Hacia espacios desconocidos

“Cada uno de ellos parecía ver el desafío mortal en los ojos de los otros –sentir que los otros dos estaban arrastrándolo con toda la fuerza de su voluntad y de su cuerpo– hacia el mar –lejano- hacia espacios desconocidos- hacia un golfo desde el cual el retorno sería imposible –y ninguno de ellos tenía dudas acerca de la naturaleza insidiosa de este inesperado acuerdo de sus voluntades y destinos. YA NO ERA POSIBLE RETIRARSE.” 

Julien Gracqir

“Ya no era posible retirarse.” Todos somos cautelosos en nuestras revueltas, en nuestra creativa aventura de hacer nuestra vida propia. Entonces, ¿Cómo sería posible algún día llegar a ese punto donde “ya no sea posible retirarse”? Sin embargo, si alguna vez nos movemos más allá de la inercia actual, si rompemos con el movimiento del Capital, del Estado, de lo que es – con su trayectoria hacia el aburrimiento y el desastre….[1]

Pensemos por un momento en tiempos específicos, en la historia (La comuna de París de 1871, el mayo de 1968 en Francia) o en nuestra propia vida. Esos tiempos en que, a sabiendas, nos sumergimos en lo desconocido. Ciertamente, al comienzo, había este desafío mortal en las miradas de todos. Cuando este desafío comenzó a decaer, se transformó en una mirada de miedo, una compulsión a volver atrás, ¿a encontrar tierra firme? ¿Cuándo fue que eso se convirtió, para algunos, en una ideología de la seguridad?-la demanda por espacios seguros, el lenguaje seguro, las palabras seguras, que la precaución se transforme en el orden de los días-[2]

Al fin y al cabo, Yo soy anarquista. No sigo órdenes. Cualquier concepción significativa de libertad desafía la seguridad y desecha la precaución.

Vagabond Theorist

 


[1]Párrafo incompleto en la versión original.

[2] El autor está haciendo referencia a la nueva tendencia de corrientes “progresistas” –principalmente en EEUU, pero en otros lugares del mundo estas estrategias están siendo utilizadas por corrientes de izquierda – que intenta “proteger a los grupos minoritarios” a través de políticas coercitivas como prohibición de ciertas vestimentas, ciertos peinados, por catalogarlos de “apropiación cultural” prohibición de ciertas palabras –incluso fuera de ámbitos peyorativos- por catalogarlas “ofensivas”.

