, nuestra violencia resistencial, en muchas ocasiones puramente testimonial.

¿Se pueden equiparar las dos violencias? ¿Respondían a las mismas motivaciones? ¿Tenían la misma intencionalidad, el mismo sentido y objetivo ético?

Yo creo que no, y no sólo por la desproporción entre las dos, sino precisamente por su objetivo. No, no es lo mismo utilizar la violencia para aterrorizar a un pueblo y mantenerlo sometido, que utilizarla para que ese pueblo pueda recuperar la libertad de expresión, de reunión y de organización.

En lo que concierne al franquismo, su intencionalidad era manifiesta, no daba lugar a dudas y estaba presente en todos sus discursos y actos: imponer su voluntad, mantener su dominación y permanecer en el Poder reprimiendo toda oposición. En cuanto a la nuestra tampoco se podía dudar: se recurrió a la violencia solamente para reclamar libertad y en ningún momento tuvo por objetivo el Poder. En esto la violencia antifranquista libertaria se diferenció de la franquista y de la ejercida por otros grupos antifranquistas, que también reclamaban libertad pero que aspiraban al Poder. Por tanto, sólo por mala fe o por ignorancia se pueden equiparar esas violencias.

Los que aspiran al Poder quieren mandar e imponer sus ideas. Para conquistarlo no reparan en conseguirlo por la violencia, sólo depende de la relación de fuerzas. Lo importante, para ellos, es llegar al poder y mantenerse el mayor tiempo posible en él: por la represión y el terror si es necesario. Aceptan la democracia cuando ésta les permite conseguir su objetivo o cuando no hay condiciones para alcanzar el poder por medios violentos. Su violencia es siempre opresiva y negadora de la libertad del otro. Por eso, aunque se pretendan democráticos, su intención es ser hegemónicos en todos los terrenos: en el ideológico, en el político, en el económico y hasta en el cultural. Nuestras divergencias con ellos son enormes y fundamentales. De ahí que me parezca legítimo introducir esta diferencia en el debate y exigir que sea tomada en consideración antes de equiparar todas las violencias.

Además, en lo que concierne a la violencia de los libertarios contra la dictadura franquista, puedo afirmar que siempre se veló por mantener la máxima coherencia entre medios y fines. No sólo rechazamos organizarnos jerárquica y militarmente, sino que se excluyó totalmente toda forma de funcionamiento que pudiese derivar en “profesionalización”. Los que participaron en la acción lo hicieron de forma voluntaria. No se sacrificó el imperativo ético, que conforma la ideología libertaria, a la “eficacia”.

Las acciones fueron de auto defensa o testimoniales, para reaccionar frente al terror franquista y aportar nuestra solidaridad a los que sufrieron la represión por reclamar la libertad para todos los españoles. Por ello la violencia en nuestras acciones fue más bien simbólica, se redujo a su mínima expresión, pues no se quiso hacer víctimas, salvo en la persona del dictador. No tuvo por objetivo aterrorizar, sino denunciar la represión de que el pueblo era víctima, alentarlo a resistir para crear, con los demás sectores antifranquistas, una dinámica resistencial capaz de provocar la caída de la dictadura.

Es posible que hubiese quienes soñaran con entrar victoriosos en Madrid e imponer la Revolución por las armas, pero de lo que estoy seguro es que, para la mayoría de nosotros, hacía ya mucho tiempo que ese mesianismo fue superado. No nos consideramos una vanguardia revolucionaria. Supimos que la transformación social no se impone, que ella sólo se consigue con la afirmación y generalización del deseo de justicia y libertad en el seno de las sociedades humanas. Tal era nuestro propósito y sigue siéndolo.

La historia está llena de ejemplos que demuestran cómo se pervierte el ideal revolucionario a través del ejercicio del Poder, cómo la violencia revolucionaria se ha vuelto terrorista y acaba engendrando monstruos totalitarios. Todas esas experiencias terminan en fracasos estrepitosos, y en lugar de transformación social lo que hay al final es regresión. Ninguna de esas experiencias produjo al “hombre nuevo”. Al contrario, los pueblos que las viven y sufren han quedan desarmados, moral y socialmente, para hacer frente a las castas “revolucionarias” transformadas en mafias empresariales. Del capitalismo de Estado se ha vuelto al capitalismo más salvaje, a la religión y al nacionalismo más patriotero. Contrariamente a lo que decía buscar, el mesianismo revolucionario contribuye decisivamente a la consolidación de la explotación capitalista a la escala planetaria y al descrédito de la idea de transformación social.

El balance no puede ser más catastrófico y desolador. ¡No lo olvidemos!

Octavio Alberola

Los Cinco de Vancouver: Lucha armada en Canadá

Relacionar el anarquismo con acciones de violencia intencional puede que sea visto como algo natural para la mayoría de gente, si pensamos en el anarquismo en su conjunto. Aunque para la mayor parte de la juventud anarquista debe ser difícil imaginar que a principios de los años 80, la lucha armada en Canadá no solo parecía posible, sino que un pequeño grupo procedente de la comunidad anarquista de Vancouver se implicó en ella. Además tenían apoyo, pequeño, pero significativo para sus acciones.

Como Direct Action y Wimmen’s Fire Brigade, quienes no se reivindicaban explícitamente anarquistas. Por esa razón tampoco lo hicieron sus simpatizantes. Aunque tampoco nosotros negamos que fuéramos anarquistas. Nuestro anarquismo se desarrollaba más en la práctica política que en la teoría y en la historia. En este debate, la palabra “nosotros” se refiere al pequeño entorno de donde salieron Los Cinco de Vancouver. Sólo aquellos cinco decidieron seguir sus ideas a través de una conclusión lógica; pasar a la clandestinidad. También otros fueron influenciados por procesos similares en distintos lugares, y compartieron el deseo de agitar políticamente en Canadá.

El contexto político para Direct Action era internacional. Entre mediados de los años 70s y principios de la década de los 80s la Fracción del Ejercito Rojo (Rotte Arme Fraktion [RAF]) en Alemania y las Brigadas Rojas en Italia eran las agrupaciones guerrilleras más grandes dentro de toda la variedad de grupos en Europa. La insurrección en Europa parecía posible a pesar del enorme nivel represivo dirigido contra esta militancia que asesinaba políticos y secuestraba ejecutivos. Los periódicos anarquistas canadienses como Open Road, Bulldozer y Resistance se hacían eco en Norteamérica de estas luchas.

La lucha armada también copaba a menudo la agenda en los Estados Unidos. La idea generalizada era que la lucha política había terminado a principios de los años 70s, con el fin de la guerra de Vietnam. Pero incluso si los grupos contra la guerra, y otros movimientos se habían retirado, vestigios de los más militantes habían pasado a la clandestinidad para proseguir la lucha contra el sistema. En la Costa Este, el Black Liberation Army (Ejercito de Liberación Negra) , formado en el momento en que las Black Panthers (Panteras Negras) pasan a la clandestinidad tras haber aprendido la lección de la intensa y letal represión que se dirigió en su contra, estuvo activo hasta el año 1981. El United Freedom Front (Frente Unido de Liberación) y el Armed Resistance Movement (Movimiento de Resistencia Armada) estuvieron activos hasta comienzos del año 1980, atentado contra edificios de gobierno para protestar contra la participación militar estadounidense en América Central, y atacando objetivos corporativos para protestar contra la participación en Sudáfrica.

En la Costa Oeste, grupos como el Symbionese Liberation Army (Ejercito Simbiótico de Liberación) y el New World Liberation Front (Frente de Liberación del Nuevo Mundo) asaltaban bancos, colocaban bombas y secuestraron a Patty Hearst, una adinerada heredera. Estos grupos eran políticamente ambiguos y, desde luego, no eran antiautoritarios. Muchos radicales creían que estaban considerablemente infiltrados por la policía. A pesar de todo, compartían la opinión de que las acciones armadas podían ser efectivas por el impacto que generaban.

También había muchos grupos autónomos pequeños, algunos de los cuales eran explícitamente anarquistas o antiautoritarios, que estuvieron activos hasta el final de la década. Bill Dune y Larry Giddins, por ejemplo, son dos anarquistas que continúan encarcelados en los Estados Unidos, hoy en día, por acciones que tuvieron lugar en aquella época. Bill y Larry fueron arrestados en octubre de 1979 tras un tiroteo en las calles de Seattle cuando intentaban sacar de la cárcel a un amigo.

El más conocido de estos grupos de la Costa Oeste era la George Jackson Brigade (Brigada George Jackson), que estaba formada por anarquistas y marxistas. Cometieron una serie de acciones en la zona de Seattle, a finales de los 70, a menudo en apoyo al movimiento de los presos, el cual era bastante fuerte por aquellos años. La GJB era antiautoritaria, pro-mujeres, pro-gays y lesbianas y defendía lo colectivo, a diferencia de los partidos políticos. Incluso aunque todos estos grupos fueron finalmente aplastados, llegaron a ofrecer una alternativa política al organizar manifestaciones y publicar periódicos.

Open Road en Vancouver, Bulldozer en Toronto, y Resistance, que empezó en Toronto y luego se mudo a Vancouver, cubrieron la resistencia armada en los Estados Unidos y la posterior represión. Esta cobertura jugo un papel muy importante cuando sus simpatizantes en Estados Unidos estaban separándose, y la izquierda mayoritaria intentó distanciarse de ellos tanto como pudo. Nosotros publicamos comunicados explicando las acciones. Les proporcionamos coberturas de apoyo en sus juicios y les ofrecíamos publicar escritos de los combatientes que habían sido capturados. La revolución, o como mínimo una lucha prolongada, parecía algo totalmente posible. Los Cinco eran, en su mayor parte, producto de la ola de la lucha armada en Norteamérica, y parte de la mecanismo político-antibelicista del creciente movimiento anti-OTAN. Nuestra perspectiva era bastante internacionalista, incluso aunque entendíamos que era necesario trabajar dentro de nuestras situaciones locales y nacionales.

En la primavera de 1982. una bomba destruyó, casi completamente subestación hidráulica de Cheekeye-Dunsmuir. Esta construcción contó con una fuerte oposición de los residentes locales en el terreno medioambiental. Se pensaba que conduciría a la industrialización de la Isla de Vancouver y a la construcción de plantas de energía nuclear para exportar las ganancias a los Estados Unidos. Cientos de kilos de dinamita pusieron fin a ese plan en medio de su proceso.

Hubo bastante apoyo local para la acción. No estaba claro si Direct Action, que había reivindicado la acción, era un grupo anarquista o no, pero no habría supuesto ninguna diferencia en el sentido de la misma.

La acción había incrementado las apuestas políticas en Canadá. Pero como el atentado había tenido lugar en un parque natural, fue fácil de ignorar. La siguiente acción no lo sería.

A última hora de la tarde del 14 de octubre de 1982, un camión hizo explosión en el exterior de la planta de la Industria Litton en Rexdale, noroeste de Toronto, con el resultado de millones de dólares en daños. Siete trabajadores resultaron heridos, uno de por vida. Después de cuantos pocos días, Direct Action emitió un comunicado, reclamando su responsabilidad. Como pieza política, el comunicado es tan relevante hoy en día como lo fue en 1982, la única diferencia sería que la Guerra Fría ha terminado. Lo más importante del mismo es la autocrítica que se hacen por haber visto a los policías y los guardias de seguridad como superhéroes. No lo eran. Los errores que cometió Direct Action se agravaron por la inadecuada respuesta tanto de los guardias como de los policías.