Contra la sociedad de masas

La anarquía es un estado de existencia libre de autoridad coercitiva, en el que se estaría en libertad de determinar la propia vida que cada una elija, a imagen de sus propias necesidades, valores y deseos individuales, sin permitir, sin embargo, que su campo de acción abarque la vida de otras que no lo hayan elegido así.
Un mundo no-autoritario conllevaría libertad de asociación, por lo tanto es incompatible con la monarquía, la oligarquía o la democracia. Muchas de quienes se llaman a si mismas “anarquistas”, aunque afirman no negar la importancia de la asociación libre, luchan por una sociedad más democrática donde las entidades corporativas y estatales sean reemplazadas por municipalidades controladas por la comunidad, federaciones industriales controladas por las trabajadoras, y así sucesivamente. Quienes desean vivir libremente según su propia voluntad tienen razones para sentirse amenazadas por todas las organizaciones a gran escala, porque son tanto imperialistas como jerárquicas, aunque pretendan ser o denominarse “democráticas” (como si la subordinación del individuo a la mayoría fuera algo deseable).
Las humanas son sociables por naturaleza – pocas desean vivir solas como ermitañas (aunque la libertad de vivir como tal no se puede negar). Sin embargo, las personas humanas son también selectivamente sociables – no simpatizan con todo el mundo, y sería una opresión esperar que fuera así. De forma natural, la gente establece relaciones con otras con quienes se identifican por compañía y apoyo mutuo. Tal ha sido el caso a lo largo de la historia humana. Sólo en la historia reciente la gente ha entrado en organizaciones de masas compuestas por miembros que no necesariamente se conocen o gustan unos a otros. Tales organizaciones no se han formado a causa de su necesidad para la supervivencia. Durante más del 99% de la historia humana, la gente disfrutaba de asociaciones cara-a-cara dentro de acuerdos de familia extendida, y algunas culturas continúan haciéndolo. Aquellas incapaces de llevarse bien en su grupo o tribu son libres para buscar compañía en otra parte o para vivir en soledad. Este modo de asociación funciona bien – los miembros de sociedades autosuficientes en pequeña escala pasan habitualmente de 2 a 4 horas al día ocupadas en actividades de subsistencia. Aunque ocasionalmente pasen hambre, habitualmente comen en abundancia, y disfrutan de un tiempo de ocio mucho más amplio que aquellas que viven en sociedades de masas. Las culturas indígenas que aún permanecen intactas hoy en día prefieren su modo tradicional de vida, y muchas están actualmente protagonizando una impresionante resistencia política contra las corporaciones y gobiernos que quieren forzarlas a formar parte de la sociedad de masas para que su tierra y trabajo puedan ser explotados. La gente raramente entra en organizaciones de masas sin ser forzada, ya que roban su autonomía e independencia.
El surgimiento de la civilización se basó en la producción masiva obligatoria. Cuando ciertas sociedades comenzaron a valorar la productividad agrícola sobre todo lo demás, sometieron forzosamente a todas las formas de vida dentro de la extensión de sus ciudades para ese propósito. Las comunidades de gente que deseaban cazar, pescar, forrajear, cultivar huertos o pastorear en la tierra para propósitos de subsistencia serían masacradas despiadadamente o esclavizadas, y los ecosistemas que habitaban fueron convertidos en tierras de cultivo para alimentar a las ciudades. Sólo aquellas que estaban dedicadas por completo en el cultivo y en la producción animal fueron admitidos en los campos circundantes. Quienes vivían dentro de las ciudades eran prisioneras, mercaderes, u oficiales públicos ocupadas en tareas administrativas y de control social. La organización social ha pasado a ser más compleja, avanzada tecnológicamente y amplia en su alcance a través de los siglos desde el inicio de la civilización en el “Creciente Fértil” (1) de Oriente próximo. Sin embargo, la vida no humana todavía es sacrificada y eliminada para el uso humano (y cada vez a una mayor velocidad), y las personas humanas todavía son forzadas a vivir como los sirvientes de su cultura y sus instituciones dominantes como un requisito para la existencia. La supervivencia por medios directos está prohibida – para habitar una tierra, se debe pagar continuamente un alquiler o una hipoteca, lo que requiere la dedicación para alcanzar una posición económica en la sociedad, dejando insuficiente tiempo restante para la caza o el cultivo (y mucho menos tiempo de ocio para acompañarlo). La educación pública contribuye a garantizar que poca gente sea capaz de aprender a sobrevivir con independencia de la economía.
El capitalismo es la actual manifestación dominante de la civilización. La economía bajo el capitalismo está en gran medida dirigida por organizaciones, que cuentan con la aprobación del Estado, llamadas corporaciones, que poseen el mismo status legal que los individuos, limitando y protegiendo así la responsabilidad de sus participantes. Las corporaciones existen con el propósito de beneficiar a accionistas – los empleados por las corporaciones son legalmente requeridos para perseguir el beneficio por encima de todas las demás posibles preocupaciones (p. ej., la sostenibilidad ecológica, la seguridad laboral, la salud de la comunidad, etc.), y pueden ser despedidos, demandados, o sancionados si hacen lo contrario. El capitalismo deja muy poco espacio para que la vida no-humana florezca de un modo no servil (esto es, en ecosistemas salvajes, en lugar de en establos, jaulas de batería o plantas madereras), y casi ningún lugar para individualidades que no quieren gastar sus vidas trabajando sin parar para la innecesaria e interminable producción de mercancías. La mayoría de la gente pasa casi todo su tiempo ocupada en un trabajo sin sentido, monótono, reglamentado y a menudo dañino física y mentalmente, para pagar sus facturas, o a causa de una absoluta necesidad financiera, o porque no saben que podría haber otro camino. Debido a la idiotización, alineación e impotencia que tanta gente experimenta durante el curso de sus vidas cotidianas, nuestra cultura muestra unos altos índices de depresión, enfermedad mental, suicidio, adicción a las drogas, y relaciones disfuncionales y basadas en el abuso, junto con numerosos modos indirectos de existencia (p. ej., televisión, películas, pornografía, video-juegos, etc).
La Civilización fue el génesis del autoritarismo sistémico, la servidumbre obligatoria y el aislamiento social, no el capitalismo per se. En el contexto de esta perspectiva, los diversos socialistas, comunistas, y el amplio surtido de anarco-izquierdistas (sindicalistas, ecologistas sociales, etc) que pretenden abolir el capitalismo sin atacar la civilización en su conjunto son simplemente reformistas. La complejidad social que es la civilización se hace posible por la coerción institucionalizada. Los grupos políticos antes mencionados no desean acabar con la coerción, sino democratizarla – esto es, extender la participación popular a su aplicación.
Aparte de los repulsivo de animar a la gente a participar en actos opresivos, hay que señalar que la democracia directa es un ficción dentro del contexto de la sociedad de masas. En una asociación que se expande a una escala mayor de la que es posible para las relaciones cara a cara de sus participantes, la delegación de responsabilidades en representantes y especialistas se convierte en necesaria para que se lleven a cabo los fines de la asociación. Incluso si el consenso o el voto de la mayoría determina a quien se elige para participar en la toma de decisiones o las responsabilidades administrativas, las elegidas nunca están por completo bajo el control del electorado cuando actúan cumpliendo con sus deberes. Un mandato estricto sobre las decisiones o el comportamiento de las delegadas o especialistas implica la supervisión constante por el conjunto del grupo, lo que frustraría el propósito de una división del trabajo. El poder volver a llamar de forma inmediata a estas delegadas también depende de la posibilidad de tal control. Adicionalmente, las delegadas elegidas reciben más tiempo y recursos para preparar y presentar sus visiones y argumentos que una persona corriente, que les proporcionan por lo tanto una gran ventaja para ser capaces de salirse con la suya por medio de la manipulación propagandística y el engaño. Incluso si el grupo en su conjunto determina todas las políticas y gestiones (lo cual es de por si imposible cuando se requiere conocimiento especializado), y a los delegados solo se les asignan los deberes de hacerlas cumplir, todavía podrán actuar según su propia voluntad cuando no estén de acuerdo con las normas y estén seguros de poder escapar al castigo por ignorarlas. La democracia es necesariamente representativa, no directa, cuando se practica a gran escala – y la democracia representativa es precisamente el tipo de sistema político practicado actualmente. La abolición de la jerarquía requiere el destronamiento permanente de gobernantes y jefes, ya sean elegidos o no, y por lo tanto también requiere que se rechace la sociedad de masas.
Dado que las organizaciones de masas valoran la producción más que la autonomía personal o comunitaria, son necesariamente imperialistas en su alcance, destruyendo o esclavizando toda la vida que se encuentre en su camino. Sin embargo, la producción no es un valor irrelevante u opcional del que la sociedad de masas pueda prescindir mientras continúa existiendo. Si las ciudades no son auto-suficientes en la producción de su propia comida, se apoderarán de las áreas circundantes para uso agrícola, volviéndolas inhóspitas tanto para los ecosistemas no-humanos como para las comunidades humanas auto-suficientes. Este área se expandirá en relación a cualquier incremento de la población o la especialización del trabajo que experimente la ciudad. Se podría argumentar que la producción industrial sería capaz de mantenerse, mientras que al mismo tiempo se la haga disminuir considerablemente, dejando a los ecosistemas y a los pueblos no-industriales algún espacio para coexistir. En primer lugar, esta propuesta invita a preguntarse porqué la civilización industrial debería tener prioridad sobre las otras formas de vida, permitiéndose dictaminar a quienes no participan en ella a cuánto espacio exactamente tienen derecho. Es también cuestionable si es incluso posible para una sociedad alcanzar un “equilibrio” entre la opulencia de la alta tecnología y la sostenibilidad ecológica sin privar del derecho a participar en la toma de decisiones a grandes sectores de la población activa o empleando un detallado esquema de planificación social autoritario.
La complejidad estructural y la jerarquía de la civilización deben ser rechazadas, junto con el imperialismo político y ecológico que se propaga a través del planeta. No es posible para las seis mil millones de habitantes, actuales del planeta, sobrevivir como cazadores-recolectores, pero es posible para aquellas que no pueden cultivar su propia comida en espacios sensiblemente más pequeños (comparados con el tamaño de los agotados y envenenados campos de las agro-industrias de hoy), como se ha demostrado por la permacultura, la jardinería orgánica, y las técnicas de horticultura indígenas. Se requieren aparatos de gestión e instituciones de control social para administrar la producción e intercambio de mercancías dentro de una economía basada en la división del trabajo, pero no son necesarios cuando los individuos y pequeñas comunidades toman el control de sus propios medios de vida. El rol de la jerarquía y la reglamentación solo desaparecerá cuando la gente comience de nuevo a encargarse de sus necesidades directamente mediante una relación inmediata con la Tierra. El entorno vivo sólo se preservará y restituirá a su vibrante estado natural una vez que se desmantelen los instrumentos de la producción masiva. La anarquía y la autonomía sólo se desarrollarán una vez que la gente aprenda de nuevo a sobrevivir independientemente del cáncer que es la civilización industrial, y finalmente lo destruyan.