El atentado era bastante simple: conducir una camioneta robada cargada con dinamita a través de los portales frontales de Litton y estacionarla en frente del edificio, abandonarla y en 35 minutos la camioneta haría explosión. Para asegurar que la amenaza de bomba fuera tomada en serio, condujeron la camioneta correctamente en frente de la cabina acristalada de los guardias de seguridad. Pero los guardias no se dieron cuenta de la presencia de la camioneta, aunque desde el asiento del conductor de la misma se podía ver de forma clara a los guardias. Entonces, la llamada de advertencia no fue comprendida. Pero por lo menos atrajo la atención de los guardias hacia la camioneta. Desgraciadamente, Direct Action eran un poco más inteligentes. Habían colocado una caja pintada de naranja fluorescente en el exterior de la camioneta, fácilmente visible desde la cabina de los guardias. Encima de la caja colocaron una hoja de papel con información e instrucciones. Esperaban que los guardias se dirigiesen hacía la caja una vez recibida la llamada. Para enfatizar la seriedad de la situación colocaron un cartucho de dinamita desarmado encima de la caja. Otro error. Los guardias de seguridad se mantuvieron alejados de la caja, dado que no sabían que la dinamita estaba desarmada. A pesar de la evidente amenaza, los guardias de seguridad no comenzaron a evacuar la planta hasta veinte minutos después de haber recibido la llamada de advertencia. Luego la bomba estalló antes de lo previsto, probablemente activada por las señales de radio de los coches de policía que estaban llegando a la zona.

El atentado tuvo lugar en una época en la que la guerra fría entre los Estados Unidos y la URSS era bastante intensa. Ronald Reegan, representando al sector de la clase dirigente estadounidense, empeñado en hacer de los Estados Unidos el llamado imperio malvado, había sido elegido presidente. Ambos bandos intentaban hacer realidad los primeros pasos de la capacidad nuclear a través de la fabricación de nuevas armas como los misiles de crucero, los misiles pershing, submarinos con capacidad nuclear y la bomba de neutrones. La posibilidad de una guerra nuclear era bastante real por aquel entonces.

En respuesta, se desarrollo un movimiento pacifista en Europa, Norteamérica y otros lugares. El consentimiento de Canadá a los Estados Unidos para probar los misiles de crucero sobre el norte de Alberta y en los Territorios del Noroeste fue visto como una ofensa hacia los activistas por la paz. Litton se había convertido en el foco de las amplias protestas de los grupos pacifistas desde que se dedicó a producir el sistema de orientación para los misiles. Se habían llevado a cabo una serie de protestas pacíficas en Litton que tuvieron como resultado el arresto de decenas de manifestantes por desobediencia civil. Pero como en el caso de Cheekeye-Dunsmuir, las protestas no conseguían nada.

La reacción inicial de muchos radicales y activistas al leer los titulares de los periódicos fue de júbilo. Pero esto cambio tras una reflexión sobria cuando se consideraron detenidamente las implicaciones. El atentado no era solo un desafió al Estado militarizado, sino también a la coexistencia pacífica que muchos activistas tenían con el sistema. Está claro de que incluso con los heridos, no hubo muchas reacciones por parte del ciudadano medio. Para la mayoría de la gente el atentado era solo otro acontecimiento espectacular más en un mundo que se estaba volviendo loco.

Naturalmente, para anarquistas y pacifistas fue un acontecimiento importante. El periódico anarco-comunista Strike! de Toronto condenó inicialmente la acción, debido a que desacreditaba al movimiento. Repetía la crítica habitual de que ese tipo de acciones no conseguían nada por si mismas. Los Direct Action nunca afirmaron que así fuese. Por citar el comunicado: “Así como no tenemos ningún tipo de ilusión de que acciones directas, como esta, puedan por si mismas dar lugar al fin del papel de Canadá como recurso económico y militar del Imperialismo Occidental, sí creemos que las acciones directas militantes pueden tener una función constructiva como trampolín al tipo de conciencia y organización que debe ser desarrollada si pretendemos vencer a los amos nucleares.

Una crítica más sofisticada fue publicada anónimamente por anarquistas que provenían del entorno de Kick It Over. Se quejaban de que “no se puede decir que el atentado en Litton haya incrementado la conciencia misma, ni de la comunidad, ni de los trabajadores en la planta”. Esta bien, aunque se puede utilizar el mismo argumento a cerca de publicar periódicos y de la mayoría de las actividades que solemos hacer. Estos anarquistas no condenaron a Direct Action por ser violentos, más bien situaron la violencia en el contexto de la violencia estatal. Aunque erróneamente etiquetaron el atentado como “terror vanguardista”, estuvieron en lo cierto al decir que “las organizaciones clandestinas tienden a aislarse del pueblo” y ver convertirse su propia existencia en un objetivo en si mismo. De nuevo, este problema no lo tienen únicamente los grupos clandestinos.

A principios de Noviembre, menos de un mes después del atentado, el Toronto Globe and Mail publicó un importante artículo, en primera plana, relacionando el atentado de Litton con la comunidad anarquista de Vancouver. Citaba a anarquistas, no identificados, que delineaban actitudes similares entre Direct Action y la escena anarquista de Vancouver. En uno posterior, y más compresivo artículo, otros anarquistas proporcionaron alguna información de fondo como, por ejemplo, cual podría ser el propósito del atentado, sin reivindicar de forma explicita que se trataba de una acción anarquista. Este artículo fue condenado por muchos anarquistas en Toronto, pero ayudó a hacer llegar las ideas al conjunto de la sociedad.

A mediados de Diciembre, los locales de los principales grupos pacifistas de Toronto fueron objeto de redadas, así como también las viviendas de sus miembros más importantes. Activistas de Toronto y Peterborough fueron perseguidos, hostigados y amenazados por la policía. Nunca ha estado claro, en gran medida, si la policía pensaba que estos pacifistas eran realmente sospechosos o si las redadas simplemente se usaban para interrumpir el desarrollo de su trabajo contra Litton. Algunos pacifistas trataron de poner tanta distancia, como les fue posible, entre ellos y las personas que cometieron los atentados. Pero hubo suficiente apoyo de otros pacifistas para demostrar que no era necesario llevar a cabo una ruptura total entre militantes, por lo que su posición giro simplemente al uso de la violencia. La manifestación más grande que jamás tuvo lugar contra Litton se produjo el 11 de noviembre de 1982, menos de un mes después del atentado. Como dijimos en su momento, las acciones armadas pueden hacer más visibles otras formas de protesta, en vez de menos creíbles.

Litton perdió un contrato importante poco después del atentado. Como declaró su presidente, Ronald Keating, “Ellos (los manifestantes) son un fastidio, tuvieron bastante publicidad, y los estadounidenes leyeron cada maldito pedazo de ella. La presión de ésta gente ha hecho que los estadounidenses lo pesaran dos veces” Añadió tristemente también que “nadie más ha sufrido atentados”.

En Vancouver, se había producido una pequeña respuesta a Cheekeye-Dunsmuir. Pues a principios de Noviembre, la situación se había vuelto más intensa por el ataque con bombas incendiarias a tres tiendas de Red Hot Video, dañando seriamente dos de las mismas. La Wimmen’s Fire Brigade había decidido hacer literal el nombre de esta cadena especializada en pornografía violenta. El ataque se produjo justo cuando la industria del video se estaba propagando. Red Hot Video, una cadena estadounindense, construyó un catálogo de cintas pirateadas de películas de porno duro. Según OpenRoad: “Muchas de las películas presentaban no sólo escenas de sexo explicito, sino también a mujeres siendo amordazas, golpeadas, violadas, torturadas, forzadas a provocarse enemas por agresores armados, junto a otras formas de degradación”.

Colectivos de mujeres habían luchado contra Red Hot Video durante seis meses, pero no obtuvieron ninguna respuesta del Estado. Durante unas pocas semanas, decenas de colectivos de mujeres de toda índole publicaron comunicados de simpatía y comprensión por la acción, se convocaron manifestaciones en una decena de centros en toda la región, y seis tiendas de pornografía fueron cerradas, trasladadas o retiraron mucho de su material por miedo a ser el próximo objetivo. Durante dos meses se produjeron denuncias por combinar sexo explicito con violencia.

La razón de que la acción de la Wimmen’s Fire Brigade tuviera tanto éxito no fue simplemente por la táctica empleada, sino por el hecho de que estuvo bien integrada, siendo complementaria, dentro de la campaña pública. Tal como lo expresaba B. C. Blackout, en un boletín bisemanal autónomo; “La acción de WFB solo pudo tener tal impacto debido a los meses de duro trabajo que llevaron a cabo numerosos grupos e individualidades mediante la autoformación, investigando, haciendo contactos, presionando a las autoridades, documentado sus casos – en definitiva, construyendo la infraestructura para un movimiento auténtico, efectivo y de base. Así se explica el porque los grupos de mujeres fueron capaces de moverse tan rápido y coherentemente, al tratar con lo que interesaba a los medios de comunicación y al público. Por los hechos y los comentarios generados tras los atentados”.

El 20 de enero de 1983 cerca de Squamish (British Columbia, Canada) los Cinco regresaban a Vancouver, después de realizar prácticas de tiro en las montañas. Los policías, disfrazados como trabajadores del Departamento de Circulación, pararon su camioneta; en un violento ataque los sacaron de la misma y arrestaron a punta de pistola. Se les inculpaba de 12 a 15 delitos, incluyendo el de Red Hot Video, Cheekeye-Dunsmuir, conspiración para robar un camión de Brink, así como de conspiración para cometer más atentados. Inmediatamente después de los arrestos, la policía convocó a una rueda de prensa en la cual exponían el amplio armamento que, según ellos, se había confiscado a los Cinco. Este fue el comienzo de lo que se conocería como el “Juicio de los medios de comunicación”, por la manera en que la policía y los denunciantes usaron a los medios para tratar de contaminar a la opinión pública, no solo contra los Cinco, sino también contra el movimiento anarquista en general. Los titulares de los periódicos vociferaban a cerca de “la policía atrapando terroristas” y “las conexiones nacionales de las células anarquistas”. La policía llevo a cabo redadas en cuatro domicilios de Vancouver, la mañana siguiente de celebrada la primera reunión del grupo de apoyo. No se efectuó ningún arresto, pero se confiscaron máquinas de escribir y se produjeron agresiones verbales.

La historia oficial de la policía sostenía que los avances en el caso se produjeron cuando un reportero del Globe and Mail mostró periódicos anarquistas a la policía de Toronto, la cual, al observar el comunicado de Cheekeye-Dunsmuir en Resistence, envió la dirección del apartado postal a Vancouver. Los policías, teóricamente, pusieron la dirección bajo vigilancia y finalmente fueron capaces de localizar a los Cinco a través de una serie de contactos. La historia resultó tan convincente que el periodista recibió una substanciosa recompensa, antes de hablar de ello con colegas más conscientes.

Esta historia fue una tapadera para ocultar que la policía ya tenía constancia de la existencia de los Cinco. Estuvieron bajo vigilancia policial por una razón o por otra desde mucho tiempo antes de la primera acción. Brent Taylor y Ann Hansen, particularmente, eran bastante conocidos en Vancouver. Un policía no necesitaba ser demasiado inteligente para considerarlos como posibles sospechosos. Muchos activistas, que ni siquiera los conocían, sospechaban que probablemente tenían algo que ver con Direct Action. Eran los únicos que iban regularmente encapuchados a las manifestaciones, parecían más preparados para una protesta en Alemania que en Vancouver.

Es bastante probable que la policía los hubiera detectado llevando a cabo las acciones contra Red Hot Video. Esto ganó bastante relevancia en el juicio. La policía de Vancouver obtuvo la orden judicial para intervenir sus teléfonos y poner micrófonos en sus casas, con el fin de investigar el caso de Red Hot Video. Las órdenes judiciales, se supone, sólo pueden ser expedidas como último recurso, cuando el resto de medios para la investigación no han funcionado, pero en este caso fueron expedidas poco después del ataque. Además, eran innecesarias si la policía ya sabía quien habían participado en los ataques. El servicio de seguridad de la Policía Montada de Canadá (RCMP) los había observado cometer otros crímenes, y los tenía bajo seguimiento en la época del ataque a Red Hot Video, pero no existía ninguna nota de vigilancia cubriendo el periodo del ataque actual.

Se asumió que realmente la policía necesitaba intervenir los teléfonos para conectar a los Cinco con Litton, para lo cual sería mucho más difícil pedir una orden judicial legal. Las pruebas obtenidas, a través de estas escuchas, proporcionaron la mayor parte del caso contra los Cinco, lo cual explica el por qué la primera parte del juicio se enfrentó contra su propia legalidad.

El 13 de junio de 1983 se produjo una redada de la brigada local de Litton en la sede de Bulldozer. La orden judicial – que incluía cargos por sabotajes en Litton, calumnias insurrectas y practicar un aborto – permitía, específicamente a la policía, confiscar cualquier cosa relacionada con la publicación Bulldozer. Se llevaron planos, cartas, artículos, revistas y la lista de subscriptores. Finalmente conseguimos recuperar todo ese material después de un año de lucha legal.

El cargo de calumnias insurrectas aparentemente hacía referencia a un folleto titulado “Paz, paranoia y política” que dibujaba las políticas alrededor del atentado de Litton, el movimiento pacifista y la detención de los Cinco. Calumnia Insurrecta, teóricamente, implica hacer un llamamiento a un levantamiento armado contra el Estado; La última vez que el cargo había sido utilizado fue durante el año 1950 contra algunos sindicalistas en Québec. Nuestros abogados se anticiparon con avidez defendiéndonos de ese cargo, y al final no se volvió a hablar del tema.

El cargo de practicar un aborto surgió cuando una partera, Colleen Crosby, llevó a cabo una extracción menstrual a una persona del colectivo Bulldozer. El hecho llamó la atención de los policías a través de las intervenciones telefónicas. La policía detuvo a Crosby una semana más tarde y la llevaron en coche, durante varias horas, amenazando de acusarla de practicar un aborto, salvo que les hablara sobre cualquier conexión entre Bulldozer y el atentado de Litton. Crosby de cualquier manera rechazaría cooperar, aunque tampoco tenía ninguna información que dar. Se tardaron dos años y miles de dólares en honorarios jurídicos en conseguir retirar los cargos.

El punto débil de nuestras políticas – la de los Cinco y sus simpatizantes – se hizo evidente durante el juicio, y el trabajo de apoyo que hicimos alrededor del mismo. Los Cinco asumieron que acabarían cayendo bajo una ráfaga de balas, aunque en vez de la relativa gloria de una muerte espectacular, se tuvieron que enfrentar con una realidad más prosaica al tener que sentarse a esperar el juicio en prisión. La carencia de una preparación, tanto política como personal, para las consecuencias casi inevitables de sus acciones se agravó con la falta de preparación de sus simpatizantes. Es fácil reimprimir comunicados de los compañeros en la clandestinidad, pero es mucho más difícil manejarse con redadas y abogados, acosos, mirar a amigos y compañeros distanciarse justo cuando el apoyo y el trabajo se hacen más necesarios que nunca. Uno debe de ser capaz de soportar la gran presión política, durante lo que podrían ser un par de años, mientras desarrollas políticas que puede que no sean apoyadas por ninguno de tus amigos ni socios políticos, y mucho menos por la sociedad en su conjunto. Aun así, un apoyo competente y con principios es crucial si las acciones en la clandestinidad van a tener cualquier tipo de impacto duradero. La comunidad en Vancouver fue capaz de mantener una presencia dentro y fuera del tribunal durante el juicio, a pesar de las diferencias que se daban en torno a la estrategia a utilizar para apoyarlos. En Toronto, fuimos capaces de mantener las ideas en circulación, pero tuvo poco impacto social.

Durante la confusión inicial, el derecho a un juicio justo se convirtió en la demanda principal. Desde que pareció posible que las escuchas que proporcionaron el grueso de las pruebas pudiesen ser rechazadas, el recorrido estrictamente legal fue difícil de soportar sin una claridad política previa que se planteara como se debían conducir los juicios. De cualquier manera, el derecho a un juicio justo no debe ser ignorado si la batalla va a ser librada en el terreno legal, pero es el campo de batalla del Estado, y su primera arma será la criminalización. La fiscalía del Estado separó la acusación en cuatro juicios; el primero de ellos trataría sobre los cargos políticos menos importantes, delitos a mano armada y conspiración para robar un coche de Brink. Mientras que para algunas personas con cierta comprensión política podía ser obvio el por qué las guerrillas necesitan armas y dinero, las imágenes de televisión de un escritorio lleno de armas, e informes de planes para asaltar un furgón de Brink, fueron mostrados concienzudamente para desmontar la reivindicación de que los Cinco eran principalmente activistas políticos. La lucha por un juicio justo atrajo el apoyo de activistas, periodistas progresistas, abogados y activistas por los derechos humanos. Pero se podían crear verdaderos problemas si el juicio se mostrara legalmente como “justo”. O cuando, como sucedió finalmente, los Cinco se declaran culpables. Algunas personas que nos dieron su apoyo se sintieron manipuladas al haber dado su apoyo a gente culpable, incluso a pesar de que intentamos ser claros al exponer que existe una diferencia en declararse no culpable y ser inocente.

La estrategia del “Juicio de los medios de comunicación” se vino abajo cuando el tribunal dictamino que las pruebas obtenidas mediante las escuchas eran admisibles. El primer juicio por las armas y la conspiración para robar un coche de Brink comenzó en Enero de 1984. Las pruebas de los primeros cuatro meses, principalmente, se basaron en la época de vigilancia previa a los arrestos. En marzo, Julie Belmas y Gerry Hannah presentaron sus alegatos de culpabilidad, Red Hot Video inclusive, y para Julie, el atentado de Litton. En abril, Doug Stewart fue absuelto de los cargos de Brink pero fue declarado culpable por delito a mano armada. En Junio, se declaró culpable de Cheekeye-Dunsmuir. El jurado declaró culpables a Ann y Brent por todos los cargos del primer juicio. En Junio, mediante un movimiento sorpresa, Ann se declaró culpable de Cheekeye-Dunsmuir y Litton.

Trajeron a Brent a Toronto para un juicio sobre Litton y finalmente se declaró culpable. Reconociendo nuestra propia debilidad, le dijimos que poco se podía conseguir políticamente en Toronto si el juicio seguía adelante. En nuestro relativo aislamiento era difícil imaginarnos asumiendo, lo que hubiera tenido que ser un esfuerzo importante, al presentar las políticas que había detrás del atentando a través de unos medios de comunicación hostiles. Sin embargo no hacerlo significaba que nunca existiría un enfoque a largo plazo, ni tampoco un sentido de dirección, para quienes puede que estuvieran dispuestos a presentarse con un apoyo más activo. No era nuestro mayor momento de gloria.

Para resumir ésta parte, permitan citar la declaración de la sentencia de Ann; “Al principio, cuando fui detenida, me intimidaron y cercaron el tribunal y las prisiones. El miedo me dio bases para creer que, si participaba en el juego legal, podría conseguir mi absolución o una reducción de condena. Este miedo oscureció mi visión y me hizo pensar que el sistema judicial podría darme una oportunidad. Pero estos seis meses en los tribunales agudizaron mi percepción y fortalecieron mis convicciones políticas, al ver que el juego legal está amañado y a los presos políticos les han dado cartas marcadas”.

Doug Stewart fue sentenciado a seis años, y cumplió un máximo de cuatro. Gerry Hannah a diez años, pero quedó libre a los cinco. Julie, con sólo veintiún años en el momento de la sentencia, a veinte años. Apeló y se la redujeron a cinco años cuando se puso en contra de Ann y Brent, saboteando eficazmente sus apelaciones. Mucha gente enfureció con la traición de Julie, pero su testimonio no fue la razón por la que Ann y Brent fueron condenados. Si Julie realmente hubiera querido hacer un trato, podría haber mentido e implicar a otras personas. Pero no hizo eso.

Brent fue condenado a veintidós años y Ann a cadena perpetua. Las sentencias, especialmente las de Ann y Brent, se consideraron excesivamente duras. Pero el Estado quería sofocar cualquier incipiente actividad guerrillera. El sistema penitenciario, sin embargo, es el que realmente determina cuánto tiempo tiene que pasar la gente condenada. Ann y Brent salieron a la calle antes de ocho años. En comparación a lo sucedido con otras guerrillas americanas, fue algo casi indulgente.

Doug Stewart escribió en Open Road, tras su condena, que el tamaño de las bombas fue problemático. Sugería que los ataques de nivel medio como incendios y sabotajes mecánicos eran más fáciles de realizar que los atentados, observando que las acciones a gran escala demandan pasar a la clandestinidad. Los Direct Action entendieron que debían romper contacto con gente política; que para actuar en una ciudad, debían vivir en otra. Pero esto requería enormes sacrificios personales y emocionales. Cortar completamente todo vinculo con amigos y amantes fue el error que dejó un rastro para la policía local. Las acciones pequeñas son técnicamente simples y permiten, como decía Stewart, que: “Un grupo pueda juntarse fácil y rápidamente alrededor de una cuestión en concreto”. Las actividades de nivel medio también “tienen un impacto de menor intensidad en la vida personal de uno. Si no estás en la clandestinidad, estás menos aislado emocionalmente, y el nivel de tensión colectivo es mucho más bajo. Ser detenido por una acción de nivel medio sería algo mucho menos devastador en todos los sentidos. Una condena de dos o tres años no es ningún chiste, pero es sustancialmente más fácil enfrentarse a eso, que a una de diez o veinte años”.

Para resumir, dejen cito un artículo aparecido en el Prison News Service, diez años después de lo de Litton:

Se hace patente que acciones políticas como las de estos atentados, propaganda por el hecho, como son conocidas, no son comprendidas en una sociedad no política. Incluso aunque unas pocas personas comprendieran las motivaciones que se esconden tras el ataque, el lado positivo es que tampoco tiene por qué haber necesariamente una importante reacción en contra. Es un error pensar que algo como el atentado de Litton podría convertirse en un llamado que despertara a la gente y la motivara a hacer algo contra la situación crítica con la que se enfrentan. Pero, explicado apropiadamente, puede marcar la diferencia para aquellas personas concientes de la situación y que están frustradas con otros métodos de lucha.”