(1) Término popularizado por el orientalista norteamericano James Henry Breasted (1865-1935) que hace referencia al área de Oriente Medio de donde son originarias las civilizaciones de esa zona y de la Cuenca Mediterránea.

  Chris Wilson

Anti Copyright, 2001

El persistente rechazo del paraíso

Se rumora que nosotros (un “nosotros” no bien definido, cuya indefinición conviene a los murmuradores) no tenemos nada que ver con el anarquismo, siendo en realidad nihilistas encubiertos con la finalidad de penetrar en el santuario de la anarquía con malvadas intenciones. Cabe señalar que quien asume la tarea de custodiar el templo acaba viendo ladrones por todas partes, y tal vez ha llegado la hora de tranquilizar a “nuestros” preocupados detractores.

En primer lugar, tienen que explicar lo que quieren decir con nihilismo. Personalmente, considero sospechosa a cualquier persona que me ensalza las alegrías del nihilismo, pues considero que el nihilismo, cuando se asume como la sustanciación de la nada, es un engaño. Cuando el carácter incompleto del todo se cultiva con una sensación de plenitud, es difícil resistirse a la tentación de sustituir a la antigua idea del absoluto con su momento más abstracto en el que la nada se transforma de inmediato en el todo y, por tanto, se totaliza. En última instancia, el nihilismo me parece una forma astuta de razonar, que impulsa toda la estructura del conocimiento en la oscuridad de la nada sólo para recibir, a través de esta negación radical, aún más de la luz del Todo.

Pero, probablemente, el “nihilismo” del que hablan los murmuradores consiste en algo mucho más simple, es decir, en una supuesta falta de propuestas. En otras palabras, uno es nihilista cuando persiste en rechazar la promesa de un futuro paraíso en la Tierra, para prever su funcionamiento, estudiar su organización, y alabar su perfección. Para ellos, se es nihilista cuando, en lugar de tomar y valorar todos los momentos de relativa libertad que ofrece esta sociedad, se niega radicalmente, prefiriendo la drástica conclusión de que no vale la pena salvar nada de eso. Por último, uno es nihilista, si en lugar de proponer algo constructivo, la actividad propia se reduce a una “exaltación obsesiva de la destrucción de este mundo”. Si este es el argumento, es un argumento insuficiente.

Para empezar, el anarquismo –la Idea– es una cosa, y el movimiento anarquista –conjunto de hombres y mujeres que apoyan esta Idea– es otra–. No tiene ningún sentido para mí hablar de la Idea cuando en realidad sólo unos cuantos anarquistas la afirman. La Idea del anarquismo es la absoluta incompatibilidad entre libertad y autoridad. De esto se deduce que puede disfrutarse de total libertad en la ausencia completa de Poder. Ya que el Poder existe y no tiene intenciones de desaparecer voluntariamente, será necesario crear una forma de eliminarlo. Corríjanme si me equivoco.

No entiendo por qué tal premisa, la que el no-anarquista “nihilista”  siempre ha soñado negar y suprimir, tendría que conducir necesariamente a postular nuevas normas sociales. No entiendo por qué, con el fin de “formar parte” del movimiento anarquista, se debe someter primero a un examen doctoral en arquitectura del mundo nuevo, y por qué no es suficiente amar la libertad y odiar toda forma de autoridad, con todo lo que conlleva.

Todo esto no sólo es absurdo desde el punto de vista teórico, sino también falso desde el punto de vista histórico (y los anarquistas murmuradores muestran tanto fervor por la Historia). Uno de los puntos sobre los que Malatesta y Galleani divergieron, regularmente, fue precisamente la cuestión de si era necesario planificar lo que se crearía después de la revolución o no. Malatesta sostuvo que los anarquistas deben comenzar inmediatamente a desarrollar ideas de cómo organizar la vida social, ya que no puede permitirse una interrupción; Galleani, por su parte, sostuvo que la tarea de los anarquistas era la destrucción de esta sociedad, y que las generaciones futuras, inmunes a la lógica de la dominación, se darián cuenta de cómo reconstruir. A pesar de estas diferencias, Malatesta no acusó a Galleani de ser nihilista. Tal acusación habría sido gratuita, ya que la divergencia era sólo sobre el aspecto constructivo en cuestión; estaban de acuerdo por completo sobre el aspecto destructivo. Aunque esto sea omitido por muchos de sus exégetas, Malatesta fue, en efecto, un insurreccionalista, partidario confirmado de una insurrección violenta capaz de derribar al Estado.

Hoy, sin embargo, basta señalar el hecho de que cualquier persona que detente el Poder no renunciará a sus privilegios voluntariamente y sacar las conclusiones pertinentes, para ser acusado de nihilista. Dentro del movimiento anarquista, como en todas partes, los tiempos cambian. Mientras que una vez el debate entre los anarquistas se ocupó de la forma de concebir la revolución, hoy parece que todos los centros de discusión giran alrededor de la forma de evitarla ¿Qué otros efectos podrían tener todas las disquisiciones sobre el autogobierno, el municipalismo libertario o la utopía bendita? Es evidente que una vez que se rechaza el proyecto insurreccional como tal, la hipótesis destructiva comienza a asumir contornos terribles. Lo que para Malatesta no era más que un error –el hecho de limitarse a la demolición del orden social–, para muchos anarquistas de hoy día representa un horror.

Cuando las almas piadosas oyen el ladrido de un perro, siempre piensan que un lobo feroz está por llegar. Para ellos, el soplo del viento se convierte en un tornado que se aproxima. De la misma manera, para cualquier persona que ha confiado la tarea de transformar el mundo únicamente con la persuasión, la palabra “destrucción” está alterando su mente, evocando imágenes dolorosas y desagradables. Estas cosas crean una mala impresión en la gente que, si han de ser convertidos y finalmente acudirán a las filas de la razón, debe haber una religión que les prometa un edén de paz y hermandad. Tanto si se trata de un paraíso, el nirvana o la anarquía, eso poco importa. Cualquiera que se atreva a poner tal religión en tela de juicio no puede considerarse simplemente como un no-creyente. En el curso de las cosas, esa persona debe ser presentada como un blasfemo peligroso, alguien hostil.

Es por eso que a “nosotros” (pero ¿quién es este “nosotros”?) se nos llama “nihilistas”. Pero el nihilismo en todo esto, ¿qué tiene que ver?