Las acciones guerrilleras no son un fin en si mismas; Eso es, una acción en singular, o incluso una serie coordinada de acciones, tienen poca probabilidad de conseguir algo más que un objetivo inmediato. Tales acciones son problemáticas si se asume que pueden llegar a substituir al trabajo político no clandestino. Pero si se pudiera situar dentro del trabajo político en su conjunto, una táctica más entre tantas, entonces podrían aportar al movimiento más espacio con el que maniobrar, haciéndolos a ambos más visibles y creíbles. Al mismo tiempo, se daría a los activistas un impulso psicológico, una sensación de victoria, a pesar de lo efímero, de modo que pudieran emprender su propio trabajo político con entusiasmo renovado…

Para la mayoría de activistas americanos, la lucha armada se reduce a una cuestión moral: ‘¿Deberían o no deberían usarse medios violentos para avanzar en la lucha?’ Aunque esto es relevante a un nivel personal, sólo crea confusión alrededor de lo que realmente es una cuestión política. La mayoría de los radicales, en este momento de la historia, no se van a involucrar directamente en ataques armados. Pero tal como se desarrollan los movimientos de resistencia en Norteamérica es inevitable que algunos lleguen a asumir acciones armadas. La cuestión se enfocaría sobre si estas acciones armadas serían aceptadas como parte del espectro de actividades necesarias. Mucho dependería de si la gente estuviera sufriendo agresiones o amenazas. Lejos de ser “terrorista”, la historia de la lucha armada en Norteamérica muestra que la guerrilla fue lo bastante cuidadosa al seleccionar sus objetivos. Existe una diferencia importante entre atentar contra objetivos militares o corporaciones, o incluso asesinar a policías en respuesta a su uso de la violencia, a colocar bombas en calles multitudinarias. La izquierda en Norteamérica nunca ha llevado a cabo actos aleatorios de terror contra la población en su conjunto. Denunciar a cualquiera que hubiese elegido actuar fuera de los restrictivos y definidos límites de la “protesta pacífica” a fin de aparentar una moralidad superior, o para teóricamente evitar a la población alienada, es otorgarle al Estado el derecho de determinar cuales son los limites permitidos de la protesta”.

La represión es más efectiva cuando es capaz de evitar que las ideas radicales sean transmitidas a una nueva generación de activistas. Si las ideas pueden ser transmitidas, entonces la nueva ola de activistas desarrollará sus políticas desde la base que ya había sido creada. Afortunadamente, un entorno relativamente pequeño pero muy activo de jóvenes activistas adoptó muchas de las políticas alrededor de Direct Action y las desarrollaron a través de proyectos como Reality Now, Anarchist Black Cross y Ecomedia. Su trabajo en movimientos como el pacifista, el punk o el de apoyo a los indígenas ayudó a asegurar que aquellas políticas no murieran cuando los Cinco entraron en prisión.

Jim Campbell

Este texto, transcrito de una charla de Jim Campbell en Toronto, fue editado como folleto en lengua inglesa desde el año 2000.

Entrevista: Pasión por la libertad

Entrevista a Jean Weir, anarquista de acción que lleva décadas desafiando al Poder. Participa en el proyecto de difusión Elephant Editions.

1. ¿Cómo te encontraste, junto a cuatro anarquistas mas (Antonio Budini, Christos Stratigopulos, Eva Tziutzia, y Carlo Tesseri), detenida y acusada de robo a mano armada el 19 de septiembre de 1994 al banco rural de Rovereto, en Italia? ¿Cómo evolucionó tu vida para llevarte a esta situación?

Cómo es que me encontré detenida el día 19 de setiembre de 1994…. pues, obviamente, no era el crimen perfecto….. un par de gentes del pueblo nos vieron saltar una valla yendo hacia al bosque de las montañas Chizzola. Empezó una gran búsqueda policial y dentro de un par de horas ya nos tenían a todos. Pero no creo que eso es lo que me estas preguntando. Me preguntaste como había evolucionado mi vida para llegar a este momento. Intentare contestar la pregunta a lo cual me parece como si tienes la idea como que éste fue un tipo de clímax en mi vida. En verdad no es así. Si la cosa hubiera ido de otra manera y no nos hubieran detenido nadie se hubiera enterado de lo que pasó. Hubiera sido simplemente “un día en la vida” de unos compañeros anarkistas.

No me parece nada especial que algunas anarkistas decidan recuperar cosas que nos han robado – tenemos que enfrentar el problema de la sobrevivencia como todos los demás desposeídos y además no solo sobrevivir, queremos sobrepasar las limitaciones de la pobreza y actuar en la realidad. Algunos compañeros piensan que la expropiación será un acto en masas, y que cuando llegue este gran día, todos los explotados actuarán juntos. Otras compañeras no están dispuestas a esperar un tiempo infinito para que ésto ocurra, ni están dispuestas a pasar su vida siendo explotadas o participando en la explotación de las demás.

Mirando atrás, lo que me parece excepcional fue que había compañeras con los cuales fue posible hablar de cualquier cosa con la posibilidad de actuar juntos como resultado. Digo excepcional pero en estos tiempos era normal. El conocimiento profundo de una a otro (y de una misma) es el fruto de estar juntas en una misma lucha- manifestaciones, reuniones, discusiones, acciones etc. – al nivel de un movimiento informal anarkista. Las relaciones entre compañeras se profundizan, se gana un conocimiento real entre uno y otro, no sólo de lo que una quiere sino que también como es como individuo, como reacciona, cuales son los puntos fuertes y los puntos débiles. A partir de éste punto creo que es natural que estos compañeros, quienes tienen confianza y se conocen muy bien, empiecen a tratar ciertas cuestiones de una manera mas profunda y decidan experimentar como para empujar su lucha hacia adelante y abrir nuevas posibilidades en cualquier campo.

Para las anarkistas, al no tener jerarquías, esto también concierne con la acción. La validez de cualquier tipo de acción depende de la existencia de todas las demás acciones en cuanto se realiza en una dimensión proyectual con una tensión real hacia la libertad.

2. Se caldearon los ánimos de los medios y el Estado italiano, e hicieron toda una fanfarria acerca del juicio, pero ¿cómo fue tu experiencia con la solidaridad de otros anarkistas y rebeldes durante el proceso legal y durante tu tiempo en la cárcel?

Bueno pues, la cosa se fue desarrollando en dos juicios…. no, tres. Primero había el juicio para lo del atraco en cuestión, después, se nos acusó de otros dos atracos en la zona, eso dio pie a un segundo juicio (que duro muchos meses) en el cual la “pentita” (insurrecta arrepentida) maduró, convirtiéndose en el famoso juicio “Marini”.. Los ánimos se caldearon rápido en los medios locales después del juicio de Serravalle (cerca de Rovereto): tenían todos los elementos que les fascinan a los medios de comunicación cuando hay una “amenaza terrorista”: extranjeros, anarkistas, pistolas, robo, etc….. pero ésto no era nada comparado con lo que vendría después- a nivel nacional.

La reacción de los anarkistas en Rovereto y en los alrededores fue de inmediato y sin condiciones. Su solidaridad fue apasionada y también lúdica a veces. A través de carteles, octavillas, manifestaciones, y charlas se hicieron cargo de la identidad de las compañeras detenidas, defendiendo nuestra identidad como anarkistas con una denuncia bien articulada contra el rol de los bancos y valorando positivamente al acto de robarlos.

Poco después de nuestra detención, nació el quincenal “Canenero.” creo que se podría decir, aunque podría ser que saliera en otro momento, que nuestra detención fue un catalizador para qué saliese. Sus páginas y el saber que había compas que estaban trabajando día y noche para sacarlas a la luz, alegraron mis días del período inicial del encarcelamiento. Pasaron muchas mas cosas, es difícil escribir todo. Desde el principio, las anarkistas de toda Italia fueron a los juicios. La sala siempre estaba llena y a veces habían tantas personas que no cabíamos todas las companeras dentro. Recuerdo un día que en la ventana de otro edificio que miraba hacia la sala del juicio alguien había escrito con pintura de labios (besos) y una A rodeada en un círculo, después a los que no dejaban entrar en la sala okuparon el edificio de al lado para enviar sus saludos. También recuerdo una noticia de que se habían sellado 150 bancos en un día causando el retiro de una de las denuncias de uno de los bancos y de una pancarta para mi cumpleaños cuando uno de los juicios coincidía con mi cumple. Se expulsaron a un par de compas de la zona después de que se lanzaron unos petardos contra la prisión en Trento el día de uno de los juicios. Y un año nuevo, mientras estaba en la cárcel de máxima seguridad de Vicenza, (una mierda de sitio, y sobre todo el módulo de mujeres) unas compañeras alquilaron un autobús e hicieron una mani improvisada con petardos, pancartas y bombas de pintura- una acción que tenía su merito teniendo en cuenta que la base militar americana de la OTAN estaba muy cerca de prisión. Me contaron cuando ya había salido que todo fue muy divertido y que después de la mani se fueron a una fiesta en las montañas que duró toda la noche. El día después apareció un helicóptero en el cielo sobre la cárcel y desapareció hasta el día que me trasladaron a la prisión Opera de Milano. Esta demostración de amor y solidaridad contribuyó a que me sacaran de un sitio tan asqueroso sin tener que escribir ninguna “carta congraciadora al encargado de la prisión” o algo por el estilo. Estos son algunos de los momento que me recuerdo sobre el período inicial. Después de este período, cuando el invento de esta “ex-militante arrepentida” de una banda inexistente a la cual, supuestamente, pertenecíamos todos, muchos de los compañeros fueron detenidos y tuvieron que entrar en la clandestinidad para poder seguir luchando. Se que hubo mucho debate entre los compañeros que se quedaron de qué hacer pero no se tanto de este tiempo como del momento previo.

Leyendo estas preguntas me hace recordar estos tiempos no tan lejanos y al acordarme de la solidaridad que hubo me llena de ánimos. Fue impresionante. Solamente uno que ha vivido una situación parecida puede llegar a entender de lo que hablo, y como se puede ver, no soy capaz de exprimir la respuesta de esta pregunta en unas pocas líneas. Y a todo esto, lo que te acabo de explicar es sólo una pequeña parte de todo lo que estaban haciendo los compañeros día tras día y noche tras noche.

Un colectivo en defensa de las anarkistas que se había formado antes, buscaban abogado contribuyeron con actos de apoyo, y enviaron noticias regularmente sobre la situación en si, que después desencadenaría en un ataque represivo complejo contra una parte muy grande del movimiento anarkista…..

El compañero que envió el dinero fue acusado de “tesorero” de la organización fantasma clandestina inventada por el fiscal Marini junto con las fuerzas especiales de los carabinieri y le pusieron un orden de busca y captura. El compañero que cogió mucho peso en el colectivo de la defensa fue acusado de haber falsificado una nota interna policial que fue enviada a radio blackout en Torino. Los dos fueron absueltos o se les quitaron los cargos al final.

Se imprimieron y pegaron miles de carteles por parte de anarkistas que querían mostrar su solidaridad en todas las ciudades principales y pueblos durante las varias fases represivas.

La “situación” paso de ser una cosa mas o menos no muy complicada para tres compañeros que fueron “detenidos en el acto”, de lo cual no hay mucho que debatir, a ser una “situación” que había evolucionado hasta llegar a tener alrededor de sesenta anarkistas acusados de pertenecer a una organización clandestina insurrecta contra el Estado etc… pidiendo por los cargos sentencias de múltiples cadenas perpetuas..

Todo se sustentaba por las confesiones de la novia de Carlo que en ese momento tenia 20 años. Ella fue detenida conmigo y las R.O.S. (Reparto Operazioni Speciali) la habían señalado como una persona joven y manipulable que potencialmente podía estar presionada con tácticas de miedo para colaborar con la policía y el sistema judicial. Ella declaró que era una ex-miembro de la “banda” y que había participado en uno de los atracos de la zona de Trento. Como desarrollo la historia fue casi cómico, pero empezó a ponerse bastante seria hubieron cientos de redadas en toda Italia y muchos compañeras acabaron en la cárcel. Algunas hicieron huelga de hambre y consiguieron la libertad. Se realizaron denuncias masivas del montaje contra las anarkistas, lo que ya era noticia principal en los medios de comunicación. Hubo miles de reuniones, ataques contra la prensa, manis, exhibiciones itinerantes, y las entradas al metro fueron siliconadas el primer día del “juicio” “Marini”. Miles de panfletos denunciando, aparte de la detenciones, la manera en que el juicio distorsionaba los métodos anarkistas, fueron distribuidos por todo el país. Hubieron muchísimas acciones y en un momento dado, después de muchas reuniones con grupos e individuos de todo el país la campaña se empezó a un nivel internacional. Hubo muchas intervenciones en las radios libres y acciones en solidaridad en Alemania, España y Grecia. Una compañera alemana que hacia un periódico en alemán empezó a traducir textos desde el italiano, no estaban relacionados con la represión, eran mas teóricos, también monto muchas cosas en apoyo. Ella estuvo muy cercana a mi a través de los años que yo estuve en la cárcel. Recibí desde compañerxs en muchos países incluso desde el reino unido, muchas cartas, telegramas, y notas expresando la solidaridad, pasión y color, deseándome suerte.

3. ¿Nos puedes contar algo sobre tus experiencias y las condiciones dentro de la cárcel también si hubieron oportunidades para rebelarse etc…? ¿Cómo eran tus relaciones con las otras presas?

Otra historia muy larga…. donde empezar? Entonces, para empezar, no fue solo una sino que siete cárceles tras los años, y mucho tiempo estando esposada dentro de una furgoneta entre Trentino y Milano, mirando por los agujeritos de las ventanas forradas de hierro para poder echar un vistazo a las montañas y los campos con los árboles enflorecidos, mientras el juicio en Trento se desarrolló de manera perversa. Las condiciones específicas de cada una de estas cárceles varia mucho pero hay algunos factores que son particulares en los módulos de mujeres- suelen ser mucho más pequeños que el de los hombres y tienen menos instalaciones para educación y ocio y a veces ninguna.

La primera cosa que me chocó y me molestó era que yo estaba sola. Quiero decir que me separaban de mis compañeros quienes durante mucho tiempo compartían celda y así tenían tiempo para reírse, hablar y en general plantar cara a la situación juntos. A la Eva y a mí nos mantenían separadas y afortunadamente la pusieron en libertad un mes después de la detención. Yo había estado en una situación parecida antes y mas o menos ya sabia que me esperaba así que me concentre en coger fuerzas. La solidaridad que recibí de fuera, la que ya he explicado, me ayudó mucho a coger fuerzas, pero había muchas cosas pasando alrededor y dentro de mi misma que me hubiera gustado compartir con los compañeros pero esto fue imposible. Me refiero, hasta las cosas triviales, bueno, en la cárcel todo es trivial pero a veces pesa mucho… las reverberaciones de las alas de la mariposa proverbial pueden llegar a hacer un círculo entero en cualquier momento, como un boomerang de hierro y hasta los pensamientos de una pueden coger una forma (o quizás ya la tienen) sólida y una capacidad de actuar en la realidad.

Creo que es simplemente mantenerte viva, manteniendo la cabeza en alto, la individualidad y el ánimo es en sí mismo son un acto de rebeldía en el contexto de una institución hecha expresamente para humillar y romper a la gente. Las cosas eran diferentes en esta época comparado a los setentas y ochentas cuando había miles de compañerxs encarceladxs, muchas veces encarcelados dentro de prisiones de máxima seguridad construidas a medida. La rebelión fue una constante, una necesidad y una continuación de la lucha de afuera, casi poniendo la lucha de fuera en la sombra en relación a la lucha de dentro, esto antes de que aparecieran los discursos de los líderes reformistas marxista-leninistas.

Ahora, sobretodo si eres mujer, seras de las pocas que estén dentro por una variedad de razones. (mejor dicho- lxs anarkistas no se declaran como presos políticos, y si acabamos en módulos especiales para presos políticos es porque el Estado nos ha puesto allí para prevenir que el anarkista “infecte” a la población común.) de hecho, en unas de las cárceles de poblaciones pequeñas como la de Rovereto me tenían en lo más aislado de acuerdo a lo que las condiciones permitían. Los carceleros no estaban nada acostumbrados a ver los panfletos que me llegaban, sus manos literalmente temblaban al pasarme el correo, me echaron de allí lo antes posible. La única cosa que me acuerdo de la cárcel en Trento fue una noche en la que hubo un terremoto. Pasé las horas siguientes pensando en que hacer si pasaba una réplica hasta que me quede dormida. Pero no todo tiene un final tan feliz como este… en 1986, ocho presas (y dos carceleras) murieron atrapadas después de un incendio en la cárcel de la Vallette en Torino. Me daba mal cuerpo escuchar noticias sobre los presos en New Orleans por ejemplo. Mas allá de las anécdotas típicas la prisión consiste en muchas cajas reforzadas donde millones de personas están encerradas día y noche. Son secuestrados por el Estado y viven bajo la mano de una jerarquía asquerosa de cobardes 24 horas al día.

Cuando cerraron el modulo de mujeres en Trento, como lo expliqué antes, me trasladaron a Vicenza. Allá, el modulo de mujeres era un pasillo de celdas por los dos lados. Por la mañana abrían unas puertas grandes de metal dejando cerradas una de barrotes y así eran las condiciones durante el resto del día. Chicas pálidas y flacas pasaban todo el día en la cama porque, aunque se podía salir al patio, hacia demasiado frió afuera. (Vicenza esta en las montañas). Por ley, hay un horario de patio pero en ningún sitio está escrito que no puede haber un “mínimo” de tiempo. Las dos “horas obligatorias” la pasábamos en un sitio gigante y frió hecho de cemento sin ninguna cosa para hacer era demasiado para la mayoría de la gente, y los carceleros estaban contentos al no tener que abrir y cerrar todas las puertas necesarias para acceder al patio.

Así empezó la batalla, en un principio de “buenas maneras,” hablando con los médicos, escribiendo demandas al alcaide etc. pero no pasó nada. Era muy difícil hablar con las otras presas debido a qué, aparte del tiempo en el patio, sólo había un par de horas de “socialización” cada día y se tenía que apuntar anteriormente, nombrando a la presa que pondrían en tu celda o la que puedes “visitar.” A pesar de todo, nos pusimos de acuerdo que al día siguiente saldríamos al patio y en un acto de protesta no volveríamos al cabo de las dos horas. Esto en el contexto de la cárcel es equivalente a la insurrección. Llegó el día. La presencia de los carceleros del modulo de los hombres nos dejo bien claro que nuestros planes habían sido frustrados. Poco después, (todo esto pasó poco después de lo del año nuevo en Trento) la compañera de la celda de al lado, C, y yo fuimos trasladadas a otras prisiones. C fue trasladada a una cárcel pequeñita perdida en la nada y yo fui trasladada al modulo de presxs políticxs de la Opera en Milano. Esta historia sirve de explicación a como un simple intento de conseguir un “derecho” puede ser considerado una amenaza peligrosa al orden y la ley.

El hecho es que es necesario ver el contexto del cual hablamos. No entras en la cárcel y dices, oh, cuanta gente! Esta es tierra fértil para sembrar una rebelión, vamos! En primer lugar, a la mayoría de la gente no les interesa en absoluto como te defines, y por mi parte no intenté hacerlo, aparte de mi manera de actuar con ellas y lo que me rodeaba, pero sí que había alguna gente “política” que sabían de nosotras. Eso es diferente. Normalmente, cuando estas encarcelado el trabajo que tienes es tirar pa’ adelante como presa y continuar viviendo tu vida bajo condiciones “diferentes” e intentar contribuir subiendo los ánimos en una realidad que ya es bastante deprimente. La mayoría de las mujeres que están dentro ya están en condiciones mucho peores que nosotras. Muchas tienen hijxs que están muy lejos y se preocupan por ellas todo el tiempo. Somos bastante privilegiadas por el hecho que tenemos compañeros, solidaridad y abogados excelentes los cuales muchos son compañeros también.

Dicho eso, fue una buena experiencia encontrarme con tanta gente loca y diferente que no hubiera conocido por cuestiones de decisiones personales que uno toma en su vida y por todos los diferentes guetos donde nos meten. Nosotros, a los “muertos de hambre,” nos tienen divididos como; gitanos, yonquis, asesinos, lideres historicos de hace mil años, putas, camellos, etc. Viví unos momentos muy intensos y a veces muy divertidos. No te confundas, mi tiempo en la cárcel no fueron “los mejores días de mi vida” Pero cuando meten a vivir, a la fuerza, a un grupo de humanos muy particulares; y debido a su condición común estos logran unirse y ser ellas mismas (con todas sus idiosincrasias exquisitas) ocurre una alquimia extraña que atraviesa los muros convirtiéndose en un momento de verdadera libertad y en una amenaza al status quo de la prisión.

Por supuesto hubiera sido mejor tirar los muros abajo de verdad…muchas de estas mujeres están dentro todavía, muchas mas han entrado. Me preguntaste sobre la solidaridad y no puedo acabar mi respuesta sin mencionar un momento de solidaridad entre presas que nunca olvidare. Como dije antes, recibí muchos correos que no estaban “oficialmente” censurados. Entre ellos recibí la colección entera de Canenero y bastantes copias de números pasados de los ochentas del periódico anarkista ProvocAzione. En la Opera, me las quitaron con una excusa poca elaborada de algo como “riesgo de incendio” o “adquirido ilícitamente” después de una revisión rutinaria de las celdas. Lo obvio fue que la persona que las había encontrado no le gusto el contenido. Yo estaba rabiosa y demandaba que me las devolvieran. Cualquier persona que haya estado encarceladx sabe muy bien que no existe nada como “demandar” en prisión. Una cosa tan sencilla como comprar calcetines tiene que pasar por un proceso que puede durar semanas. Yo no estaba preparada como para esperar. Para hacer esta larga historia mas corta, acabé montando una protesta en la cual, simplemente, me negué a volver a la celda después de la hora del patio. El resultado inmediato fue una cita con el Maresciallo (mariscal) del módulo masculino, eventualmente, me devolvieron las revistas y la alcaide del módulo femenino desapareció durante un par de semanas. (esto nos dejó con unas semanas de descanso). Otro resultado de la protesta fue que el lunes siguiente me llevaron a un tipo de “juicio interno” lleno de alcaides, carceleros, policías, psicólogos etc… me declararon culpable de haber sido insubordinada. Como castigo me dieron una sentencia de dos semanas en la celda de castigo. Todas las presas, muchas de las cuales tenían mas que veinte años allí, se sorprendieron con la sentencia. Pues, normalmente, los castigos eran de dos o tres días. Después de que el médico me mirase para ver si yo estaba en buen estado de salud como para aguantar la sentencia (el médico siempre tiene la última palabra, incluso en el pasillo de la muerte…) me llevaron a la celda de aislamiento donde pasaría 22 horas diarias. Tenia sólo las posesiones básicas; mis revistas anarkistas (me aseguré de tenerlas) un par de libros, un diccionario y una radio pequeñita. Habían carceleros delante de la puerta metálica de la celda 24hrs al día, me vigilaban por un agujerito de la puerta y me dejaban salir para hacer ejercicios en un patio desecho y pequeño una hora en la mañana y una hora en la tarde. Cualquier persona que me hablara recibiría el mismo castigo. Después de pasar toda la noche combatiendo los mosquitos (era mediados de agosto y hacían unos 40 grados) me desperté con el sonido de una gente cantando rap al otro lado de la ventana, cuando fui a mirar lo que había, vi la niñas que trabajaban en el jardín abajo bailando entre las plantas y rapeando toda la historia. ¡Que fuerte! Cuando me sacaron al patio, escuche a todas las presas desde sus ventanas cantándome canciones de amor y de batallas a grito pelado. Había tanto desorden que los carceleros, cuando llegaban a sacarme, me tenían que llevar al patio de deportes y no a aquel patio dejado y pequeñito. Por las demás cosas…. es suficiente decir que durante todo el tiempo que estuve en aislamiento toda la comida de la prisión la tiré al excusado y recibía comida fresca, café caliente, etc. etc….. todo eso gracias a la creatividad que sólo puede tener esta gente que ha estado encerrada en un sitio donde no quieren estar. Eran capaces de pasar estas cosas debajo las narices de los chivatos uniformados que quedaban fuera de la celda o de los carceleros armados que patrullaban el recinto. ¡Cuando se terminaron las dos semanas, hicimos una fiesta en el módulo!