Penelope Nin

Aparecido en el Canenero. Año 2000

El Poder del Estado

Hoy no es raro, incluso en los círculos anarquistas, oír descrito al Estado como un mero sirviente de las multinacionales, el FMI [Fondo Monetario Internacional], el Banco Mundial y otras instituciones económicas internacionales. Según esta perspectiva, el Estado no es tanto el sostenedor y árbitro del Poder, sino solo un coordinador de las instituciones de control social, a través de las cuales los dueños del poder económico mantienen su Poder. A partir de esta afirmación, es posible extraer conclusiones que son completamente perjudiciales para el desarrollo de un proyecto revolucionario anarquista. Si el Estado es solamente una estructura política para asegurar la estabilidad que está actualmente al servicio de los grandes poderes económicos, más que un Poder con su propio derecho y con sus propios intereses, manteniéndose a sí mismo a través de la dominación y la represión, entonces podría ser reformado democráticamente, convertido en una oposición institucional al Poder de las multinacionales. Sería simplemente un asunto de “el pueblo”, volverse un Poder contrario y tomar el control del Estado. Tal idea parece sostenerse detrás de la absurda creencia de ciertas/os anti-capitalistas contemporáneos, de que deberíamos apoyar los intereses de los Estados-nación en contra de las instituciones económicas internacionales. Para contraatacar esta tendencia es necesaria una compresión más clara del Estado.

El Estado no podría existir si nuestra capacidad para determinar las condiciones de nuestra propia existencia, como individuos en libre asociación con las/os demás, no se nos hubiese quitado. Esta desposesión es la fundamental alienación social que provee las bases para toda dominación y explotación. Esta alienación puede ser correctamente rastreada en el surgimiento de la propiedad (y digo propiedad como tal, no propiedad privada, ya que desde muy temprano gran parte de la propiedad era institucional, perteneciente al Estado). La propiedad puede ser definida como la demanda exclusiva de ciertos individuos e instituciones sobre herramientas, espacios y materiales necesarios para la existencia, haciéndolos inaccesibles a los demás. Este reclamo es reforzado por medio de la violencia explícita o implícita. Sin libertad para tomar lo necesario para crear sus vidas, las/os desposeídas/os están forzados a ajustarse a las condiciones determinadas por las/os auto-proclamadas/os dueñas/os de la propiedad, con la intención de asegurar su existencia, que se vuelve así una existencia en servidumbre. El Estado es la institucionalización de este proceso, que transforma la alienación de la capacidad de los individuos para determinar su propia existencia en acumulación de Poder en las manos de unos pocos.

Es innecesario e inútil intentar precisar si la acumulación de Poder o la de riqueza tuvieron prioridad cuando aparecieron por primera vez la propiedad y el Estado. Ciertamente estos ahora se encuentran profundamente integrados. Parece como si el Estado fuese la primera institución en acumular propiedades con el propósito de crear un excedente bajo su control, un excedente que le dio Poder real sobre las condiciones sociales bajo las cuales sus súbditos tuvieron que existir. Este excedente les permitió desarrollar las variadas instituciones a través de la cuales imponía su Poder: instituciones militares, religiosas/ideológicas, burocráticas, policiales y así. Por lo tanto, el Estado, desde sus orígenes, puede ser concebido como un capitalista por sí mismo y con intereses económicos propios que sirven precisamente para mantener su Poder sobre las condiciones sociales de existencia.

Como cualquier capitalista, el Estado entrega un servicio a cambio de un determinado precio. O más precisamente, el Estado provee dos servicios completamente relacionados: protección de la propiedad y paz social. Ofrece protección a la propiedad privada mediante un sistema de leyes que la precisan y limitan, y por medio de la fuerza de las armas, por las cuales tales leyes son impuestas.

De hecho, solo se puede decir que existe propiedad privada cuando las instituciones del Estado están ahí para protegerlas de aquellas/os que simplemente tomarían lo que quisieran. Sin esta protección institucional, existe solamente un conflicto de intereses entre individuos. Esta es la razón por la que Stirner describió la propiedad privada como una forma de propiedad social o estatal sostenida con desprecio por individualidades únicas. El Estado también entrega protección a los «bienes públicos» de invasores externos y de aquellas/os que el Estado considera ser abusados por sus súbditos, mediante la ley y las fuerzas armadas. Como único protector de la propiedad entre sus fronteras —un rol mantenido por el monopolio del Estado sobre la violencia— el Estado establece un control concreto (relativo, por supuesto, en relación con la capacidad real que tiene de ejercer tal control) sobre toda esta propiedad. Así, el costo de esta protección consiste no solo en impuestos y varias formas de servicio obligatorio, sino también de resignación hacia los roles necesarios para el aparato social que mantiene el Estado, y la aceptación, en el mejor de los casos, de una relación de vasallaje con el Estado, el cual puede reclamar cualquier propiedad o enrejar cualquier espacio público “por el interés común” en cualquier momento. La existencia de la propiedad necesita al Estado para su protección y la existencia del Estado sostiene a la propiedad, pero siempre, en última instancia, como propiedad estatal, a pesar de lo “privado” que esta supuestamente sea.

La violencia implícita de la ley y la violencia explícita de los ejércitos y la policía, mediante las cuales el Estado protege la propiedad, son los mismos mecanismos por los cuales este asegura la paz social. La violencia por la que la personas son desposeídas de su capacidad para crear su vida a su manera es nada menos que la guerra social que se manifiesta a diario en el, por lo general, continuo (pero tan rápido a veces como una bala policial) asesinato de las/os que son explotadas/os, excluidas/os y marginalizadas/os por el orden social. Cuando la gente bajo ataque empieza a reconocer a su enemigo, frecuentemente actúa contraatacando. La tarea del Estado, asegurando la paz social, es así un acto de guerra social, por parte de las/os amos en contra de las/os dominadas/os, la supresión y prevención de cualquier tipo de contra-ataque. La violencia de aquellas/os que gobiernan contra los gobernadas/os es inherente a la paz social. Pero una paz social basada solo en la fuerza bruta es siempre frágil. Es necesario para el Estado implantar en las cabezas de la gente la idea que ellas/os dependen de la continua existencia del Estado y del orden social que este mantiene. Esto puede ocurrir como en el antiguo Egipto en donde la propaganda religiosa, asegurando la divinidad del Faraón, justificaba la extorsión en la que él tomó posesión de todo el excedente de grano, haciendo a la población absolutamente dependiente de su voluntad divina en tiempos de hambre. O puede tomar la forma de instituciones con participación democrática la cual crea una forma más sutil de chantaje, en la que somos obligadas/os a participar si queremos reclamar, pero donde estamos igualmente obligadas/os a aceptar “la voluntad del pueblo” si lo hacemos. Pero, detrás de estas formas implícitas o explícitas de chantaje, las armas, las cárceles, los policías y los soldados están siempre ahí, y esta es la base del Estado y la paz social. El resto es solo barniz.