4. Después de que te pusieron en libertad, ¿cómo te sentías entrando otra vez en la “sociedad?”

¿Sociedad? ¿Que es eso? Creo que desde que he nacido mi experiencia con la ”sociedad” ha sido la de un sargento de hierro. Mis primeras dos semanas en la guardería tenían que encerrarme en la sala. Posiblemente lo más cerca que he estado de estar “dentro” de la sociedad fue cuando estuve en la cárcel. No había manera de evitarlo al menos que te declares “preso de guerra” y pases todo tu tiempo sólo con un status especial. La cárcel es un microcosmos del mundo de fuera, una caricatura de la cual no puedes salir. No hay ningún sitio para esconderse por lo tanto empiezas a socializarte un poco… quieras o no… aunque sea para las otras presas y/o para hacer algo con tu tiempo. Pero siempre dentro de unos límites. Como en la sociedad de afuera la prisión tiene una estructura que polariza a la gente; segrega y excluye a las rebeldes y se interesa por integrar a otras presas para que participen en su propio encarcelamiento. Los momentos en que me encontré más cerca a esta participación eran los tiempos más duros para mi, el tipo de realidad que ellos buscaban me daba asco. Te gustaría escupir en la cara de la carcelera y decirle que se quite esa sonrisa de su puta cara cuando viene de madrugada para abrir tu celda pero hasta puedes llegar a darle los “buenos días”.

Hace poco un compañero italiano me dijo que cuando el estaba en la cárcel el año pasado había unos viejos militantes de las Brigadas Rojas que siempre decían a los carceleros cosas como “stronzo” o “pezzo di merda” y los otros presos les tenían envidia por poder hacerlo. Si ellos lo hubieran hecho estarían llenos de moretones con un par de costillas rotas. generalmente te tienes que enseñar a contener la rabia que tienes por todo el sistema. al salir, estaba de arresto domiciliario, después, volví a Londres porque tenia otra sentencia pendiente en Italia relacionada con algo de un robo de un coche que supuestamente fue usado en un atraco. Aquí, (Londres) me he dejado caer en una existencia dentro de mi gueto. No lo digo con orgullo porque ésta es una existencia de compromiso como cualquier otra. No hay una lucha verdadera aquí, no hay una tensión en lo que se refiere a atacar lo que te oprime y lo que oprime a las demás. Te puedes hacer una activista frenetica o te puedes pasar el rato intentando “socializar” mas o menos dentro de tu realidad y seguir con tu proyectualidad lo mejor que puedas- eso siempre dentro de la dimensión de buscar afinidades y fuentes de lucha de la manera que la quieres experimentar. Así en ésta prisión al aire libre, también eres una expulsada, una extranjera jugando un rol y respetando las “reglas sociales”

5. Italia tenía una larga historia de insurrección, tanto en tiempos recientes como en tiempos no tan recientes, ¿puedes hablar un poco sobre algunas luchas allí y en las cuales has estado involucrada?

En Italia, en los setentas y los ochentas, aunque había una proliferación de organizaciones clandestinas declarando la guerra contra el Estado, había también, un movimiento insurrecional difuso y eso si que fue muy emocionante. Se sentía la emoción a tu alrededor, estaba en el aire que respirabas. Habían muchos ejemplos de okupaciones en masa, okupaciones de universidades, boicots de pagar los billetes, de pagar el autobús o la comida etc. en ciudades como Bologna había miles de gentes que se negaban a pagar. Habían muchísimas acciones pequeñas de ataque llevadas a cabo por individuos o grupitos pequeñitos con gente que pasaban de usar la retórica de las organizaciones armadas. Todo esto tendría un efecto profundo en la parte del movimiento anarkista que ya se estaban moviendo en esa dirección. Siempre había una sensación de proyectualidad y de sentirse parte de una lucha por la libertad con otros compañeros en esta movimiento informal.

Eso se desarrolló a lo que algunos anarkistas llaman “el método insurrecto” de luchar. Eso se refiere a una interpretación que intenta conseguir participación masiva junto con anarkistas en contra un objetivo especifico, lo que requiere un compromiso constante en la lucha durante un cierto período de tiempo. No es una cuestión de un grupo pequeño de gente decidiendo atacar una expresión particular del poder, sino un intento de involucrar grandes números de gente auto gestionada en una proliferación de organismos de base- núcleos, ligas o como se quiera llamar- que ataquen el objetivo juntos. La clave de esta manera de organización es que nunca puede transformarse en una manera jerárquica, sino sólo se pueden extender de manera horizontal y cuando ya se ha llegado al objetivo y toda la gente involucrada están teniendo una experiencia de cambio cualitativo (sin delegaciones, decidiendo en primera persona, creatividad, etc…)con sus relaciones hacia al poder, la lucha puede llegar a sobrepasar su objetivo. Tengo la suerte de haber vivido una situación así, aunque el resultado no era lo que todo el mundo deseaba. pero eso no importa.

Fue durante los ochentas, en Comiso, en la isla de Sicilia, donde yo vivía en este tiempo. los americanos habían decidido dejar unos misiles nucleares en la base militar que tenían allí y a nivel local habían muchas discrepancias sobre eso. los activistas anti-nucleares, el partido socialista, los comunistas, los verdes etc… protestaron en manifestaciones enormes o hicieron piquetes delante de la base. Las anarkistas decidieron alejarse del circo y actuar en una lucha prolongada dentro del contexto de rebelión en masa. La esencia de la lucha anarkista son los medios y no el fin. Hicimos panfletos analizando las razones, no sólo lo militar sino lo económico y social, por las cuales la única respuesta sería al proyecto de muerte que era okupar la base y destruirla. Imprimimos miles de panfletos con un aparato manual que iba con plantillas que nos habían dado la gente de Class War de Londres. Nadie tenía dinero y fuimos improvisando todo a la medida que iban saliendo las cosas. Conseguimos construir un equipo de sonido y fuimos viajando por los pueblos de la zona dando (sobre todo Alfredo) charlas potentes al aire libre en las plazas. Mayoritariamente, fueron hombres los que asistieron pero hicimos también panfletos para las poblaciones femeninas y los repartimos en las casas haciendo una espontánea “capanelli” con algunas de ellas. Hicimos panfletos especiales para los trabajadores de la refinería petrolera Anic, (quienes dejaron de ir a trabajar hasta que nos soltaran cuando la DIGOS – policía política- nos habían detenido) y para los colegios, repartiéndolos delante los colegios. Como resultado algunos de los estudiantes se negaron ir al colegio un día en protesta e hicieron una mani improvisada que llenó una de las plazas. En el momento en que el líder del partido comunista nos picó la puerta, proponiéndonos que “trabajáramos juntos” aprendí como funciona el poder a nivel local. No hace falta decirlo pero no le hicimos mucho caso.

En ese tiempo, alguna gente nos había dejado una casita porque muchos de nosotros vivíamos bastante lejos. Las charlas, carteles y panfletos habían llegado a mucha gente procedente de varios estilos de vida diferente- estudiantes, camioneros, campesinos etc.- y estaban de acuerdo en que se tenia que destruir la base. Ellos formaron “organizaciones básicas” mínimas que se llamaban “ligas” por falta de otro nombre. Estas ligas que consistían muchas veces en grupos de dos o tres pero podían expandirse y multiplicarse en la medida que se intensificaba la lucha necesitaban un sitio como punto de referencia y coordinación (para hacer reuniones, hacer e imprimir panfletos etc.). Se alquiló un sitio pequeñito en Comiso para eso y se le llamaba la coordinación para las ligas autogestionadas contra la base militar de Comiso. Esta gente eran las que realmente tenían el poder como para destruir la base junto con sus compañeras de trabajo, vecinos, familiares, animales de granja, tractores y excavadoras. Esto era el sueño.

Aparte de la represión existían una combinación de obstáculos dada la mafia local que una noche entró en la casa y dispararon contra nosotros, una bala atravesó el pantalón de Alfredo, estaba el Partido Comunista que funcionaron, como suelen funcionar, como extintores, y finalmente, estaba el movimiento anarkista en sí mismo y nuestras limitaciones. No es posible ahora mismo entrar en detalles pero mirando atrás pienso que se tendría que dejar constancia de este intento porque fue una experiencia muy real que tuvo un fuerte aspecto teórico y experimental, así que pertenece a todo el mundo.

6. El proyecto editorial, Elephant Editions, en el que estás involucrada es conocido por ser el traductor principal de Alfredo Maria Bonanno y otras anarkistas “insureccionalistas”, no queremos hacer un culto a la personalidad, pero ¿puedes explicar porqué las ideas de Alfredo y otros escritores que editas son importantes para la lucha contra las condiciones que nos oprimen?