Aunque el Estado puede ser visto como un capitalista (en el sentido de que este acumuló poder gracias a la acumulación de riqueza excedente en un proceso dialéctico), el capitalismo como lo conocemos, con sus instituciones económicas “privadas”, es un desarrollo relativamente reciente, cuyos orígenes están en el comienzo de la era moderna. Ciertamente este desarrollo ha producido cambios significativos en las dinámicas del poder, desde que una parte de la clase dominante no es directamente parte del aparato del Estado sino excepto como ciudadanos, como cualquiera esas/os que ellas/os explotan. Pero estos cambios no significan que el Estado haya sido subyugado a las instituciones económicas globales o que este se haya vuelto secundario en el funcionamiento del poder.

Si el Estado es, por sí mismo, un capitalista, con intereses económicos propios por perseguir y mantener, entonces la razón por la cual trabaja para mantener al capitalismo no es que se haya subordinado a otras instituciones capitalistas, sino porque para mantener su poder debe mantener su fuerza económica como un capitalista entre capitalistas. Los Estados débiles terminan siendo subyugados a los intereses económicos globales por la misma razón que las empresas pequeñas, porque no tienen la fuerza para mantener sus propios intereses. Como las grandes corporaciones, los Estados grandes juegan un papel de igual o mayor importancia que las grandes corporaciones en determinar las políticas económicas globales. En realidad, son las armas del propio Estado las que harán cumplir tales políticas.

El Poder del Estado tiene sus raíces en su monopolio legal e institucional sobre la violencia. Esto le da al Estado un Poder material concreto del cual dependen las instituciones económicas globales. Instituciones tales como el Banco Mundial y el FMI no incluyen solamente delegados de todos los mayores poderes del Estado en el proceso de toma de decisión. Para imponer sus políticas también dependen de la fuerza militar de los Estados más poderosos, la amenaza de la violencia física que siempre debe situarse detrás de la extorsión económica, para que esta funcione. Con el Poder real de la violencia en sus manos, los grandes Estados difícilmente funcionarán como simples servidores de las instituciones económicas globales. Por el contrario, de un modo típicamente capitalista, su relación es una de extorsión mutua, en beneficio de toda la clase dominante.

Además del monopolio de la violencia, el Estado también controla muchas de las redes e instituciones necesarias para el comercio y la producción. Autopistas, trenes, puertos, aeropuertos, satélites y sistemas de fibra óptica necesarios para las comunicaciones y redes de información, son generalmente estatales y siempre sujetos al control del Estado. Investigaciones científicas y tecnológicas necesarias para nuevos desarrollos de la producción, están en buena parte dependiendo de complejos estatales como universidades y el ejército.

De este modo, el Poder capitalista depende del Poder del Estado para mantenerse a sí mismo. No es un asunto de subyugación de una parte del Poder sobre otra, sino del desarrollo integral de un sistema de Poder que se manifiesta a sí mismo como una hidra de dos cabezas, el Estado y el Capital, un sistema que funciona como un todo para asegurar la dominación y la explotación, las condiciones impuestas por la clase dominante para la continuidad de nuestra existencia. En este contexto, instituciones como el FMI y el Banco Mundial son mejor entendidas como medios por los cuales los Estados y las corporaciones coordinan sus actividades con la intención de mantener la unidad de la dominación sobre las clases explotadas, en medio de la competencia económica e intereses políticos. Por tanto, el Estado no sirve a estas instituciones sino que estas sirven a los intereses de los Estados poderosos y a los capitalistas.

No es posible, por tanto, para aquellas/os de nosotras/os que buscamos la destrucción del orden social, el alinearnos a los «Estados nación en contra de los capitalistas» y no ganamos nada con esto. Su más grande interés es el mismo, el mantener el orden actual de las cosas. Por nuestra parte es necesario atacar al Estado y al capitalismo con toda nuestra fuerza, reconociéndoles como una hidra de dos cabezas de dominación y explotación, que debemos destruir si queremos recuperar, algún día, nuestra capacidad para crear las condiciones de nuestra existencia.

Wolfi Landstreicher

Incontrolables. Contribuciones hacia un nihilismo consciente

Atenea:

Yo solo hago lo que me piden. Pidan que la ciudad funcione con armonía, y yo aprisionaré al esclavo y engordaré al amo. Porque así es como la armonía se forja a partir del caos. Todos aquellos que fluyen y viven justamente en Atenas aceptan ese trueque, da lo mismo que la ignorancia sobre ese trueque sea sincera o fingida. Habitar en mi ciudad requiere sumisión. Así como el buey que transporta agua se somete al yugo, así el ciudadano se somete a las leyes de la ciudad. Pero si se hartan de esto, si el vino causa enfermedades y las uvas se pudren en la viña, con mucho gusto destruiré lo que me han pedido crear. Pero tengo todavía que escuchar a alguno de ustedes, mortales, rebeldes o reyes; pidan que lleve a cabo este trabajo final: dejar a Caos dominar los campos de Atenas. Ustedes no tienen el coraje de ver arder todo lo que les da comodidad y abrigo. Incluso los mas fuertes de entre ustedes temen al poderoso Caos y lo que él hará si le permito correr libre. Pero recuerden esto, almas jóvenes: yo solo hago lo que me piden. Pidan que construya una ciudad y haré que funcione. Pidan que acabe con la miseria en la ciudad, y solo tendré una opción: destruirla totalmente.

Eurípides, ATHENA POLIAS (Atenea en la Ciudad)

En Diciembre de 2008, un gran número de jóvenes atenienses descubrieron algo terrible. Muchos de ellos tenían entre 13 y 19 años cuando al quinceañero Alexis lo asesinaron de un disparo en el pecho. Estos jóvenes, que sabían poco de asambleas anarquistas o sobre aceptables métodos de lucha, inmediatamente se unieron en torno a quienes han incendiado bancos, saqueado tiendas, destrozado aceras, y arrojado fuego a la policía. Durante esos días, nadie, excepto la policía, ha intentado parar su rabia (que han descubierto tienen en exceso). En esos momentos, ellos sabían quienes eran sus enemigos: aquellos que intentaban detenerlos. Estaba claro que su capacidad de destrucción era impulsada por su cercanía a personas afines, fomentando en ellos la aceptación general a la colectividad y al poder grupal. Este poder se utilizó en contra de todo lo que les mantiene alineados, y ese poder fue en aumento mientras la insurrección duró. Al terminar, cuando la normalidad volvió, estos jóvenes se mantuvieron conscientes de su poder. Ahora esperan otra oportunidad para usarlo de nuevo.