En primer lugar, estamos hablando de ideas, una mercancía que no se ve mucho en estos días. Ideas con una carga subversiva que encuentran y estimulan otros ideas y que nos sacan del pantano de opinión y tolerancia y nos ayudan a llegar a la claridad necesaria para actuar y transformar la realidad que nos oprime. Esto se tiene que decir, yo nunca empecé a traducir o editar alguno de éstos textos sin la intención egoísta de querer entrar en un discurso o aclarar unas ideas para mi misma. Eventualmente, después de trabajarlo mucho, el texto coge forma en ingles y quiero que otra gente lo lea. para algunas personas leer textos así es un encuentro o un descubrimiento, en cierto nivel, una misma al ver algunas ideas escritas con un cierto nivel de claridad. tensiones que ya sentimos en las entrañas se aclaran, haciendo mas fácil recopilarlas y asimilarlas para poder actuar. Así que el texto coge vida propia, se mueve dentro del contexto de la lucha, y contribuye a que los compas que quieran, tengan una herramienta para reconocer y valorizar sus propias ideas y sueños haciéndolos mas fuertes en la vida y en la lucha. Entonces el texto empieza a ser no sólo un encuentro subjetivo pero una “cosa” física que, en la vicisitud de espacios sociales e ideales donde se mueven, se hace un elemento para crear relaciones informales entre compañeros individuales. Aparte de eso, hace falta un análisis- por ejemplo, de la economía, la nuevas tecnologías, las varias caras del poder, nuevos enemigos y falsos amigos, y, vamos a hablar francamente, muchos de nosotros somos vagos o nos faltan métodos para conseguir conocimientos. Sin ideas, análisis y proyectualidad no somos nada, solo abstracciones construyendo castillos en el aire caliente de estructuras formales y sus obsesiones con la organización. La estructura del italiano y de estos textos es bastante diferente que al ingles de “piratas y dueños de tiendas,” siempre tardo un montón en traducirlos a un ingles que se pueda leer y seguir el argumento. Es todo un trabajo, sobre todo porque estos compañerxs, Alfredo y otras que he traducido, son mis compañeros de lucha. Hemos vivido y tenemos la experiencia de poner ideas, que vienen del desarrollo del movimiento en las ultimas décadas, en práctica. Creo que estas ideas o teorías en concreto son una contribución importante a la lucha de hoy porqué vienen de una parte del movimiento que no hace referencia a ninguna organización fija o estructura formal y desea atacar directamente todas las formas de opresión. De hecho, atacar y la teoría del ataque- que es lo mismo para lxs anarkistas- son elementos esenciales del movimiento informal y sin ellos existiría solo en el nombre. Pues, en los textos hay, también, un elemento fuerte de crítica sobre organizaciones anarkistas fijas tanto como el sindicalismo o una federación que depende de números, como limitados en términos del ataque. A la vez hay una crítica de las organizaciones clandestinas y el “atacar el corazón del estado” que era bastante predominante en las setenta, sobre todo en Italia. la mayoría de estas organizaciones clandestinas eran de tendencia marxista-leninista pero algunas anarkistas intentaron hacer lo imposible por formar una versión”anarkista” que acabó cayendo en las mismas contradicciones de cualquier otra organización clandestina con sus maneras fijas de funcionar. Y sí, creo que muchos anarkistas de este tiempo sintieron una presión considerable de formar algún tipo de organización para poder estar “en la realidad de la lucha”. Las teorías de las cuales hablamos valorizan la formación de pequeños grupos que no se complican por pre-concepciones ideológicas, actuando directamente en la realidad sin ningún sacrificio sino para su propio placer y libertad inmediata dentro del contexto de libertad para todxs.

Otro componente esencial de los textos es lo de un análisis de los cambios profundos de las ultimas tres o cuatro décadas y de la manera que funciona la explotación en el mundo entero y de las luchas en contra ella. Las ” nuevas tecnologías” que muchas compañeras jóvenes conocen como normalidades cambió literalmente la manera que funciona el mundo.

Todo el funcionamiento de producción, incluyendo el de la comida y el combustibles etc…, se mudó de Europa a Asia y el oriente después de un proyecto masivo de reestructuración que chocó con una rebelión que casi llegó a una insurrección general en algunos países. Eso dio pie a que el sistema cambiara por completo los requisitos educativos y un aplanamiento cultural a favor de las cadenas de datos que no nos llevan a ningún sitio.

También se debería decir que cuando algunos textos existían en ingles (por desgracia, el idioma del orden del mundo) las anarkistas de otras partes del mundo veían algo interesante en los textos y han podido traducirlos a sus idiomas y eso es una de las cosas que me ha dado más placer en todo el trabajo.

Un pequeño apartado sobre lo que decías del culto de la personalidad- creo que este concepto es bastante raro para los anarkistas en general. anarkistas están calificados/valorizados/juzgados por parte de sus compañerxs según lo que dicen, como actúan y la coherencia entre estas dos cosas; no a través de diatribas sobre su atributos personales (inventados o reales) que suelen hacer organizaciones que necesitan líderes carismáticos como en Rusia después de que los bolcheviques tomaron el poder. Ataques personales aparecen cuando no hay una critica actual de los métodos expuestos por otros compañeros y cuando el status quo de algunos sectores del movimiento se ve amenazado por estos métodos. Esto es más fácil que atacar a las ideas en sí mismas y proponer otras que podrían ser más efectivas, que se yo. pero, como había dicho, todo esto no pertenece a lxs anarkistas quienes, al ser anarkistas, niegan el concepto de un líder y a la vez exaltan cada individuo en la dimensión de igualdad.

Para las anarkistas, nuestras ideas vienen de la acción, nuestras ideas son acción, acción anarkista- acción revolucionaria- es también nuestra idea. a veces pensamos que el idioma nos une pero de hecho, nos separa. pero, tenemos que intentarlo de alguna manera y mas todavía dado que el capital se ha hecho con nuestro idioma. El capital ha expropiado muchos de los términos que usábamos antes y los ha vaciado de sentido. Lo ha hecho de la misma manera con nuestros espacios y nuestro tiempo. por decirlo de otra forma se nos esta quitando la vida. Se nos esta quitando la vida para volver a vendérnosla en los supermercados de identidades. Estamos obligados a tener una identidad, no podemos ser solo individuos, lxos individuos dan miedo al capital pero las identidades son seguras porque pueden interactuar entre ellas. El modelo prevalente del presente va hacia al futuro es lo de la tolerancia: respeto, reciprocidad, el respeto de las diferencias y preferencias de cada una. Pero estas diferencias tienen que ser homogeneizadas en una serie de diversidades. No diferencias reales que puedan atravesar, conspirar y chispear, creando una realidad del tiempo y espacio libre.


Retomando nuestras vidas

“Retomando Nuestras Vidas” fueron una serie de charlas con Jean Weir en Hamburgo y Berlín, Alemania. Asistieron entre 50 y 100 personas. En Hamburgo se realizó en la “Rote Flora” un espacio anticapitalista que lleva mucho tiempo, y en Berlín se hizo en “Stadthaus Bocklerpark” un popular espacio deportivo. Lo que sigue es un fragmento de algunas de esas charlas.

Sabes qué… de cierto modo, creo que tenemos que examinar nuestras expectativas – porque estamos aquí – porque vivimos en un mundo de repeticiones y las cosas se suelen repetir, también con nosotros dentro del movimiento. Posiblemente esperamos, en cuanto aparece una compañera de cierta edad, que esta persona nos explique su forma de organizarse, y así reproducirla luego de describirla. No es el caso esta noche. Sólo intentaré comunicar un par de ideas dentro del contexto del ideal anarkista- bueno, hablaré del punto de vista de una anarkista- no tomaré por descontado que todo el mundo aquí es anarkista, pero obviamente estamos de acuerdo en que tenemos un enemigo común.

…El hecho de exteriorizar la violencia no significa que vamos hacia la revolución. Podría ser que el capital, en su necesidad de participación y control, nos ofrece momentos para expresar la violencia contenida y la frustración, así protege su esencia estructural y nos da un enemigo simbólico. Porque al fin y al cabo el policía es un símbolo del capital, no es el capitalismo, es una herramienta del capital. El banco es un símbolo de capital, el dinero es un símbolo del capital. Si atacamos el capital de manera destructiva el dinero se hace relativo. Si nos acercamos directamente al comunismo; no al comunismo del Estado, sino al comunismo sin jerarquía ni lideres, el dinero desaparece inmediatamente. Si llegamos a un momento en que la lucha insurrecta se hace realmente destructiva, tanto que destruya el funcionamiento del capital, el Estado pierde su consenso porque la gente empieza a organizar sus vidas directamente, los policías dejan de ser una cosa garantizada por el Estado y muchos de ellos saldrán corriendo. Porque, como ya sabemos, son cobardes. Son violentos, peligrosos y asesinos pero también son cobardes.

Así que, los problemas que tenemos pendientes son bastante urgentes, hay una urgencia en este asunto. Hay la necesidad de poder analizar la realidad de alguna manera- ¡mejor de lo que lo estoy haciendo esta noche!- hacer un análisis básico mínimo de la realidad que vivimos ahora en este momento, antes que se reduzca nuestro lenguaje, porque nuestro lenguaje se está reduciendo en todos los sitios. Se esta reduciendo en las escuelas, en el terreno social y en muchas de las áreas de las humanidades. No sé en Alemania, pero en Inglaterra se está eliminando de los estudios. Las ciencias ya se han vendido al capital por completo, y de aquí a nada no tendremos ni la capacidad de razonar y únicamente seremos reactivos.

…. Estamos perdiendo la capacidad de mirar a nuestro alrededor, evaluar algunos peligros y tomar la iniciativa y la responsabilidad, hasta una acción tan simple y sencilla (pero cada día mas peligrosa) como cruzar la calle. Cruzamos cuando nos dan permiso, cuando es legal, cuando tenemos (los peatones) el derecho legal para cruzar. De cualquier manera, solo es un apartado. La cuestión es que tenemos dos elementos opuestos delante. El viejo elemento de la cantidad, eso de que debemos ser muchos para poder movernos, para poder atacar. Afrontamos la elección entre cantidad y calidad. Tenemos fechas para la manifestación grande o la cumbre, o nos identificamos con una campaña- tipo ecología o anti-nuclear- y dentro de esa realidad nos encontramos otra vez con la elección de si queremos estar con mucha gente, lo cual requiere la formación de alianzas con diferentes tipos de grupos, si queremos encontrar calidad en nuestra lucha. Deseamos involucrarnos en una lucha con la calidad que decidamos, inventemos y experimentemos. Reconocemos que también necesitamos ser muchos si queremos luchar, atacar y destruir el capital. Eso, otra vez, es lo que tenemos que decidir, porque no todas las anarkistas quieren destruir el capital. En el pasado, no sé del presente, muchas anarkistas pensaban que el proyecto era crecer en cantidad como movimiento. Los obreros tomarían los medios de producción y se autogestionarían sin jefes ni esclavos: todo el mundo como iguales. Un tipo de anarko-sindicalismo digamos. Hay otra parte del movimiento que cree que nuestra falta de fuerzas es porque no estamos lo suficientemente “organizados”, y como no tenemos una organización fuerte, los esfuerzos de estos compañeros están dedicados a la consolidación de esa organización para hacerla crecer antes que podamos llegar al momento de atacar. Porque necesitamos a “la clase trabajadora” en nuestras organizaciones antes que podamos atacar. Pero si, como hemos visto, “la clase trabajadora” como clase consciente ha desaparecido entonces esta proyectualidad esta destinada a quedar tal como está.

Cuando decimos que la clase obrera ha desaparecido no estamos diciendo que ha desaparecido la explotación o que la gente ya no trabaja, sino que se ha cambiado la clase de productores en las cuales se basaron las antiguas teorías revolucionarias. El principal sector productivo de Europa es ahora el terciario, ha dejado de ser la producción primaria al convertirse en producción dirigida, una manera de organizar lo que viene de otros sitios; información, servicios e industria.

Está claro que también somos explotados, y por eso estamos aquí. Pero tenemos más, a parte de sentirnos explotados. Tenemos ideas, tenemos una visión de otro mundo, tenemos cierta claridad para ver las cosas como son, desde la cuestión social, tenemos capacidad de análisis y mucho más.

Si estamos de acuerdo en que no queremos éste mundo, que debemos destruir el trabajo, porque el trabajo no sólo nos esta destruyendo, sino que también está destruyendo el planeta entonces, en algún momento necesitaremos ser más en este proyecto. Así que pienso que el problema que debemos afrontar hoy, es como podemos funcionar de una manera eficaz, sin mediaciones, para atacar lo que sabemos que debe ser destrozado y a la vez ser muchos más. ¿Quienes son nuestros compañeros? ¿Buscamos compañeros dentro de los movimientos, en las enormes masas de gente que aparecen en las cumbres, o durante las fechas de la algunas manifestaciones de ecologistas, etc?, por supuesto que estarán algunos compañeros allí, ¿pero cómo encontrarlos? Si no nos interesa formar una organización visible con un nombre y una manera fija de funcionar, les encontramos actuando en grupos pequeños, actuando directamente en contra del capital, haciendo de algún modo que estos ataques se desarrollen y multipliquen. Acciones que son fáciles de identificar y reproducir. El ataque tiene que ser visible no sólo a los potenciales compañeros que estén ahí, sino a las demás compañeras potenciales que no vemos. Es posible que en este mismo edificio, en este momento, haya personas que sean nuestras compañeras. Esa es la clave, hay compas a nuestro alrededor, en esta ciudad, en cualquier ciudad y en este país. Nuestras compañeras están en todas partes.

….. Cuando una situación empieza a ser aplastante hay una muchedumbre, no una demostración política en la cual sabemos “quienes somos” (posiblemente no estamos todos juntos en una marcha pero sabemos quienes somos, nos reconocemos); aquí estamos en la muchedumbre, no conocemos a nadie. Esta es la situación que buscamos si estamos intentando destrozar al capitalismo. No tenemos el control, ni buscamos un proyecto de control. Ya vivimos en una situación de control: autocontrol en un nivel muy grande, y del movimiento.

Entonces, ¿cuál es la función de las anarkistas dentro de movimientos de masas insurrectos? pues, algunas anarkistas terminan implicándose en la lucha de masas; miles de egos actuando como uno. Ese es el momento de autogestión, no hay nadie organizándo desde fuera. Puede definirse, si quieren hacerlo así, como una insurrección. Pero si no actuamos, después de unos días, los problemas aparecerán dentro del movimiento de masas. Es posible que sea reprimido por las fuerzas represivas o cuando no se sabe hacia dónde se dirige el movimiento, ahí es cuando aparecen los líderes.

Pero si decimos que es momento de atacar y destruir lo que nos está destruyendo, que además acaba con nuestro futuro y toda perspectiva de futuro para nuestras hijas y sus hijos, entonces hay que desarrollar modelos que nos hagan posible extender la insurrección de una manera horizontal. Necesitamos experimentar con métodos que no sólo se basen en golpear objetivos, sino que además contengan a la organización mínima autogestionada.

Ese es el nudo en cuestión. ¿Qué podemos obtener de la realidad? como ya hemos dicho, nuestra teoría viene de la acción. Acción que se ha venido desarrollando desde los setentas, hasta hoy, por grupos pequeños. Podemos usarla como modelo organizativo a aplicar y atacar directamente al capital. Porque si estamos de acuerdo que hay una necesidad urgente de atacarlo, no hace falta esperar a nadie, no hace falta esperar consensos generales antes del ataque, aunque seamos pocos, no nos apetece atacar en la dimensión de una vanguardia minoritaria sino usando formas mínimas de organización que se puedan multiplicar. Es lo que suele llamarse grupo de afinidad, a falta de otra palabra mejor. No nos referimos a un grupo de afinidad en el contexto activista, donde miles o incluso millones de personas aparecen en un momento dado para una situación especifica, posiblemente una manifestación, digamos dentro de la esfera del ataque simbólico. Es simbólico porque no va mas allá que los días de acción. Así que se necesita eficiencia, hay que poder actuar inmediatamente y ser capaz de dividirse en grupos y en varios sectores. Y la gente, de una manera u otra, debería ser invitada a formar grupos de afinidad.

Cuando hablamos de grupos de afinidad no es, precisamente, amistad lo que deseamos referir. Queremos decir grupos de uno, dos, tres compañeros que deciden buscar conocimientos recíprocos el uno del otro. Deseamos superar el respeto a los derechos, diferencias, y a “las cosas de cada uno”, por eso es que dialogamos. Hablamos claramente de lo que nos pasa por la mente, de lo que queremos, empezamos a conocer las ideas de cada una, y quizás decidamos actuar juntos. La acción no necesita cincuenta páginas de explicación. No hace falta que lo firme un acrónimo. No hace falta que haya sido hecho en nombre del proletariado. No sintetiza la lucha entera, ni intenta continuarla. Toma un artefacto casero hoy, pequeñas armas mañana, y al día siguiente una metralleta, porque el objetivo es acercarse al enemigo; que casi siempre es la policía. El grupo de afinidad se concreta en pequeñas acciones; en este punto estas compañeras ya han transformado algo dentro de sí mismas, al nivel de conocimientos recíprocos y al conocer lo que están atacando. Básicamente, es sólo a través de la acción que nos conocemos a nosotros y a la realidad. Los compañeros que no conocemos, los desconocidos, pueden ver también una indicación para su lucha, porque el propósito no es acercar gente al movimiento anarkista, sino sobrepasar al movimiento con métodos anarkistas. Cuando digo anarkista me refiero a un antiautoritario, enemigo de jerarquías, que contiene el elemento de transformación, implicado en la lucha constante; sin esperar “plazos” para actuar, que posee elementos de permanente conflictividad, capaz de autogestionar la lucha y el ataque (no autogestionar la miseria de nuestra vida cotidiana).

Entonces, el siguiente punto es, y después voy a parar de hablar, el puente entre las acciones individuales de los grupos de afinidad y el llegar a los explotados en el contexto de una lucha especifica. Esto es lo que podemos llamar una lucha intermedia, no es la revolución sino un determinado objetivo, que en un momento dado una persona especifica está afrontando. Podría ser una base militar a punto de ser construida, una prisión rechazada por la gente, o cualquier cosa. Probablemente habrán muchas fuerzas refractarias, no solo anarkistas, sino comunistas, socialistas, sindicalistas, ecologistas…lo que sea. A todo eso, rechazamos el tipo de organización de “frente popular” y basándonos en un análisis de cuál es el objetivo especifico dentro del contexto de un sentido global -porque eso es lo que hace que el objetivo sea revolucionario- la cuestión gira entorno a los medios. Para nosotros los medios que usamos es lo importante en la lucha, no el resultado final- eso es relativo.

Empezamos con los medios de siempre, panfletos, charlas al aire libre, presencia en la calle, hablando con la gente de como vemos las implicaciones (sociales, económicas etc..) de la situación que sea, y hacer una propuesta organizativa, una propuesta organizativa de masas. Cuando digo masas no me refiero al número de personas, sino hablo en un sentido “no-político,” es decir, sin ningún partido político o sindicato dentro de la propuesta organizativa. así que, proponemos un tipo de entidad organizativa básica. En este momento no estamos hablando a las masas, estamos hablando a los pocos que han eliminado los sindicados y partidos como punto de referencia de su lucha. Los que quieren luchar directamente. No escondemos el hecho de que somos anarkistas: somos anarkistas pero no estamos intentando convertir a esa gente y hacerles formar parte del movimiento anarkista, sino queremos darles y usar, junto a ellas, métodos anarkistas, lo que quiere decir que tienen que ser autogestionados. Tienen que ser autogestivos, al mismo tiempo que se relacionan con otras estructuras autogestionadas de la misma lucha, sin pasar por la mediación de una entidad organizativa formal, aunque sea anarkista.

Debemos tener claro el objetivo del cual partimos, eso define toda la lucha intermedia, porque nuestro objetivo no es intentar solucionar todos los problemas que tiene la gente. Sabemos que en cualquier sitio donde hay una campaña para construir una prisión, un centro de internación para inmigrantes, o una base nuclear va a ser un lugar donde hay mucha gente sin trabajo, o posiblemente sin viviendas dignas…. los sitios donde construyen cosas así es donde existe más malestar social.

Pero necesitamos concentrarnos en el objetivo que queremos destruir, trabajando juntas con estas entidades básicas que podrían crecer de un día a otro -llegando, quizá, a ser miles de personas- y al final concretar el ataque. Es en el ataque en sí, en donde existe esperanza de que las cosas puedan extenderse mas allá del objetivo. Soy consciente que todo eso ha sido difícil de articular; el intentar dar una visión coherente a una propuesta de lucha que probablemente ya existe. Quiero decir, no conozco la situación acá, hay muchos más elementos importantes dentro de la lucha anticapitalista que no he mencionado porque es un tema demasiado grande. Un ejemplo podrían ser los “excluidos” e “incluidos”- los que están incluidos en el proyecto del capital, y las masas excluidas que lo están para siempre. Otro tema podría ser el crecimiento exponencial de la tecnología – cosas que antes tardarían años pueden pasar ahora mismo, porque la tecnología hace muchas de ellas mas rápido. O el control de la vida social que se está moviendo desde los enclaves de antes; como hemos dicho – las fábricas, las prisiones, los manicomios, etc… a todo el territorio, hasta alcanzar el idioma. Reduciendo nuestro lenguaje, y el hecho de que éstas tecnologías están literalmente penetrando nuestros cuerpos, no son sólo externas. Estamos yendo de la estructura cerrada de la prisión a una estructura de la sociedad como prisión. Pues las personas que no tiene comportamientos adecuados, para el proyecto capitalista, son demasiadas para contenerlas dentro de una estructura cerrada, y casi se ha llegado a un punto, en el cual, la tecnología está suficientemente desarrollada como para controlar grandes masas en un sitio específico y mantenerlas allí. Como dijimos antes, esta tecnología de control es objetiva, pero también es subjetiva, porque aquí ni siquiera tendemos del idioma para salir de ciertos guetos. Se definirá el gueto, entre otras cosas, por su falta de idioma.

Y para concluir, existe el hecho de que la disponibilidad de los recursos del capital es limitada. Por ejemplo, energía y recursos como el petroleo no van a durar para siempre. El capital va a tener que buscar nuevas formas de energía, la transmisión que afectará seguramente al lugar en donde vivimos, tendiendo a la militarización total del territorio.

También, como ya sabemos, la superficie del planeta está en retroceso, las áreas que producen aimentos están disminuyendo. Estados como el chino, con una población a la que no alcanza a alimentar, acceden a lugares en África para comprar grandes áreas de cultivo, exportando arroz para alimentar a su población. Así que vamos a un nivel en el que incluso el transporte y la alimentación estarán militarizados, porque cada vez más gente se están muriendo de hambre.

Por eso la urgencia de lo que afirmamos. En el actual momento histórico – por supuesto que hemos dicho que, como anarkistas, no tomamos la historia como punto de referencia- tenemos un desafío por delante. Como somos anarkistas estamos mas cercanos, somos los únicos sujetos, los únicos humanos que tienen en sus corazones el deseo de libertad y la idea de la totalidad que conlleva cada pequeña acción realizada. Llevamos dentro el sentido de esa totalidad.

Eso es lo que pienso, ahora les toca a ustedes opinar. Tan solo quiero señalar que este contexto me parece un poco forzado, al empezar con una única persona hablando. Obviamente esa no es la manera que una querría continuar, sino abriendo alguna posibilidad, algo que pueda continuar en el tiempo, examinando y a lo mejor experimentando ciertas ideas.

Jean Weir