En Mayo de 2010, murieron tres personas dentro del Banco Marfin. Habían sido encerradas por su jefe, bajo amenazas de perder el empleo, entonces fueron arrojadas bombas incendiarias que iniciaron un siniestro. Las muertes de estos simples trabajadores de banco sumió a los anarquistas de Atenas en una crisis. Los medios de comunicación usaron estas muertes como excusa y justificación para la represión. La sociedad se volvió en contra de los “asesinos” anarquistas. Por otra parte, los anarquistas se volvieron en contra de otros anarquistas, buscando una razón o explicación para tan horrible suceso. Sin embargo, no había nada que encontrar. Algunos afirmaron que los pirómanos formaban parte de grupos para-estatales, otros dijeron que se trató de los mismos policías, aquellos expresaron que fue un accidente lamentable, y otros más que las muertes eran efectos colaterales en la guerra. Solamente unos cuantos, los anarquistas más perspicaces, han vislumbrado la verdad de lo sucedido: los jóvenes de 2008 imprudentemente quemaron un banco cerrado por el patrón.

En Mayo de 2011, los anarquistas de Atenas estaban en una auto-declarada crisis. Los principales motivos eran las secuelas de las muertes del Banco Marfin, y las criticas internas que no pararon por un año. Otra de las razones fueron los arrestos de los nuevos guerrilleros urbanos, y el creciente apoyo generado que hizo aumentar el número de prisioneros políticos a 40. Existen muchas críticas a estos grupos de guerrilla urbana, especialmente por los ataques con cartas-bomba llevados a cabo por la Conspiración de Células de Fuego. Se ha afirmado que esas acciones son imprudentes y que poco se lograba con eso, además de obsequiar al Estado con más ejemplos de terrorismo anarquista para mostrar al público. Dos anarquistas fueron capturados, más tarde se adjudicaron el envío de paquetes-bomba a varias embajadas. Uno de los anarquistas arrestados tenia 22 años, fue de los jóvenes del 2008; Gerogios Papandreou. El Primer Ministro de Grecia dijo, sobre estos jóvenes incontrolables, lo siguiente: “Los actos cobardes e irresponsables no tendrán éxito en dificultar los enormes esfuerzos por restablecer nuestra credibilidad y resucitar la economía”.

Estoy ligada al amigo por elección, comprendí que el acuerdo implica que el aumento de su poder es también el aumento del mío. Simétricamente, elegí estar ligada al enemigo, pero esta vez a través del desacuerdo, según lo cual, para que yo pueda crecer, tengo que confrontarlo, lo que implica que debo minar sus fuerzas.

Virginia Wolf

La mayoría de las veces ellos están al frente, listos para arrojar una bomba improvisada o un coctel Molotov si lo tienen. Por lo general no lo tienen y se contentan con piedras y palos. Cuando no está pasando nada y la policía está ausente, ellos destruyen lo que está alrededor: semáforos, quioscos, pequeñas tiendas, cualquier cosa. A veces la gente se lo impide, y otras veces funciona. Recientemente, algunos han intentado prender fuego a algo que ha sido rápidamente apagado por otros anarquistas. Mientras se hacen asambleas en las okupaciones, ellos están afuera burlando a la policía, tirando piedras y poniendo trampas. Muchos anarquistas no les toman en serio. Algunos les desprecian activamente, diciendo que nadie quiere “tener nada que ver con el movimiento anarquista” por causa de ellos. Estos jóvenes del 2008 se identifican como anarquistas, pero hay muchos otros anarquistas que rápidamente dicen que ellos no tienen las cualidades necesarias.

Un ataque reciente a la comisaría de Exarchia ha traído mas criticas. Durante el ataque, una moto fue incendiada y explotó mientras un vendedor callejero intentaba apagar el fuego. Al día siguiente, los titulares de los periódicos decían que los “encapuchados” estaban quemando personas pobres. Fue un suceso inoportuno. Recientemente, los fascistas hicieron una concentración delante del Banco Marfin, que había sido quemado un año antes, en una tentativa de capitalizar públicamente la rabia y la desconfianza en relación con los anarquistas. Después del asesinato de un ciudadano izquierdista griego, los fascistas afirmaron que los asesinos eran inmigrantes y rápidamente movilizaron centenares de personas y empezaron una cacería racista que todavía continúa en la actualidad. El ataque a la comisaría ocurrió en este período de tensión y ha sido visto por algunos como una tentativa de atacar directamente a la misma policía que había protegido a los fascistas mientras estos aterrorizaban el centro de Atenas. Debido al desafortunado daño accidental al vendedor callejero, algunos anarquistas han condenado rápidamente el ataque. El periódico de derecha Kathemerini ha citado a ciertos vecinos de Exarchia diciendo que los “verdaderos anarquistas” nunca harían tal cosa.

Este ataque ha salido de Exarchia. Centenares de anarquistas pasan el tiempo en la Plaza Exarchia, bebiendo, fumando y charlando. Muchos de los jóvenes de 2008 pasan ahí sus noches. Es donde circulan información, ideas, y acciones preparadas, entre anarquistas. Puede que no sean estos jóvenes, los que mantienen el Parque Okupado de Exarchia, pero sin duda lo frecuentan y sin vacilación lo defenderían de la policía. Sin embargo, estos jóvenes que están al frente del conflicto son los mas ridiculizados por los anarquistas atenienses. Sus acciones no son perfectas, actúan irracionalmente, e incluso tienden a estropear los planes de los demás anarquistas.

Una vez, mientras algunos anarquistas realizaban su asamblea semanal en la Universidad Politécnica, estos jóvenes de 2008 atacaron a los grupos marxistas que habían participado en las elecciones estudiantiles. Mientras atacar las elecciones universitarias era común en el pasado, entre los anarquistas ha dejado de serlo, siendo esta tradición mantenida solamente por estos jóvenes. Los marxistas sellaron los portones de la Universidad, algo que es más común como respuesta a ataques de la policía. Los anarquistas de la asamblea salieron a ver de dónde venían las fuertes explosiones y gritos, apenas para encontrar un mar de marxistas defendiéndose de otros anarquistas. Una vez más, la mayoría dijo que el ataque era ridículo, sin visión e inapropiado, ya que los fascistas estaban en las calles atacando inmigrantes. Pero los jóvenes salvajes que atacaron las elecciones universitarias solo sabían una cosa: la democracia es una mierda.

La historia es una pesadilla de la cual estoy intentando despertar

Iggy Pop

Se ha conversado mucho en Atenas sobre canibalismo social; o sea, el cuerpo social devorándose a sí mismo. Proxenetas inmigrantes vendiendo sus prostitutas inmigrantes a ricos hombres griegos. Traficantes de heroína griegos vendiendo su droga a adictos griegos. Policías de Atenas enfrentándose entre ellos. Ciudadanos atacando a políticos. Anarquistas atacándose entre ellos. Fascistas atacando anarquistas. La guerra de todos contra todos. Caos. Esta es la famosa imagen de Atenas siendo destruida por Atenea, su diosa protectora.

Los medios de comunicación y el gobierno tienen un interés muy claro en promover esta idea de descomposición social. Porque, al final, si las cosas se ponen demasiado feas, será el Estado el que va a venir y restaurar el orden. Por lo menos éste es el guión ordinario. Pero algo diferente está pasando en Grecia. De hecho, la sociedad está cayendo, mas rápido de lo que normalmente pasa en otras grandes metrópolis. Nadie tiene dinero, el gobierno se prepara para pedir un préstamo de la troika, y todos son conscientes de que existe un problema. La forma en que se presenta este problema es diferente dependiendo de con quién se hable. Los fascistas dicen que el problema son los inmigrantes y los políticos de izquierdas. Los políticos dicen que el problema es la irresponsabilidad de los ciudadanos que no pagan sus impuestos, que rechazan pagar los peajes, y rechazan permitir vertederos de basura en sus pueblos. Los anarquistas dicen que el problema es el capitalismo y el Estado. Estas diferentes fuerzas encuentran varios ecos para sus ideas en diferentes áreas de Atenas.

Por ejemplo, en el centro de Atenas, aumentan los crímenes anti-sociales, algunos cometidos por inmigrantes, otros llevados a cabo por griegos pobres. Tras el asesinato de un griego, del cual rápidamente se han aprovechado, los fascistas encuentran entre los vecinos mucho apoyo a su tesis de que el verdadero problema son los inmigrantes. En el mismo barrio también hay anarquistas, mayoritariamente orbitando alrededor de la okupa Villa Amalías. Una vez empezada la cacería, los anarquistas se han tornado un aliado natural y muchos inmigrantes se quedan al rededor de la okupa, no solamente por protección sino también para encontrar aliados en un paraje hostil. Estos inmigrantes, viviendo un vida precaria bajo el capitalismo, siempre han sido víctimas del canibalismo social y recurren a pequeñas empresas capitalistas únicamente para sobrevivir. Ahora que están siendo demonizados y cazados, su esperanza de inclusión en el capitalismo griego se despedaza.

Estas fuerzas están empujando a los dos grupos, inmigrantes no-griegos y anarquistas, a juntarse. En el cuarto día de cacería, los anarquistas y los inmigrantes toman el área alrededor de Villa Amalías. Música y proclamas fueron echadas a la calle a través de un ruidoso altavoz. La asamblea semanal de Villa Amalías es publicitada en el barrio y trae decenas de no-anarquistas para discutir qué hacer durante este período de tensión. Los niños jugaron futbol, familias iban y venían, el miedo por la toma del área había desaparecido. No obstante, algunas calles mas allá de la okupa, la cacería continuaba.

Hay antagonismos que nunca se apaciguan. Fascistas y policías nunca se reconciliarán con anarquistas e inmigrantes. Ha habido un sin fin de ejemplos (además del descrito arriba) en los cuales anarquistas e inmigrantes en Atenas, superaron su hostilidad y encontraron una base común. Hasta ahora, no ha habido mucha superposición entre los dos grupos. Ahora que eso pasa, otro antagonismo viene a discusión, pero este antagonismo es entre anarquistas y anarquistas.

La negación de lo que existe en beneficio del futuro que no existe

Charles Darwin

En el 18 de Mayo de 2011, la policía detuvo a dos personas que iban en motocicleta, en el norte de Atenas. Uno de ellos sacó una pistola y empezó a disparar contra los dos uniformados, alcanzando a ambos. Los policías devolvieron los disparos, hiriendo al “pistolero”. Su compañero consiguió escapar en el coche patrulla, que fue mas tarde abandonado. El “pistolero” herido fue trasladado al hospital, donde dio un nombre falso. En el 20 de Mayo se reveló que el hombre era el estudiante Theophilus Mavropoulos, de 21 años. Se dice que pertenece a Conspiración de Células de Fuego. Tenia 18 años en Diciembre del 2008.

La Conspiración reclama estar formada por anarco-nihilistas-individualistas. Han criticado constantemente a la población por ser demasiado cobarde, pasiva y ciega. Culpan a la masa de su propia miseria, principalmente porque es demasiado imbécil para cambiar su situación. La Conspiración es también critica de la escena anarquista tradicional y de las limitaciones que ella se impone a sí misma, por permanecer estancada en las mismas formas ineficaces. Ellos defienden la creación de pequeñas células armadas federadas informalmente por toda Grecia y por el mundo, células que directamente ataquen símbolos y mecanismos del Poder. Ellos hacen menciones muy generales y no hablan con convicción sobre crear algo más. Por otro lado, son críticos con todos los demás.

El nihilismo de la Conspiración es un reflejo del nihilismo que se extiende entre los jóvenes del 2008. Estos jóvenes solamente han sido testigos, y han vivido dentro, del fracaso del sistema capitalista mundial, aunque también han visto, y sido parte, de la derrota de la resistencia en contra dicho sistema. Hay mucha gente de los 70s que puede decir a los jóvenes la manera correcta de luchar, pero para ellos los viejos fallaron, igual que todos. Cuando estos jóvenes intentan expresar su desesperación y deseo de actuar, suelen ser anulados, callados a gritos, o ridiculizados por anarquistas que tienen una conexión mas cercana a las tradiciones de luchas más antiguas. El efecto de esto es que los jóvenes han abandonado los centros de acción del movimiento, inclinándose por la periferia donde son libres para hacer lo que quieran. Algunos de ellos se han separado completamente, como ha sido evidenciado por la Conspiración.

Hay algunos grupos guerrilleros y militantes que han encontrado aceptación y admiración general en la escena anarquista. Los “Ladrones de Negro”, Lucha Revolucionaria y Vassilis Palaeokostas, solo por nombrar algunos. Palaeokostas es internacionalmente famoso como el hombre que escapó de la prisión en helicóptero. Esta gente, a pesar de su atrevimiento antagónico, han mantenido conexiones teóricas con la escena autónoma y anarquista tradicionales. Ellos aún creen en la revolución social y en el infinito potencial de la población para rebelarse. Aunque compartan objetivos generales con los nihilistas (la destrucción del orden global y sus agentes), se han disociado públicamente de ellos en varias ocasiones. Los otros grupos guerrilleros y militantes tienen esperanzas en la población, a diferencia de los nihilistas. Ellos son de los pocos que, citando a Eurípides, han pedido a Atenea que destruya la ciudad completamente. Pero están solos, han sido expulsados e ignorados por la mayoría anarquista. En su aislamiento, los más determinados se han desconectado completamente de donde vinieron, y están siendo, poco a poco, capturados uno a uno. Mientras están en la cárcel, la ciudad permanece.

Nada es verdad, todo es permitido

Hillary Clinton

La corriente nihilista, entre la juventud, no ha surgido de la nada. Es reflejo del desastre total del capitalismo y de la resistencia. Muchos no ven alternativas, ni quieren otra cosa que la completa destrucción de la bestia que les alimenta: la ciudad. Adoptar estos puntos de vista es muy difícil. Para la gente que quiere la revolución social, una transformación radical, o un cambio drástico, la destrucción total suena tan loca como lo es. Diciembre de 2008 puede haber sido potenciado por algunos actores conscientes que seleccionaron cuidadosamente sus blancos, pero el ansia destructiva de todos los que participaron fue generalizada. Estos deseos pudieron haber sido canalizados por diferentes ideologías, una vez terminada la insurrección, pero en el núcleo son incontrolables.

2008, la primera explosión del mismo fuego que se ha propagado al Norte de África, fue la emergencia de algo nuevo. Ni anarquismo, ni comunismo, ni democracia. Fue el deseo de deshacerse de todo. En Egipto, ese deseo ha sido encauzado hacia partidos democráticos que mataron la energía, dejando al país con una dictadura militar. En Grecia, ese deseo ha sido canalizado de vuelta a los sindicatos, los partidos y las ideologías. Lo que ha sustentado cada insurrección, lo que las ha mantenido vivas, fue la ausencia total de cualquier “mano-guía”. Tan pronto alguien tomó el control, y ese alguien prometió un mejor mañana, ese mañana llegó idéntico a todos los de ayer.

Hay un miedo entre anarquistas, en Grecia e internacionalmente, el de comprometerse con los objetivos que defienden. El abismo de la libertad es aterrorizante. Sin policía, habrá guerra civil entre grupos diferentes, y va a ser peor que la lucha entre anarquistas, fascistas e inmigrantes que vemos hoy. Sin la ciudad, sin la red de suministro de electricidad e infraestructura, habrá hambre en masa y violencia. Es utópico imaginar que los obreros tomarán las centrales eléctricas y el sistema de agua, imaginar a la población reapropiarse de los recursos de la ciudad y hacer un mejor uso de ellos. Pero exactamente como la Bastilla, la ciudad de Atenas siempre mantendrá el propósito para el cual ha sido construida. La Bastilla ha sido construida para ser una prisión, nada más. Atenas ha sido construida para alojar a obreros y a sus amos. Ha mantenido su naturaleza por miles de años. Si el capitalismo desapareciera, el propósito de la ciudad desaparecería con él.

Es desalentador afrontar este hecho, y por miedo a retirarse hacia formas de lucha pre-existentes que, al final, no dejan más que resignada aceptación y derrota permanente. Las mismas formas pueden ser repetidas, las mismas escenas y rituales pueden ser reproducidos, pero éstas no van a funcionar de repente si no han funcionado en el pasado. Es el miedo el que empuja a las personas lejos de la conclusión de que el proyecto más importante que nos queda es la destrucción de lo que el capitalismo ha creado. ¿Quién quiere destruir el lugar donde vive? ¿Quién quiere verlo resbalar hacia el Caos, sin poder prometerse a si mismo y a sus amigos que algo mejor vendrá? No puede haber promesas de otro futuro. Todas las promesas se transforman en mentiras, en estafa, y la miseria presente continúa.

Los nihilistas y la juventud no deben ser apartados o conducidos hacia la desesperación. Ellos son parte de nuestro mundo anarquista y reflejan algo que es al mismo tiempo nuevo y terriblemente viejo. Si no les escuchamos, actuarán independientemente de nuestra aprobación o reconocimiento. Si intentamos controlarlos, les pareceremos nada mas que extensiones del sistema que ellos quieren destruir. Tal vez haya más verdad en ésto de lo que cualquiera de nosotros haya alguna vez imaginado. Tal vez seamos simplemente cobardes, aguardando nuestro momento hasta que los héroes perfectos lleguen para salvarnos, para prometernos un futuro, para actuar primero, para que podamos seguirlos. Como anarquistas, sabemos que la destrucción del capitalismo es necesaria, pero ahora que el capitalismo ha penetrado tanto en nuestras vidas, este conocimiento es aún más aterrador. Nos volvemos hacia los 80s, los 90s, los 2000s, siempre pegados a ese pequeño trozo de historia que hemos vivido, quedando atrapados por ideas que no han cambiado.

Yo no quiero abandonar al anarquismo. De hecho, quiero que las ideas se difundan tan ampliamente como sea posible. Quiero que las personas se acuerden de los métodos y tácticas de los que han venido antes de ellos, pero yo quiero que las personas no solamente usen esos métodos contra nuestros enemigos, si no que lo hagan conscientes de que no estamos construyendo un mundo nuevo, y que tampoco lo estamos prometiendo. El anarquismo no tiene nada que ver con obsequiar la sociedad perfecta a esta sociedad esclavizada, tiene que ver con crear el mundo que queremos ahora, para nosotros. Debemos destruir lo que hemos elegido destruir, y no temer por lo que pasará después.

Promover la destrucción del capitalismo ahora, es promover el nihilismo. Destruir el capitalismo es destruir todo lo que él ha creado, e ir honestamente hacia esta tarea es ser un nihilista a los ojos de todos los que tienen algo invertido en este mundo. Por eso yo defendiendo un nihilismo consciente, un nihilismo que no es en reacción a los padres anarquistas de las asambleas, ni demonización de los medios, o indiferente con la población. El nihilismo que estoy defendiendo enfrentaría a todos los que desean administrar el Poder actual, no está en contra de las personas que son administradas. Nuestro enemigo no es la sociedad, nuestros enemigos son las personas que mantienen y crean la sociedad.

Este nihilismo consciente empieza con la idea de estar en contra de este mundo. Lo que viene después, del compromiso de estar contra este mundo, se materializa en acción y no en discurso, esa es la parte complicada. Organizar conscientemente la destrucción de todo, en lugar de lanzarse sin sentido contra todos: esa es la tarea del nihilismo consciente. Tenemos que preguntarnos, a nosotros mismos, si queremos esperar, envejecer, y existir en este mundo que despreciamos, o bien lanzarnos hacia el abismo. Otros se han lanzado hacia al abismo y ahora están cayendo. Es el momento de alcanzar a nuestros jóvenes amigos, juntarnos a ellos en su caída y recordarnos a nosotros, no a ellos, que no estamos solos al tener estos locos pensamientos nihilistas.

Atenea va a destruir la ciudad si se lo pedimos. En la mitología, Atenea siempre ha ayudado a aquellos que debían cumplir alguna tarea. Como Vassilis Palaeokostas escribió mientras vivía en la clandestinidad, en 2010; “la suerte es mujer y cuida de los audaces”.

Anónimo